viernes, 22 de enero de 2016

ALAS




Desde que era pequeña, Marie deseaba ayudar a quienes vivían entre cartones en los rincones de la ciudad. Mugrientos rostros arropados con mantas roídas. Cuencos de metal escasos de limosna. Marie cuenta tanto dolor a su madre y ésta le cose, entre madrugadas, alas reforzadas de alambre y las coloca junto a su cama. Una mariposa nace por cada lágrima que aflora. “Nunca renuncies a tus sueños. Volaran tan alto como desees”- Solía decirle su madre. Marie clavó esas palabras en su corazón. Empezó a escribir hermosos versos. Desde pequeñas frases a grandes narraciones. Su alma vuela. Tiene un reto. Al despuntar el día escribe en pequeños trozos de papel frases de esperanza y las guarda en el bolsillo de su abrigo. Cuando sale a la calle, viste la rutina con su sonrisa y cada persona que ve consumida en soledad y pobreza le regala un trozo de ilusión. Marie no puede ayudar a todos, pero sí consigue alegrar un poco esos rostros faltos de confianza e ilusión. Ellos fueron elegidos por Marie y consiguieron sobrellevar mejor la vida. Alas, les susurra ella, por cada lágrima, por cada sueño, tenéis alas.

viernes, 1 de enero de 2016

FELIZ 2016

Nunca antes había sido testigo de un espectáculo tan hermoso como lo fue ayer en Plaza España. No solo por el deslumbrante museo del Montjuic decorado con un profundo tono turquesa y fucsia, y la inmensa fuente con focos anaranjados y ocres. Sino por que allí se respiraba un ambiente familiar, feliz y ansiado de empezar un nuevo año. Debimos de ser unas veinticinco mil personas que allí reunidas esperábamos a que las campanadas diesen comienzo a otro año, deseando alcanzar nuevas metas, experiencias, sueños por alcanzar; dejando atrás lo vivido, lo bueno y lo malo.

Nos hicieron esperar con música inolvidable de aquellos tiempos pasados. Y en un escenario un grupo de personas tocaron con frenesí los tambores. La tradición catalana. Después vino el comienzo de las campanadas, agarrando con alegría nuestros vasitos de plástico lleno de doce uvas. Cada uva un deseo. La boca se me llenó de pepitas. Tuve la sensación de que por fin, al tragar la tradición, mi cuerpo se llenaba de promesas. Después vitoreamos, mirándonos unos a otros, deseándonos lo mejor. Cada quien con su pareja, su gente. Y los fuegos... los fuegos artificiales fueron maravillosos.

Pronto se llenó la plaza de multitudes dispersas, luchando por irse. El suelo invadido de botellas de cristal y vasos de plástico. Un olor a pólvora invadían las calles. Los taxis iban repletos, así como los autobuses. Los restaurantes se mantuvieron abiertos, aprovechando el turismo y la festividad. Fue una bonita noche. Nadie podía sentirse solo. Al llegar a casa dimos cuenta de una ironía: habíamos salido de ella en 2015 y ahora entrábamos en ella en 2016.

FELIZ AÑO A TODOS.