miércoles, 7 de enero de 2015

Algo tan pequeño




Se equivocó. Se equivocó al saber su nombre. También yo me equivoqué al saberlo. El nombre empezaba por A y terminaba por R. Lo enterramos en el bote de azúcar. Pensábamos que así se endulzaría al pronunciarlo, pero que tan equivocados estábamos.  Leí unos poemas perdidos de Dorothy Parker y vi en ellos el amor que padecí. Él ya había cogido el último vuelo a Santa Mónica. Me dejó una noche de invierno. Lo recuerdo perfectamente. Sonó el teléfono, lo cogí con dedos temblorosos. Era él. ¿Quién podía ser sino? Me gustó oírle. Volví a imaginar un baile. El que me prometió. Pero lo único que dijo fue que se marchaba. Desde la ventana pude ver como moría el atardecer. Yo también morí ese instante. De pronto se agolparon en mi mente canciones desesperadas. Sobre la mesa reposaba los poemas perdidos de Dorothy Parker y elegí una página que decía:  " Has olvidado mis besos y yo he olvidado tu nombre".



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