miércoles, 28 de diciembre de 2016

Heridas.



Noto abismo y tristeza en cada palabra que honras a la vida.
Saboreas el último trago de vino que resbaló por mi piel.
No te es necesario decir la verdad, siempre la has sabido. He tomado un sendero distinto no lejos del tuyo. Anoche la luna me hizo llorar de lo hermosa que era.
Pensé en ti y te soñé. Abrí la ventana de mi corazón y dejé que allí dentro se instalase la esperanza de tu llegada. El frío entumece mi libertad. La atrapa.
 Hay heridas que no terminan cicatrizando nunca. Lo sabes de antemano.
Hay heridas que penetran tan dentro que ya es difícil hurgar en ellas.
Hemos caído pero nos hemos alcanzado. Nuestras manos han permanecido fuertes. Han sido devastadas por los mayores peligros y acechos. Hemos derrotado lenguas rotas y cansadas, dispuestas a inventar cualquier excusa. Mis lágrimas ya no rugen en mi rostro.
He aprendido a desafiarme a mi misma. He subido aquellos peldaños que temía subir. Y tú estás arriba, creciendo con mi recuerdo. Tu sonrisa es el eje del mundo. Dejarte nunca.


La bailarina









Una tarde, vi una señora de avanzada edad acompañada por su nieta. Solia verlas a menudo, la nieta cogia un libro de la biblioteca que en planta teniamos y se lo leía a su abuela. Ésta escuchaba con atención, con las manos en su regazo, inerte. Era un momento especial para ellas. No pude evitar sonreír ante la escena. Aquella tarde un señor me preguntó si a las cinco de la tarde programaban la esperada pelicula que estaban esperando todos. Teníamos un cine en la planta baja y a los ancianos solian gustarle acudir. Yo le confirmé que efectivamente la pelicula empezaria a la hora acordada.

-¿Ha visto usted la pelicula?- Me preguntó el señor.

-No.- contesté avergonzada por no ver una de las grandes peliculas de los tiempos y esta era: Cabaret.


El hombre se llevó las manos a la boca, sorprendido ante mi respuesta. Pero no fue el único. La anciana se acercó a mi como si estuviese viendo por primera vez algo increïble. Avancé un poco atrás, porque sentía que ambos iban a devorarme. La nieta irrumpió en una carcajada.


-Prometo verla.- dije a modo de disculpa.


Quizá era una torpeza mia el no haberla visto. Obviamente la pelicula era según las críticas una joya. Un peliculón, una obra maestra. En fin, todos los calificativos que te hacen querer adorarla y verla pase lo que pase. La anciana me miró con sus grandes ojos azules y me instó a que la viese. Se lo prometí. Cuando se acercó al ascensor con la ayuda de su nieta, y cuando las puertas se hubieron cerrado, el anciano me susurró en voz muy baja y mirando a ambas partes asegurándose que nadie estaba alli para ser testigo de lo que iba a decirme lo siguiente:


-Esa mujer es otra joya de este mundo. Fue una de las bailarinas de Cabaret.


No sé cuanto tiempo me quedé allí analizando lo que él acababa de decirme. No pude creerlo. Pensé que al pobre lo habian engañado o que sé yo, quizá se lo estaba inventando.


- Sé que no me crees. Pero mira la pelicula y verás como tengo razón.- Su empeño no tenía limites.


Le pregunté cómo lo sabía. Él dijo que desde el primer día que la vio supo que era ella. Era inconfundible. Nadie se dio cuenta. Ni siquiera ella dijo nada. ¿Por qué iba a hacerlo? Pero él se fijó. Él fue el afortunado. Mantuvo su secreto. Cuando él marchó, fui directa al ordenador y busqué la pelicula. Año 1972. Antigua pero al parecer hermosa y atrapante. Estuve deseando llegar a casa para enfrascarme en la historia y buscar en ella a la señora de ojos azules que adoraba los libros. Cual fue mi sorpresa al descubrir que ciertamente había una bailarina en la pelicula cuyo rostro había estado delante del mío.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Marcha.

Se deja al lado la compañía de quien pensaba que era auténtico.
Cuando dejas pasar tiempo y te das cuenta de quienes merecen estar en tu vida.
No hay palabras que demostrar, ya no vale la pena.
No voy a entrar en el mismo circulo.

Un tren que viene y se va. Asientos que quedan vacíos, y otros se llenan.
Quienes entran y se van. Te dejan experiencias y lecciones.
Fracasos y decepciones. Ya no voy a derrochar lágrimas inservibles.
Ya no voy a dejar que se empape en mí una conciencia que no me corresponde.
Ahora vuelvo a caminar en mi sendero, con los pasos de aquellos que si merecen estar en él.

La vida te da señales. Y yo las he cogido a tiempo.

martes, 8 de noviembre de 2016

El corazón es un cazador solitario. (Una obra para reflexionar sobre la vida y sobre nosotros mismos)













Leí por vez primera esta gran obra clàsica de la joven escritora Carson McCullers. La historia se desarrolla en el estado de Georgia allà por los años 30. Desde que empieza la historia te atrapa y sumerge en un mundo un tanto claustofóbico pero tranquilo. Un pueblecito dónde conviven unos vecinos poco peculiares y una fàbrica de hilandería. La historia tiene de todo; desde una sed insaciable de una chiquilla llamada Mick que adora la música más que a su pròpia vida, dos sordomudos tan diferentes entre sí pero entrañables, sobre todo Singer, que es el personaje que más he admirado en la obra. Está muy bien descrito todo, el ambiente, la atmósfera,los gestos y señales de los protagonistas así como sus temores más profundos. Tenemos al dueño de un bar cuya vida es totalmente carente de expectativas; tenemos a un hombre de mundo que va a ese bar a beber y olvidar sus pesadillas, y tenemos a un médico de color que lucha por el derecho de los negros.
Me ha parecido una obra hermosa y significativa. No me he cansado en ningún momento de ella. Te mantiene en vilo. Y hay un final sorprendente. Me ha sorprendido.


Os lo recomiendo.


Aquí os pongo otra crítica pero escrito por otra chica. Es más larga y profunda que la mía pero sentia que era esto lo que quería decir. Espero lo disfrutéis.




http://unlibroaldia.blogspot.com/2015/02/carson-mccullers-el-corazon-es-un.html

martes, 18 de octubre de 2016

La chica.



La noche se presentaba tranquila, sin la caricia de una brisa que hiciese rodar las latas vacías de las calles. El taxista bebió el último trago antes de comenzar su habitual jornada laboral. No era alcohol lo que ahogaba su garganta, solo breves sorbos de licor de menta. En el coche sonaba nights in white satin. Las calles a través del retrovisor se preveían desiertas, recién regadas. Abandonadas de bullicio, sin testigo alguno. Recorrió varias veces el mismo distrito hasta que reparó en una esquina iluminada por una tenue farola. Bajo ella había una chica arrodillada con mal aspecto, vestida de fiesta. Acababa de salir de algún local, o eso parecía. Llevaba medias de rejilla y la falda, extremadamente corta, dejaba visible su ropa interior rasgada y el encaje sucio. Bajó la ventanilla, y preguntó a la joven si se encontraba bien. Ésta mostró la cabeza gacha. Creyó ver una leve negación. Le preguntó cómo se llamaba. Ella respondió un silencio, una respiración honda, una mirada triste. Y balbuceó que tenia varios nombres y ningún apellido. Debía estar borracha, pensó él. Una chica con esas pintas a las tres de la madrugada, tan desolada y desprotegida, con hedor a alcohol de tres al cuarto, lo decía todo. Él se ofreció a llevarla a algún sitio. Ella por fin alzó la mirada. Tenía el rímel corrido, las mejillas embadurnadas de colorete barato. Los labios solo eran sombras rojizas desteñidas. A él le recordó el rojo amanecer de una triste tarde de verano rota. Ella se levantó tambaleándose y finalmente entró en el coche. Él comprobó en el espejo ese silencio incómodo.
-¿Cuál es tu edad?
-¿Acaso importa?
- No, supongo que no.
-¿Cuál es tu dirección?

Ella respondió: el cuerpo de un hombre. La chica llevaba tacones rojos. Le pidió que la dejase en otra esquina. Pero él no lo creyó buena idea. Decidió mantener la ventanilla bajada, para que el frío de la noche penetrase en el coche y así eliminar un poco el olor de ambas soledades. Me gusta esta canción, dijo ella. De repente prestó atención, se dio cuenta de que llevaba rato escuchando la misma canción, la había puesto a modo repetir. A él también le gustaba. Conducía lento durante bastante rato, recorría bulevares y calles con rótulos manchados por el tiempo, a veces hasta era complicado saber qué calle cruzaban. La noche mantenía una promesa, un principio. Al ver los ojos de ella él pensó que era una pena que se mostrasen tan vacíos y fríos. Que pérdida de juventud, que pérdida de buenas experiencias. Qué pena que buscase ella corazones como el suyo en aquellas plazas olvidadas. De vez en cuando él la observaba a través del retrovisor, sin cansarse, procurando no ser irrespetuoso. Pero ella buscaba sentirse sucia, para él, para los hombres, para cualquiera. Pedía placer en sus labios relamidos por su lengua sedienta, borrando más aún las manchas rojas de carmín. Despreciaba su edad, la belleza de su cuerpo. Sólo deseaba que la arrodillasen, que la forzasen a lo que ya se ha había hecho costumbre. No era una historia triste, pensó él. No, aquella mujercita sólo buscaba el placer de la única manera que sabía hacerlo. La palabra mujer de calle equivalía a indecente, puta, sucia y marginal porque solo miramos fuera, y nunca dentro de ellas. Ella estaba vacía, pero no era un vacío desagradable, era otra clase de vacío. Y él no podría alcanzarlo. Podría haberle permitido ser sucia con él, pagarle lo acordado. Pero la noche era tranquila, hermosa, y ella merecía una noche hermosa. Por eso él se atrevió a parar el coche. Se giró hacía ella. Sólo la miraba. Ella empezó a quitarse la blusa, subirse la falda. Jugar con eso. Y sin embargo, aquella penumbra se lo impedía. Se quedó tal cual así, sin mover ficha. Él se sentó a su lado. Acarició sus mejillas, estaban un poco pegajosas. Metió dos dedos de su mano entre los labios de ella, rozando su aliento, sus dientes. Y la besó. Un beso pequeño, delicado. Con sabor a menta. Ella mojó de lágrimas el ángulo del cuello de su camisa. A él no le importó. Su mujer se daría cuenta, vale. Un taxista se enfrenta a miserias humanas y encuentra lobos solitarios a partir de las doce de la noche. Ella se quedó un rato así, llorando en su hombro. Él aspiró el perfume apenas impregnado en la piel de su cuello. Una mezcla de almizcle y rosa. Eres demasiado joven para estar bebiéndote las calles, le dijo. Ella se limpió las lágrimas con el dorso de su mano. Vació el bolso en el asiento y se retocó los labios con un envejecido perfilador. Es lo único que sé hacer, respondió con una sonrisa más limpia. Bajó del coche. Él la vio alejarse, con su falda bien levantada, el asomo de sus bonitos cachetes, mientras la canción volvía a iniciarse.

lunes, 25 de julio de 2016

Este jueves un relato: miedos infantiles. (El cuadro mágico)




Cuando yo era pequeña me daba verdadero terror la tormenta. Era como si el cielo fuese a romperse en trozos y caer sobre la tierra como meteoritos de algodón. A mi madre siempre la ha gustado la lluvia y cuando tronaba ella cerraba los ojos y se relajaba. Yo sin embargo me escondía en un trastero que teníamos en casa. Encendía la pequeña lámpara que pendía del techo y allí me escondía, abrazada a mi misma. Para tranquilizarme, mi abuela me dijo un día que las tormentas sonaban así porque Dios estaba de mudanza, y que los ángeles le ayudaban. Aquella noticia hizo el efecto de tranquilizarme. Un día cayó una fuerte tormenta seguida de relámpagos. Recuerdo ver cómo las tejas eran golpeadas por pequeñas bolas blancas y pensé ¿Estaría Dios vomitando?

En la sala de estar teníamos un precioso cuadro de Jesucristo. Sujetaba entre sus manos su corazón de espinas. Al costado rezaba una frase: Amigo que nunca falla. Ese día me acerqué al cuadro y pensé: Él no me fallará, sabe que tengo mucho miedo. Él hará que pare la tormenta. Me puse de rodillas, junté mis manos, cerré los ojos y recé. Le pedí que aquello parase. Quizá no me creáis pero os juro que minutos después la tormenta cesó. Abrí los ojos y vi de reojo que el cielo empezaba a abrirse, dejando salir un destello de luz. El sol por fin volvía. Me acerqué al cuadro atónita, y me puse de puntillas para darle un beso a la estampa. Corrí al salón y me asomé al balcón para cerciorarme de que en verdad todo había vuelto a la normalidad. Y así fue. Un hermoso arco iris decoraba el cielo.

-¡Mamá, mamá!- grité.

Mi madre no tardó en acudir a mi llamada.

-¿Qué ocurre hija?- preguntó mirando a todos lados.

- Jesús me ha escuchado. El cuadro es mágico, mamá.- dije emocionada.

Mi madre sonrió, entendiendo lo que yo quería decir. Acarició mi pelo y besó mi frente.

- Él nunca nos falla- dijo en un susurro.

miércoles, 6 de julio de 2016

Hablando de la pelicula "Antes de ti"



ESTA TARDE HE SIDO TESTIGO DE UNA DE LAS PELICULAS MÁS BONITAS QUE HE VISTO EN LOS ÚLTIMOS MESES. HABLO DE LA PELÍCULA ANTES DE TI, BASADO EN EL BEST SELLER DE LA ESCRITORA: JOJO MOYES. HACE TIEMPO TUVE INTERÉS EN EL LIBRO Y  DECIDÍ LEERLO, TUVIENDO LA INTUICIÓN DE QUE IBA A GUSTARME. NO ME EQUIVOQUÉ. EL LIBRO SE CONVIRTIÓ EN ALGO INSÓLITO PARA MÍ. ME GUSTÓ TANTO QUE NO PODÍA DEJAR DE LEERLO. DESPUÉS ME ENTERÉ QUE IBAN A HACER UNA CONTINUACIÓN: DESPUÉS DE TI. ASÍ QUE DECIDÍ LEERLO TAMBIÉN. FUE UNA BUENA INVERSIÓN. LA SEGUNDA PARTE DE ESTA PRECIOSA HSTORIA NOS HACE VER CÓMO SE SIENTE LOUISA TRAS HABER... BUENO NO VOY A DELATAR EL FINAL, ASÍ QUE DIRÉ QUE LA VIDA DE LOUISA CAMBIA TOTALMENTE. MÁS ADELANTE PONDRÉ MI OPINIÓN HACIA EL SEGUNDO LIBRO, PORQUE AHORA DE LO QUE QUIERO HABLAROS ES DE ESTA PRIMERA PARTE. ES UNA HISTORIA CONMOVEDORA, REALISTA Y TIERNA. TE HACE REÍR, TE HACE EMOCIONAR Y SOBRE TODO REFLEXIONAR SOBRE LA VIDA Y CÓMO HEMOS DE VIVIRLA.

WILL LE DICE A LOUISA: VIVE AL MÁXIMO, SIN MIEDO, PERO VIVE.

ASÍ QUE OS RECOMIENDO QUE VAYÁIS A VERLA, SEGURO QUE NO OS DECEPCIONARÁ.




martes, 21 de junio de 2016

Infinito



El vacío que dejas es una huella permanente en la habitación. Te preguntas el porqué de mis dudas y al pensarte las encuentro. Eres mi latido, mi empuje, el motor de mi palabra. Callamos. Abrazamos este silencio. Habitas mi corazón a pesar de tu lejanía. El mar lame las heridas del mundo, pero mis heridas ¿quién las cura?
Tengo necesidad de tenerte, instalarte en mis rincones secretos, hacerte esencia propia. Buscar siempre un detalle para recordarte, anclarlo a mi piel y no olvidarte.
Miro atrás, beso tus estampas y las arrastro por mi piel. Sonríes y gritas, para provocarme, que me vuelves loca cuando traspasas la cercanía. No te equivocas. Mi cabeza es un torbellino de recuerdos que palpitan sin descanso. Te has ido. ¿Donde? ¿Dónde he de posar mis dedos hambrientos de versos? ¿Dónde mi lujuria hambrienta de ti? Me posees con el placer de lo prohibido y crezco con cada caricia. Miramos juntos las olas. Abrimos los postigos. Calientas mi cuerpo con tu lengua, tu aliento. Tienes razón. Me siento loca, pero loca por ti.





