martes, 15 de diciembre de 2015

Milena


Milena tenía un rostro maduro y pacífico. La había encontrado entre los estantes de libros y decidí llevarme su historia a casa. Dio la casualidad de que la próxima semana vendría para hablar de su libro, por lo que opté por leer con impaciencia mi nueva adquisición. El día llegó. La reunión era en una pequeña y acogedora librería llamada: A peu de página. Como su nombre indica, esta hermosa librería está ubicada cerca de la plaza major de Sarrià. Eran las siete y media y yo aún estaba enfrentándome al frío del invierno para llegar a tiempo. La reunión había comenzado.

Un generoso círculo de lectoras esperaba impaciente a la escritora. Pude conseguir una silla y un hueco. Una lámpara antigua nos abrazaba con un color cálido y tenue. Estábamos hambrientas de historias. Milena subió las escaleras con una sonrisa. Pensé que en la foto de la contraportada se la veía más joven pero en persona era distinta. Seguía teniendo una expresión tranquila, madura y confiada. Su presencia daba paz.

Hubo algunas risas, comentarios propios del libro y frases sobre él. Milena reflexionaba sobre nuestros pensamientos y sobre lo que su propio libro ofrecía. Sabía llegar al corazón. Me atreví a preguntarle si había sufrido algún bloqueo creativo durante el proceso de su obra. Ella sonrío y dijo que muchos pasan por eso. Es la inseguridad del escritor, contestó. Lo importante era saber que querías escribir, sobre qué. La historia que tú mismo escribes te arrastra, si es lo suficientemente importante y buena para ti. A veces se deja reposar en algún cajón, tal vez en la memoria. Pero acaba volviendo. Las historias que ansías contar vuelven. Supo que yo también escribía, sus ojos me lo decían.

La charla duró tan poco, pero fue intensa. Éramos un grupo de mujeres que disfrutaban de la lectura, respetando la opinión de la otra. Y Milena… Milena era maravillosa. Podías observarla sin cansarte e imaginar estar con ella en algún rincón literario a solas, con un café y un sinfín de consejos. Pedí su firma y me firmó encantada, con su mano izquierda. Otra zurda, pensé. Le di las gracias. Salí de la librería con el corazón hinchado de sonrisas, con su libro en mi bolso.

Al llegar a casa, leí su breve dedicatoria y una frase que hizo darme cuenta de lo cuán dormida que estuve en este periodo de tiempo.

Escribe.- dijo.

Y lo hice.

Le espero a él


Vuelvo a remar contra viento y marea. Sueltas tus grilletes y tatúas en la tersura de tus labios un chasquido de indignación. Sabes que lo sé. Aprietas el silencio y no me descubres. Ahora vivo libre. Bebo la lluvia y dejo que las calles me ofrezcan oportunidades. Ellos, agachados y esclavos, como el tiempo, sabiendo cómo envejecen sus cuerpos. Mientras, prosigo mi camino. Abro las manos. Alzo mi cabeza. Deposito mis besos, poco inocentes, en sus ojos. Miradme o no, si gustáis, más nunca fui la diosa de vuestras sonrisas. Le espero a él.

jueves, 10 de diciembre de 2015

La hierba de las noches


Estaban sentadas en la hierba. La noche pintaba sus sueños. Amelie dibujaba esperanzas con sus manos, Yanise contemplaba las estrellas con la mirada más dulce del mundo.

- Me encantaría que pusiesen candle in the wind en mi funeral. –dijo Amelie.

-  Yo no pido canción, pero si pido un coro de voces que transmitan lo que he significado para ellos.- pensó Yanise- ¿Sabes? creo que temo morir.

-  Morir es solo una palabra. Creo que morir tiene varias bifurcaciones.

-  ¿A qué te refieres?- quiso saber Yanise.

-  Bueno, pienso que hay personas que viven muriendo, y eligen morir con silencios y desdichas.

-  Es complicado.

-  Hacemos que lo sea.

-  ¿Por qué Candle in the wind?. - Yanise se acomodó de tal forma que sus ojos ahora estaban centrados en los de Amelie.

-   Es una canción hermosa. Transmite. Además siempre me he sentido como una vela en el viento.

          Yanise sonrío, haciendo relucir sus hoyuelos.

      -  ¿Y tú? ¿Por qué un coro de voces?- preguntó ahora Amelie.

