sábado, 21 de mayo de 2016

La niña de las Dalias





Encantada, ella mismo lo dijo. Estaba encantada. Rosa se miró al espejo, vio en su cuerpo el cambio que ansiaba. De pequeña coronaba su cabello de estrellas, se pintaba los labios y vestía bonitos trajes. Sostuvo entre sus manos el encanto de las dalias y con ellas fabricó besos de papel. Se casó cuando cumplió los dieciocho, lo que esperó de su vida no llegó, en sus ojos latían inviernos, quienes la conocían lo sabían, sabían que ella no era feliz con aquel desdeñoso hombrecillo de largas patillas. Él le decía que las flores no eran dichosas para ella, que no merecía un ramo de lirios ni dalias.



Encantada, así se sintió cuando pidió el divorcio. Embrujada, nunca había tenido el valor de enfrentarse al mundo por ella misma. “Eres un encanto” le dijo alguien una vez, cuando la observó leer su libro favorito. Fue ese alguien quien cada mañana le entregaba ramos de dalias junto a su cama, en la mesa, en sus labios, y por toda la casa, hasta que el tiempo se arrugó en su piel.

1 comentario: