domingo, 15 de noviembre de 2015

Una mera reflexión

Estamos experimentando una barbarie espeluznante que nos obliga a pensar qué está sucediendo. La crisis, la inhumanidad, el fanatismo y la violencia, los desordenes políticos. Todo esto influye en la situación en la que vivimos y uno empieza a temer por su seguridad. Da miedo, eso nadie puede negarlo. Miedo por uno mismo y por aquellos a quienes ama y desean proteger contra todo mal. En este periodo de mi vida empiezo a preguntarme muchas cosas que antes no me preguntaba. Supongo que deben ser las experiencias que voy viviendo.

No obstante, pienso que a pesar del dolor, de las pérdidas, del sufrimiento, de la impotencia, no debemos permitir flaquear ante el peligro sino más bien luchar por nuestra supervivencia. La vida es un fugaz instante y debemos aferrarnos a ella hasta que llegue el final. Ayer, mi primo debatió una reflexión que en cierto modo tuvo razón, dijo que el ser humano en sí está hecho para enfrentarse al mayor peligro, pero hay una cosa que falla en estos tiempos que corren y es nuestra forma de enfrentarnos a ello. Si una persona desequilibrada y perversa apunta con un rifle a un grupo elevado de personas, éstas huyen. El miedo se apodera de sus instintos. ¿Pero y si esa multitud corriesen hacia el enemigo y se enfrentaran a él? la supervivencia debería hacernos abrir estos sentidos y reflexiones. Dos es más que uno, y qué decir de un grupo elevado de personas.

El acontecimiento sucedido este viernes 13 de noviembre en París ha despertado lágrimas, temores, desdichas. Han muerto decenas de inocentes a manos de un grupo de terroristas fanáticos de una religión al cual Dios es más grande que cualquier vida. Esto ha creado un caos, la suposición de una posible guerra que se avecina y las amenazas que éstos han promulgado.

Va siendo hora de juntar la humanidad y luchar contra el peligro, la amenaza, la injusticia. Va siendo hora de ponernos firmes y gritar, de no permitir que más vidas mueran injustamente. Debemos alzar la voz, vivir sin miedo.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Domingo




Las hojas de los árboles caen como copos de nieve.
Las aceras están salpicadas de otoño.
El día resplandece, hay gente paseando con una sonrísa en los labios.
En el aire flota una fragancia a tierra fresca.
Bienaventurados sean los domingos plácidos de descanso.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

¿Habéis leído el diario de Ana Frank?

¿Qué opináis sobre ello?