martes, 21 de junio de 2016

Infinito



El vacío que dejas es una huella permanente en la habitación. Te preguntas el porqué de mis dudas y al pensarte las encuentro. Eres mi latido, mi empuje, el motor de mi palabra. Callamos. Abrazamos este silencio. Habitas mi corazón a pesar de tu lejanía. El mar lame las heridas del mundo, pero mis heridas ¿quién las cura?
Tengo necesidad de tenerte, instalarte en mis rincones secretos, hacerte esencia propia. Buscar siempre un detalle para recordarte, anclarlo a mi piel y no olvidarte.
Miro atrás, beso tus estampas y las arrastro por mi piel. Sonríes y gritas, para provocarme, que me vuelves loca cuando traspasas la cercanía. No te equivocas. Mi cabeza es un torbellino de recuerdos que palpitan sin descanso. Te has ido. ¿Donde? ¿Dónde he de posar mis dedos hambrientos de versos? ¿Dónde mi lujuria hambrienta de ti? Me posees con el placer de lo prohibido y crezco con cada caricia. Miramos juntos las olas. Abrimos los postigos. Calientas mi cuerpo con tu lengua, tu aliento. Tienes razón. Me siento loca, pero loca por ti.





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