sábado, 26 de septiembre de 2015

Aprendiéndonos



Escribe, me ordena. Me invita a pasear por nubes de tormenta y recoger la furia de los dioses. Atrapar versos a través de la luz diurna que traspasa la puerta de mi habitación. Cada noche él se adentra en el laberinto de mi sueño y me hace reina de sus reinos. Escribe, me ordena. Me hace sentirle, palparle, conocer sus formas y límites. Me hace estallar en  ruegos, en deseos, en la absurda idea de quererle a cada instante.

Acaricio la sombra de su escondite y le busco hasta perderme. Recojo sedimentos, los vuelco en el vacío de las calles. Construyo torres de marfil hasta que rocen el cielo. Me hago libre entre la diversidad. Así es cómo me enseñó a escribir.
Juntos, resolvemos los entresijos de la vida, retorciendo palabras y empapándolas en metáforas. Nos aprendemos mirándonos, acariciamos los momentos. Así es cómo nos hacemos inmortales en la última tarde del verano.


lunes, 7 de septiembre de 2015

Lluvia



Dices que llueve, allí por la sierra. Los visillos de un blanco ahumado acarician la estancia de tu escondite. Te imagino sentado en el filo de la cama, con las manos sobre las rodillas, mirando hacia ninguna parte.
Me dices que llueve. Que el sonido te lleva atrás, hacia esos días entre pastos, rezos y armonía. Sonrío al imaginarlo, te sonrío desde este pequeño rincón del mar, donde solo me acompaña el crujido de las barcas y el golpeteo de las olas. El cielo es un beso infinito de acuarelas naranjas y rosadas.

Cierro los ojos y decido sentarme a tu lado, invisible. También escucho la lluvia caer, como gotas pegajosas a las que les cuesta desprenderse de los cristales. Tu mano sigue en tu rodilla. Percibo la callosidad de tu piel, la fragilidad de los años. Aún tus labios sellan palabras. Pero me gusta trasladarme hacia donde estás. Me gusta acompañarte cuando te sientes solo ante la vida, y de esa manera me ayudas al mismo tiempo. Acompañarse mutuamente, como dos viejas almas que empiezan a esfumarse, siempre latiendo una al lado de la otra. Mientras la tarde se escapa entre el silencio el olor acaricia mi nostalgia. El olor a tierra húmeda, sembrada. Y yo desde este rincón del mundo, me empapo ante tu recuerdo.