sábado, 26 de septiembre de 2015

Aprendiéndonos



Escribe, me ordena. Me invita a pasear por nubes de tormenta y recoger la furia de los dioses. Atrapar versos a través de la luz diurna que traspasa la puerta de mi habitación. Cada noche él se adentra en el laberinto de mi sueño y me hace reina de sus reinos. Escribe, me ordena. Me hace sentirle, palparle, conocer sus formas y límites. Me hace estallar en  ruegos, en deseos, en la absurda idea de quererle a cada instante.

Acaricio la sombra de su escondite y le busco hasta perderme. Recojo sedimentos, los vuelco en el vacío de las calles. Construyo torres de marfil hasta que rocen el cielo. Me hago libre entre la diversidad. Así es cómo me enseñó a escribir.
Juntos, resolvemos los entresijos de la vida, retorciendo palabras y empapándolas en metáforas. Nos aprendemos mirándonos, acariciamos los momentos. Así es cómo nos hacemos inmortales en la última tarde del verano.


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