martes, 15 de diciembre de 2015

Milena


Milena tenía un rostro maduro y pacífico. La había encontrado entre los estantes de libros y decidí llevarme su historia a casa. Dio la casualidad de que la próxima semana vendría para hablar de su libro, por lo que opté por leer con impaciencia mi nueva adquisición. El día llegó. La reunión era en una pequeña y acogedora librería llamada: A peu de página. Como su nombre indica, esta hermosa librería está ubicada cerca de la plaza major de Sarrià. Eran las siete y media y yo aún estaba enfrentándome al frío del invierno para llegar a tiempo. La reunión había comenzado.

Un generoso círculo de lectoras esperaba impaciente a la escritora. Pude conseguir una silla y un hueco. Una lámpara antigua nos abrazaba con un color cálido y tenue. Estábamos hambrientas de historias. Milena subió las escaleras con una sonrisa. Pensé que en la foto de la contraportada se la veía más joven pero en persona era distinta. Seguía teniendo una expresión tranquila, madura y confiada. Su presencia daba paz.

Hubo algunas risas, comentarios propios del libro y frases sobre él. Milena reflexionaba sobre nuestros pensamientos y sobre lo que su propio libro ofrecía. Sabía llegar al corazón. Me atreví a preguntarle si había sufrido algún bloqueo creativo durante el proceso de su obra. Ella sonrío y dijo que muchos pasan por eso. Es la inseguridad del escritor, contestó. Lo importante era saber que querías escribir, sobre qué. La historia que tú mismo escribes te arrastra, si es lo suficientemente importante y buena para ti. A veces se deja reposar en algún cajón, tal vez en la memoria. Pero acaba volviendo. Las historias que ansías contar vuelven. Supo que yo también escribía, sus ojos me lo decían.

La charla duró tan poco, pero fue intensa. Éramos un grupo de mujeres que disfrutaban de la lectura, respetando la opinión de la otra. Y Milena… Milena era maravillosa. Podías observarla sin cansarte e imaginar estar con ella en algún rincón literario a solas, con un café y un sinfín de consejos. Pedí su firma y me firmó encantada, con su mano izquierda. Otra zurda, pensé. Le di las gracias. Salí de la librería con el corazón hinchado de sonrisas, con su libro en mi bolso.

Al llegar a casa, leí su breve dedicatoria y una frase que hizo darme cuenta de lo cuán dormida que estuve en este periodo de tiempo.

Escribe.- dijo.

Y lo hice.

3 comentarios:

  1. Ayyyyy mi niña pobrecita, ayyyyy que lastimaaaaa:)te voy a comentar , porque no te comenta nadie:)Ni tu circulo :) Como siempre me gusta todo lo que hagas:) bien o mal, porque te quiero:)

    Besos!
    Tu Kristina!

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  2. Vaya jajaja gracias nena. Bueno aunque no me comenten no significa que no les guste. Casi todo lo que escribo lo pongo en Facebook y ahí me comentan porque no saben hacerlo por aquí.

    Besos guapi y gracias por seguir ahí ;p

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  3. escriben aquí y no saben comentar??? ajajja vaya, vaya ;-) si claro que estoy segura que les gusta ajajja besos rubia ;-)

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