-  La voz del alma puede llegar a ser poderosa. Cuando alguien eleva su espíritu y lo hace a través de su voz hace que sea el sonido más hermoso del mundo.

 Es curioso, pensaron. Eran diferentes, pero afines a sus sentimientos. Unieron sus manos, los dedos de Amelie eran tan cálidas. Sin embargo, Yanise solía tenerlas siempre frías. Volvieron a sumergirse en el silencio, disfrutando de la compañía de la otra.
Mientras la noche latía en el firmamento, el corazón de Amelie cantaba una canción que hablaba de una vela en el viento que nunca se apagó con la puesta del sol al llegar la lluvia. Y Yanise susurraba a las estrellas una sintonía: la de su espíritu.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Una mera reflexión

Estamos experimentando una barbarie espeluznante que nos obliga a pensar qué está sucediendo. La crisis, la inhumanidad, el fanatismo y la violencia, los desordenes políticos. Todo esto influye en la situación en la que vivimos y uno empieza a temer por su seguridad. Da miedo, eso nadie puede negarlo. Miedo por uno mismo y por aquellos a quienes ama y desean proteger contra todo mal. En este periodo de mi vida empiezo a preguntarme muchas cosas que antes no me preguntaba. Supongo que deben ser las experiencias que voy viviendo.

No obstante, pienso que a pesar del dolor, de las pérdidas, del sufrimiento, de la impotencia, no debemos permitir flaquear ante el peligro sino más bien luchar por nuestra supervivencia. La vida es un fugaz instante y debemos aferrarnos a ella hasta que llegue el final. Ayer, mi primo debatió una reflexión que en cierto modo tuvo razón, dijo que el ser humano en sí está hecho para enfrentarse al mayor peligro, pero hay una cosa que falla en estos tiempos que corren y es nuestra forma de enfrentarnos a ello. Si una persona desequilibrada y perversa apunta con un rifle a un grupo elevado de personas, éstas huyen. El miedo se apodera de sus instintos. ¿Pero y si esa multitud corriesen hacia el enemigo y se enfrentaran a él? la supervivencia debería hacernos abrir estos sentidos y reflexiones. Dos es más que uno, y qué decir de un grupo elevado de personas.

El acontecimiento sucedido este viernes 13 de noviembre en París ha despertado lágrimas, temores, desdichas. Han muerto decenas de inocentes a manos de un grupo de terroristas fanáticos de una religión al cual Dios es más grande que cualquier vida. Esto ha creado un caos, la suposición de una posible guerra que se avecina y las amenazas que éstos han promulgado.

Va siendo hora de juntar la humanidad y luchar contra el peligro, la amenaza, la injusticia. Va siendo hora de ponernos firmes y gritar, de no permitir que más vidas mueran injustamente. Debemos alzar la voz, vivir sin miedo.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Domingo




Las hojas de los árboles caen como copos de nieve.
Las aceras están salpicadas de otoño.
El día resplandece, hay gente paseando con una sonrísa en los labios.
En el aire flota una fragancia a tierra fresca.
Bienaventurados sean los domingos plácidos de descanso.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

¿Habéis leído el diario de Ana Frank?

¿Qué opináis sobre ello?

sábado, 26 de septiembre de 2015

Aprendiéndonos



Escribe, me ordena. Me invita a pasear por nubes de tormenta y recoger la furia de los dioses. Atrapar versos a través de la luz diurna que traspasa la puerta de mi habitación. Cada noche él se adentra en el laberinto de mi sueño y me hace reina de sus reinos. Escribe, me ordena. Me hace sentirle, palparle, conocer sus formas y límites. Me hace estallar en  ruegos, en deseos, en la absurda idea de quererle a cada instante.

Acaricio la sombra de su escondite y le busco hasta perderme. Recojo sedimentos, los vuelco en el vacío de las calles. Construyo torres de marfil hasta que rocen el cielo. Me hago libre entre la diversidad. Así es cómo me enseñó a escribir.
Juntos, resolvemos los entresijos de la vida, retorciendo palabras y empapándolas en metáforas. Nos aprendemos mirándonos, acariciamos los momentos. Así es cómo nos hacemos inmortales en la última tarde del verano.


lunes, 7 de septiembre de 2015

Lluvia



Dices que llueve, allí por la sierra. Los visillos de un blanco ahumado acarician la estancia de tu escondite. Te imagino sentado en el filo de la cama, con las manos sobre las rodillas, mirando hacia ninguna parte.
Me dices que llueve. Que el sonido te lleva atrás, hacia esos días entre pastos, rezos y armonía. Sonrío al imaginarlo, te sonrío desde este pequeño rincón del mar, donde solo me acompaña el crujido de las barcas y el golpeteo de las olas. El cielo es un beso infinito de acuarelas naranjas y rosadas.

