lunes, 25 de mayo de 2015

Los amantes del puente viejo



Michèle y Alex corren desnudos por la orilla. No llevan zapatos y los fuegos artificiales se asoman por el puente viejo. Una ciudad derrumbada, cristales rotos, vino barato en botellas de plástico. Un abrigo ajado de color rojo que resalta la palidez de Michèle. Alex lleva el pelo tan corto que pueden verse las venas azules de su cabeza. Dos mendigos que no conocen huellas auténticas, solo la solidez de los problemas y el abandono de una vida. Michèle se recrea en lienzos amarillentos por sus pasos sin camino. Dibuja su soledad y la de Alex, que a su lado vive de otra manera. Esa noche deciden saltarse las normas. Se emborrachan y corren sin rumbo fijo. Suena una canción de rock, una letra que dice mucho y les hace mojarse los ojos de lágrimas. David Bowie les acompaña en un ritmo delicioso y lleno de esperanza.

El tiempo lo arrastran 
Hasta que nuestras bocas 
Funcionamiento en seco 
El tiempo lo arrastran 
Hasta los pies 
Crecen pequeños.

Crecen pequeños sus deseos, piensa Alex y ve en Michèle su compañera de vida. Pero ellos bailan, bajo una farola que parpadea y ya no les importa que les miren, ni sus alientos secos, ni el hedor de sus abrigos, ni en que la lluvia pronto traerá tormenta.


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