martes, 22 de mayo de 2018

Jean Louis y Paris.




Una historia en Paris,
amantes furtivos y vidas paralelas.
Jean Louis que adoraba ver a personas totalmente distintas
y manejar sus destinos.
Jean Louis, que le encantaba el café bien azucarado por las mañanas,
que imaginaba diseños en su pequeño armario de soltero.
Que vestía siempre con vaqueros y camisas de colores claros.
Jean Louis que vivía en un ático de cincuenta metros cuadrados
en un barrio de Paris.
Que se enamoró cinco veces
en cinco sorbos de cada copa de Gin tonic.
Que a veces era un poco hipocondriaco durante diferentes horas del día.
Muy meticuloso con su salud,
ya su tarjeta sanitaria debía de tener montones de usos.
Jean Louis que besaba con los labios un poco apretados
y ojos cerrados.
Que sudaba cuando se levantaba cada mañana
y tocaba siempre su lado contrario de la cama
para imaginar por unos instantes la presencia de un cuerpo
hinchado de besos de una mujer.

Jean Louis y sus interminables preguntas,
preguntas como ¿Qué significa ser normal?
¿Qué significa estar solo?
lo vi en una película.
Paris. Una historia en Paris.
Con adoquines húmedos y martilleado de pisadas,
de historias entrecruzadas e imprevistas,
de pensamientos filosóficos,
de un vive, que aun te queda tiempo.

 Jean Louis dejaba sus latidos en cada baile,
flamenco, tango, cualquier baile que su cuerpo podia enseñarle.
El final era un final que te deja suspendido un poco del suelo.
El final era que el corazón de Jean Louis no tenia la suficiente maniobra de
camino por delante.
Por eso me he inventado un poco su vida, su final.
Porque este Jean Louis mío encuentra unos ojos afines a los suyos,
ojos que chocan con los suyos, dos meteoritos.
Que ya no tendrá que lidiar con un billete de ida sin vuelta,
Que ya no tendrá que usar un armario de medidas solteras.
Que ya no tendrá que tomar cinco sorbos de gin tonic para olvidar sus antiguos cinco amores.
Que ya no tendrá que inventarse la vida de los demás.
Ya no tendrá que usar diariamente su tarjeta sanitaria.
Ya no tendrá ese dolor de acariciar el lado frío de su cama.

Su corazón es ahora una empuñadora de acero.



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