jueves, 28 de diciembre de 2017

Navidad.



Se me ha hecho extraña la Navidad. ¿A vosotros no? debe ser la nostalgia, debe ser el transcurso del tiempo, o la ausencia de aquellos que ya no están en mi vida. Debe ser esa certeza de que nada es igual, que la familia poco a poco se va disolviendo y que poco a poco somos un puñado de corazones que se mantienen a flote, queriéndonos incondicionalmente. Anhelo aquella feliz infancia donde esperaba ansiosa los regalos bajo el árbol decorado por nosotras mismas. El olor a leña en las calles, la festividad, la cabalgata. Sentir que hay un futuro esperándonos, que no será esa única Navidad, que habrá más. Y la mesa alargada repleta de exquisito manjar. La víspera, el comienzo de un año nuevo. Los nervios a flor de piel, porque tendrás que comerte las doce uvas pidiendo nuevos o viejos deseos y que si no te las comes todas probablemente esos deseos no se cumplan. Pero son solo eso, mitos. Luego las campanadas, tic tac, tic tac, tic tac, cada uno sumergido en su deseo, compartiendo complicidad con la mirada, una risa ahogada. Después un paso adelante, un nuevo año, y el otro ya pasa de moda. La incertidumbre de como será este. Y ya piensas: Dios, otro año más y yo me voy haciendo mayor. ¿Qué me ocurrirá el año que viene? ¿Me pasará esto... lo otro? luego los abrazos, los apretones, las risas y los suspiros. Lo hemos conseguido. Seguimos unidos. Hasta que los años nos separen. Luego la fiesta, un brindis por esto y por aquello. La quedada con los amigos, bailar hasta que no haya un mañana y hasta que el sueño se pegue en las pestañas.

Debe ser eso lo que anhelo. Lo compartido. La unión. En este trozo de tierra donde me hallo, me separan ochocientos kilómetros de ellos. Esta Navidad tiene otro aroma, otro significado. Veo en las calles a gente sola, sola de verdad, que se sientan en los fríos bancos, que piensan en silencio. Que se comparten con ellos mismos estas fechas. ya yendo solos al cine o bebiendo en alguna esquina. Y el frío, no recuerdo sentir tanto frío en Navidad, aunque tenga fama de ser fría y tan blanca. No sé, esta Navidad me resulta triste. Debe ser eso, que este año es otro año más y que no veré ni cabalgatas, ni la mesa larga llena de comida para compartir en número, ni abrazos que duran minutos, ni esa compañía dulce con los abuelos. Debe ser que me falta un árbol en casa o más adornos o tal vez sea yo.

Aunque llego con retraso, a todos vosotros... Feliz y blanca Navidad.

2 comentarios:

  1. Muy bonito tu relato. Se trasluce el deseo de la unión con los tuyos, la añoranza de otros años, que ya pasaron. No te preocupes que volverán y seguirán siendo felices. Ahora estás distanciada, pero volverán los días espléndidos, los más deseados, no lo dudes. Porque los sientes desde el corazón y están en el aire, a la espera. Solo quedará un poco de más tiempo, que indudablemente te acercará a ellos. Que tengas buen año. Un abrazo.

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    1. Muchas gracias Cesar. Ciertamente lo escribí con esa nostalgia que se intuye. Te mando un fuerte abrazo y mis mejores deseos para que este año sea maravilloso para ti.

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