Cierro los ojos y decido sentarme a tu lado, invisible. También escucho la lluvia caer, como gotas pegajosas a las que les cuesta desprenderse de los cristales. Tu mano sigue en tu rodilla. Percibo la callosidad de tu piel, la fragilidad de los años. Aún tus labios sellan palabras. Pero me gusta trasladarme hacia donde estás. Me gusta acompañarte cuando te sientes solo ante la vida, y de esa manera me ayudas al mismo tiempo. Acompañarse mutuamente, como dos viejas almas que empiezan a esfumarse, siempre latiendo una al lado de la otra. Mientras la tarde se escapa entre el silencio el olor acaricia mi nostalgia. El olor a tierra húmeda, sembrada. Y yo desde este rincón del mundo, me empapo ante tu recuerdo.

lunes, 31 de agosto de 2015

La vida





Perdió sus pasos en la azotea.
Miró la luna en las tejas.
La noche era una procesión de soledades.
Dibujó su futuro con sus ojos.
Sabia que había perdido algo. Hace tiempo.
Había dejado de escuchar a su corazón.
Pero aquella noche volvió a escuchar los leves sonidos de la ciudad. Volvió a sentir la fuerza de la vida latiendo entre sus costillas.
Naufragando en reflexiones y pérdidas por fin se puede decir que la vida era una isla que acabó encontrando.

martes, 11 de agosto de 2015

Tarde de verano





Dos corazones que se abren como puertas,

Pies que vacilan sobre el parqué,

Afuera el sol reluce

Llamando nuestra atención.

Un jarrón con flores secas reposa encima del piano.

No hay espacio sin vacío,

Ni vacío sin llenar.

Gritos de júbilo ante una partida

Resuena contra las paredes blancas de la habitación.

Un laberinto de cables,

Un cuadro desdibujado: la desnudez oculta de la tristeza,

Una sonrisa de carmín, dos ojos sin nacer.

Observo esos dos pares de dientes blancos y aún por desarrollar,

Dicen que no existe la juventud,

Pero ellos son el comienzo de la vida.

Sus voces son sintonías, salvajes y alegres.

Me uno a ellos.

Mi voz es aguda, más madura.

Tengo el corazón adormecido,

Me he amoldado a la tranquilidad de los sueños.

 

El piano está abandonado en un rincón.

Las teclas están vírgenes de notas.

Una hoja de partituras espera.

Me atrevo a crear con mis dedos la perfecta sintonía

De una tarde de verano.

 




martes, 21 de julio de 2015

Bloqueos


La sombra de la farola, quieta y tenue, La calle vacía, la noche llena de murciélagos. Intento complacer mi descanso, Pero al cerrar los ojos los recuerdos se abren entre telarañas.
Quédate quieta, me ordeno.
Recítate una poesía por lo bajo, Para sentir que la escritura no se abandona del todo.
Tengo el corazón sediento de historias, Abierto de coraje, Pero tristemente cohibido en un rincón.

lunes, 15 de junio de 2015

Tus labios y mis lágrimas

Cada lágrima se deshacía frente al espejo. Ofrecías la blancura de tu camisa, impermeable, para que mi llanto fuese más limpio. La verdad quedó oculta en una habitación de números invertidos. Decías que no tenías corazón, y yo luchaba contra esa afirmación. Quisiste demostrarme que estaba equivocada. Tu corazón estaba cansado de tanto wiski y distancia. Anhelabas el roce de mis labios, que eran plumas ante tus dedos. Mi piel era tu mapa. No había posesión, ni celos. Solo un respeto exquisito que quedaba guardado en tu sonrisa. La blusa se me escapaba entre los hombros, pronto tus uñas dejaban su huella en mi deseo. Ofrecía lo mejor de mí. Nos esperaba un baile, una unión tan íntima que temíamos su roce. Tienes el corazón cansado, hambriento. Procuro alimentarlo con tu permiso.
El deseo es una puerta abierta: la llave de tus ojos cuando dudo si me dejarías entrar, sabiendo que acabaré siendo utilizada por tus instintos salvajes. Pero me gusta saberlo. Queda bonito descifrarlo como mejor sabemos.
Me preguntas si te permitiré besarme. Y yo te respondo con el silencio más hermoso.