sábado, 21 de mayo de 2016

La niña de las Dalias





Encantada, ella mismo lo dijo. Estaba encantada. Rosa se miró al espejo, vio en su cuerpo el cambio que ansiaba. De pequeña coronaba su cabello de estrellas, se pintaba los labios y vestía bonitos trajes. Sostuvo entre sus manos el encanto de las dalias y con ellas fabricó besos de papel. Se casó cuando cumplió los dieciocho, lo que esperó de su vida no llegó, en sus ojos latían inviernos, quienes la conocían lo sabían, sabían que ella no era feliz con aquel desdeñoso hombrecillo de largas patillas. Él le decía que las flores no eran dichosas para ella, que no merecía un ramo de lirios ni dalias.



Encantada, así se sintió cuando pidió el divorcio. Embrujada, nunca había tenido el valor de enfrentarse al mundo por ella misma. “Eres un encanto” le dijo alguien una vez, cuando la observó leer su libro favorito. Fue ese alguien quien cada mañana le entregaba ramos de dalias junto a su cama, en la mesa, en sus labios, y por toda la casa, hasta que el tiempo se arrugó en su piel.

domingo, 3 de abril de 2016

Tu mandamiento





Busco tu mirada en las estrellas porque brillaba como ellas cuando acercabas mi cuerpo a tu soledad y hacías de él un mandamiento. Me rompías en besos de cristal y me alimentaba de tu lejanía. El mar es infinito, decías, sólo se intuye la delgada linea azul que se pierde más allá. Cada mañana antes de que el sol naciese de nuevo yo acariciaba la orilla con mis pasos. El sonido de las olas conseguían resucitarme. Tenia la esperanza de hallar algo insólito en el...las, tal vez una huella desdibujada, tal vez una botella con un mensaje dentro. Tal vez tú, como una alucinación. Así ando buscándote, entre orillas desconocidas, en estrellas, en las barras de algún bar, en las paradas ininterrumpidas de los autobuses y metros, en vías de tren. En las pequeñas y grandes cosas de la vida e incluso en las arritmias de mi corazón. Soy como ese árbol anclado en tierra sedienta, una gaviota trazando mensajes sobre el mar, una canción que se repite en una emisora de radio. Soy un poema que muere, un recuerdo que late en tu sien.
Soy un conjunto de lo que podría haber sido y no fui.

jueves, 11 de febrero de 2016

Niebla



Aquella mañana de invierno una densa niebla cubría las calles. Desde una de ellas, abierta la rendija de una ventana, él esperaba el sonido del viento.

-Pero el frío no tiene sonidos- le había dicho ella.- Es el aliento del frío, el susurro.

¿A qué aspiran tus sueños? ¿Qué quieres lograr con ellos? Era la pregunta que él había deseado formularle en más de una ocasión. La esencia de su amante escapaba por la ventana y dejaba huella en algún cuadro inacabado. Deseaba eliminar todos los relojes del mundo solo para retenerla, para no pertenecer siempre al tiempo. La niebla era como un presagio, la cercanía de lo invisible. Cuando la amante no daba señales pasados unos días, él se contagiaba de lo inevitable: el miedo. Cuando ella aparecía, él besaba con pasión su presencia, le desgarraba la ropa, mordía con hambre su piel. Se alimentaba de lo prohibido. Quería hacerla suya, ser su dueño.

Buscaba a tientas el desorden de sus emociones y los depositaba con suavidad sobre la cama. Aprendió los vértices de su cuerpo, el ángulo de sus piernas abiertas, la hermosa forma de su sexo. A él le crujía el corazón y ella se encargaba de cicatrizarlo. Apenas se atrevían a decir la palabra mágica, algo tan sumamente pequeño y peligroso, un te quiero, te necesito, quédate conmigo.

