jueves, 11 de febrero de 2016

Niebla



Aquella mañana de invierno una densa niebla cubría las calles. Desde una de ellas, abierta la rendija de una ventana, él esperaba el sonido del viento.

-Pero el frío no tiene sonidos- le había dicho ella.- Es el aliento del frío, el susurro.

¿A qué aspiran tus sueños? ¿Qué quieres lograr con ellos? Era la pregunta que él había deseado formularle en más de una ocasión. La esencia de su amante escapaba por la ventana y dejaba huella en algún cuadro inacabado. Deseaba eliminar todos los relojes del mundo solo para retenerla, para no pertenecer siempre al tiempo. La niebla era como un presagio, la cercanía de lo invisible. Cuando la amante no daba señales pasados unos días, él se contagiaba de lo inevitable: el miedo. Cuando ella aparecía, él besaba con pasión su presencia, le desgarraba la ropa, mordía con hambre su piel. Se alimentaba de lo prohibido. Quería hacerla suya, ser su dueño.

Buscaba a tientas el desorden de sus emociones y los depositaba con suavidad sobre la cama. Aprendió los vértices de su cuerpo, el ángulo de sus piernas abiertas, la hermosa forma de su sexo. A él le crujía el corazón y ella se encargaba de cicatrizarlo. Apenas se atrevían a decir la palabra mágica, algo tan sumamente pequeño y peligroso, un te quiero, te necesito, quédate conmigo.

Cuándo la niebla se disipó, un tímido repiqueteo de dedos llamó a su puerta. Estaba preparado. Volvió a nacerle una sonrisa, una esperanza. La intermitencia insaciable de un reencuentro. Los latidos del placer palpitando en sus venas.




viernes, 5 de febrero de 2016

A vosotros

No escribo como antes, lo sé. No tengo demasiados seguidores, no llegan ni a los cien, pero tengo los necesarios. Me gusta saber que están ahí y que me leerán un poquito, de todas partes. Gente que no conozco. Me absorbo por la rutina de la vida. Todo se mide por minutos. Ya incluso creo que los relojes podrían hablar. Pero aunque no escribo como antes, escribo dentro de mi. Procuro no dejarlo, no abandonar. Qué triste, qué vacía se queda la vida sin la literatura, ¿verdad?

Por eso escribo aunque sea brevemente este pequeño trozo. Para daros las gracias por seguir ahí, por leerme aunque no dejéis comentarios. Pero sé que me leéis y eso ya es suficiente. Volveré a escribir, el cuándo no lo sé, pero será pronto.

Abrazo gigante desde esta inmensa ciudad.