viernes, 1 de enero de 2016

FELIZ 2016

Nunca antes había sido testigo de un espectáculo tan hermoso como lo fue ayer en Plaza España. No solo por el deslumbrante museo del Montjuic decorado con un profundo tono turquesa y fucsia, y la inmensa fuente con focos anaranjados y ocres. Sino por que allí se respiraba un ambiente familiar, feliz y ansiado de empezar un nuevo año. Debimos de ser unas veinticinco mil personas que allí reunidas esperábamos a que las campanadas diesen comienzo a otro año, deseando alcanzar nuevas metas, experiencias, sueños por alcanzar; dejando atrás lo vivido, lo bueno y lo malo.

Nos hicieron esperar con música inolvidable de aquellos tiempos pasados. Y en un escenario un grupo de personas tocaron con frenesí los tambores. La tradición catalana. Después vino el comienzo de las campanadas, agarrando con alegría nuestros vasitos de plástico lleno de doce uvas. Cada uva un deseo. La boca se me llenó de pepitas. Tuve la sensación de que por fin, al tragar la tradición, mi cuerpo se llenaba de promesas. Después vitoreamos, mirándonos unos a otros, deseándonos lo mejor. Cada quien con su pareja, su gente. Y los fuegos... los fuegos artificiales fueron maravillosos.

Pronto se llenó la plaza de multitudes dispersas, luchando por irse. El suelo invadido de botellas de cristal y vasos de plástico. Un olor a pólvora invadían las calles. Los taxis iban repletos, así como los autobuses. Los restaurantes se mantuvieron abiertos, aprovechando el turismo y la festividad. Fue una bonita noche. Nadie podía sentirse solo. Al llegar a casa dimos cuenta de una ironía: habíamos salido de ella en 2015 y ahora entrábamos en ella en 2016.

FELIZ AÑO A TODOS.

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