miércoles, 28 de diciembre de 2016

La bailarina









Una tarde, vi una señora de avanzada edad acompañada por su nieta. Solia verlas a menudo, la nieta cogia un libro de la biblioteca que en planta teniamos y se lo leía a su abuela. Ésta escuchaba con atención, con las manos en su regazo, inerte. Era un momento especial para ellas. No pude evitar sonreír ante la escena. Aquella tarde un señor me preguntó si a las cinco de la tarde programaban la esperada pelicula que estaban esperando todos. Teníamos un cine en la planta baja y a los ancianos solian gustarle acudir. Yo le confirmé que efectivamente la pelicula empezaria a la hora acordada.

-¿Ha visto usted la pelicula?- Me preguntó el señor.

-No.- contesté avergonzada por no ver una de las grandes peliculas de los tiempos y esta era: Cabaret.


El hombre se llevó las manos a la boca, sorprendido ante mi respuesta. Pero no fue el único. La anciana se acercó a mi como si estuviese viendo por primera vez algo increïble. Avancé un poco atrás, porque sentía que ambos iban a devorarme. La nieta irrumpió en una carcajada.


-Prometo verla.- dije a modo de disculpa.


Quizá era una torpeza mia el no haberla visto. Obviamente la pelicula era según las críticas una joya. Un peliculón, una obra maestra. En fin, todos los calificativos que te hacen querer adorarla y verla pase lo que pase. La anciana me miró con sus grandes ojos azules y me instó a que la viese. Se lo prometí. Cuando se acercó al ascensor con la ayuda de su nieta, y cuando las puertas se hubieron cerrado, el anciano me susurró en voz muy baja y mirando a ambas partes asegurándose que nadie estaba alli para ser testigo de lo que iba a decirme lo siguiente:


-Esa mujer es otra joya de este mundo. Fue una de las bailarinas de Cabaret.


No sé cuanto tiempo me quedé allí analizando lo que él acababa de decirme. No pude creerlo. Pensé que al pobre lo habian engañado o que sé yo, quizá se lo estaba inventando.


- Sé que no me crees. Pero mira la pelicula y verás como tengo razón.- Su empeño no tenía limites.


Le pregunté cómo lo sabía. Él dijo que desde el primer día que la vio supo que era ella. Era inconfundible. Nadie se dio cuenta. Ni siquiera ella dijo nada. ¿Por qué iba a hacerlo? Pero él se fijó. Él fue el afortunado. Mantuvo su secreto. Cuando él marchó, fui directa al ordenador y busqué la pelicula. Año 1972. Antigua pero al parecer hermosa y atrapante. Estuve deseando llegar a casa para enfrascarme en la historia y buscar en ella a la señora de ojos azules que adoraba los libros. Cual fue mi sorpresa al descubrir que ciertamente había una bailarina en la pelicula cuyo rostro había estado delante del mío.

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