lunes, 10 de diciembre de 2018

Navidad actual.



Palidez desnudez
de blancas hojas desiguales.
Dónde quedó el viento yo no lo sé.
Empiezan a susurrar las nanas de Navidad,
en las radios, en las aceras,
en pequeñas bocas.
Los anuncios de juguetes,
casi todos nuevos, pocos antiguos,
donde antes eran las muñecas famosa o baby Born.
Mi antiguo hogar, una mancha en el recuerdo.
Donde nuestro árbol de plástico era sacudido por nuestra alegría
al recibir los regalos. Todos ellos envueltos en papel brillante.
Y afuera el olor a leña, el olor de la Navidad.

Antes se te hacia gigante el corazón al pensarlo,
saltabas, reías, acunabas cada momento porque llegasen los días,
aquellos, donde siempre a la misma hora salía la cabalgata,
donde no pensábamos en nada, solo en dormirnos pronto para recibir entusiasmados
la llegada de los reyes. Y sobre el cielo dibujábamos con nuestros dedos


el recorrido del trineo.

Qué efímeros se vuelven los recuerdos,
que nostálgicos y flotantes.
Ya no me se los villancicos.
Ya no decoro apenas mi casa.
Ya la Navidad es solo para los peques.
Mientras que nosotros permanecemos ajenos,
recordando nuestra ilusión de ayer.
La ilusión de que la Navidad ya estaba aquí.

Pero no he olvidado el detalle de la felicitación,
del deseo de buenas fechas,
de mirar el calendario y sentir esa sensación que nunca desaparece.
No he olvidado escuchar la canción de siempre,
last christmas, y mucha nieve.

Ya casi está aquí. Blanca blanca Navidad.



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