Cuándo la niebla se disipó, un tímido repiqueteo de dedos llamó a su puerta. Estaba preparado. Volvió a nacerle una sonrisa, una esperanza. La intermitencia insaciable de un reencuentro. Los latidos del placer palpitando en sus venas.




viernes, 5 de febrero de 2016

A vosotros

No escribo como antes, lo sé. No tengo demasiados seguidores, no llegan ni a los cien, pero tengo los necesarios. Me gusta saber que están ahí y que me leerán un poquito, de todas partes. Gente que no conozco. Me absorbo por la rutina de la vida. Todo se mide por minutos. Ya incluso creo que los relojes podrían hablar. Pero aunque no escribo como antes, escribo dentro de mi. Procuro no dejarlo, no abandonar. Qué triste, qué vacía se queda la vida sin la literatura, ¿verdad?

Por eso escribo aunque sea brevemente este pequeño trozo. Para daros las gracias por seguir ahí, por leerme aunque no dejéis comentarios. Pero sé que me leéis y eso ya es suficiente. Volveré a escribir, el cuándo no lo sé, pero será pronto.

Abrazo gigante desde esta inmensa ciudad.

viernes, 22 de enero de 2016

ALAS




Desde que era pequeña, Marie deseaba ayudar a quienes vivían entre cartones en los rincones de la ciudad. Mugrientos rostros arropados con mantas roídas. Cuencos de metal escasos de limosna. Marie cuenta tanto dolor a su madre y ésta le cose, entre madrugadas, alas reforzadas de alambre y las coloca junto a su cama. Una mariposa nace por cada lágrima que aflora. “Nunca renuncies a tus sueños. Volaran tan alto como desees”- Solía decirle su madre. Marie clavó esas palabras en su corazón. Empezó a escribir hermosos versos. Desde pequeñas frases a grandes narraciones. Su alma vuela. Tiene un reto. Al despuntar el día escribe en pequeños trozos de papel frases de esperanza y las guarda en el bolsillo de su abrigo. Cuando sale a la calle, viste la rutina con su sonrisa y cada persona que ve consumida en soledad y pobreza le regala un trozo de ilusión. Marie no puede ayudar a todos, pero sí consigue alegrar un poco esos rostros faltos de confianza e ilusión. Ellos fueron elegidos por Marie y consiguieron sobrellevar mejor la vida. Alas, les susurra ella, por cada lágrima, por cada sueño, tenéis alas.

viernes, 1 de enero de 2016

FELIZ 2016

Nunca antes había sido testigo de un espectáculo tan hermoso como lo fue ayer en Plaza España. No solo por el deslumbrante museo del Montjuic decorado con un profundo tono turquesa y fucsia, y la inmensa fuente con focos anaranjados y ocres. Sino por que allí se respiraba un ambiente familiar, feliz y ansiado de empezar un nuevo año. Debimos de ser unas veinticinco mil personas que allí reunidas esperábamos a que las campanadas diesen comienzo a otro año, deseando alcanzar nuevas metas, experiencias, sueños por alcanzar; dejando atrás lo vivido, lo bueno y lo malo.

Nos hicieron esperar con música inolvidable de aquellos tiempos pasados. Y en un escenario un grupo de personas tocaron con frenesí los tambores. La tradición catalana. Después vino el comienzo de las campanadas, agarrando con alegría nuestros vasitos de plástico lleno de doce uvas. Cada uva un deseo. La boca se me llenó de pepitas. Tuve la sensación de que por fin, al tragar la tradición, mi cuerpo se llenaba de promesas. Después vitoreamos, mirándonos unos a otros, deseándonos lo mejor. Cada quien con su pareja, su gente. Y los fuegos... los fuegos artificiales fueron maravillosos.

Pronto se llenó la plaza de multitudes dispersas, luchando por irse. El suelo invadido de botellas de cristal y vasos de plástico. Un olor a pólvora invadían las calles. Los taxis iban repletos, así como los autobuses. Los restaurantes se mantuvieron abiertos, aprovechando el turismo y la festividad. Fue una bonita noche. Nadie podía sentirse solo. Al llegar a casa dimos cuenta de una ironía: habíamos salido de ella en 2015 y ahora entrábamos en ella en 2016.

FELIZ AÑO A TODOS.