martes, 11 de agosto de 2015

Tarde de verano





Dos corazones que se abren como puertas,

Pies que vacilan sobre el parqué,

Afuera el sol reluce

Llamando nuestra atención.

Un jarrón con flores secas reposa encima del piano.

No hay espacio sin vacío,

Ni vacío sin llenar.

Gritos de júbilo ante una partida

Resuena contra las paredes blancas de la habitación.

Un laberinto de cables,

Un cuadro desdibujado: la desnudez oculta de la tristeza,

Una sonrisa de carmín, dos ojos sin nacer.

Observo esos dos pares de dientes blancos y aún por desarrollar,

Dicen que no existe la juventud,

Pero ellos son el comienzo de la vida.

Sus voces son sintonías, salvajes y alegres.

Me uno a ellos.

Mi voz es aguda, más madura.

Tengo el corazón adormecido,

Me he amoldado a la tranquilidad de los sueños.

 

El piano está abandonado en un rincón.

Las teclas están vírgenes de notas.

Una hoja de partituras espera.

Me atrevo a crear con mis dedos la perfecta sintonía

De una tarde de verano.

 




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