lunes, 25 de mayo de 2015

Los amantes del puente viejo



Michèle y Alex corren desnudos por la orilla. No llevan zapatos y los fuegos artificiales se asoman por el puente viejo. Una ciudad derrumbada, cristales rotos, vino barato en botellas de plástico. Un abrigo ajado de color rojo que resalta la palidez de Michèle. Alex lleva el pelo tan corto que pueden verse las venas azules de su cabeza. Dos mendigos que no conocen huellas auténticas, solo la solidez de los problemas y el abandono de una vida. Michèle se recrea en lienzos amarillentos por sus pasos sin camino. Dibuja su soledad y la de Alex, que a su lado vive de otra manera. Esa noche deciden saltarse las normas. Se emborrachan y corren sin rumbo fijo. Suena una canción de rock, una letra que dice mucho y les hace mojarse los ojos de lágrimas. David Bowie les acompaña en un ritmo delicioso y lleno de esperanza.

El tiempo lo arrastran 
Hasta que nuestras bocas 
Funcionamiento en seco 
El tiempo lo arrastran 
Hasta los pies 
Crecen pequeños.

Crecen pequeños sus deseos, piensa Alex y ve en Michèle su compañera de vida. Pero ellos bailan, bajo una farola que parpadea y ya no les importa que les miren, ni sus alientos secos, ni el hedor de sus abrigos, ni en que la lluvia pronto traerá tormenta.


jueves, 7 de mayo de 2015

Alojados (2º versión)


¡Dormías! A los pies de la cama tu sujetador se enredaba contra mi cinturón. Vi dos ojos asomados desde la ventana vecina. Soltó la cortina sin correrla y se acercó un poco más al cristal, descubriendo esa intimidad que tapaba su mano. Toqué la hebilla de mi cinturón y dejé un poco más libre los pantalones. Me senté en el filo de la cama y escuché tu respiración entre las sábanas. Me sentía tentado entre dos mujeres. Una durmiendo apaciblemente, la otra despierta en todos los sentidos. ¿A cuál de ellas debía poseer? Ambas erais hermosas. Toqué tu seno y te revolviste, ofreciéndome inconscientemente la otra curva de tu pecho. Tu sexo estaba bajo la sábana. Lo rocé, sentí la leve humedad. Tu boca dibujó una pequeña sonrisa. Sabias que yo estaba ahí, acechándote, esperando. Me giré despacio sentado en la cama y aún esos dos ojos seguían deseando ser correspondidos. Fue entonces cuando te compartí con ella. Bajé la cremallera, y saqué mi miembro fuera. Estaba hinchado, empezaba a ascender. El dedo de ella se apretó entre su entrepierna. Me lanzó un beso, marcando el carmín sobre el vidrio. Aquello empezaba a ser atrevido y excitante. Abriste las piernas. La sábana se dividió en dos y dibujó un recorrido hundido. La forma femenina era tentadora. Guié mi mano hacia ella. Que delicioso era sentir aquella curva ya mojada, la concavidad perfecta. Te masturbé aún sintiéndote dormida, sabiendo que participabas. Miraba a la misma vez hacia la ventana. Ella también estaba tocándose, imaginando que mis dedos la penetraban. Su mano apretó el cristal. Sus labios emitieron un sonido. Aunque no pudiera escucharlo, sabía que era el placer que escapaba de su cuerpo. Tú arqueabas la cintura, ofreciéndome más. Mis dedos estaban empapados. Mordiste los labios y por fin tu cuerpo se convulsionó. Puse mi cabeza en tu pecho sin dejar de mirar la ventana vecina. Ella ya se había ido. La huella de su mano quedó marcada en el cristal.

Alojados (1º Versión)

Tras la ventana, apenas unos peces saltaban en el lecho seco del mar. El océano vacío, el aire en calma. La ciudad pausada. Y tus sueños, no los encontré. ¡Dormías! A los pies de la cama, tu sujetador se enredaba contra mi cinturón. La vecina de habitación, inmóvil, encontraba mi mirada sobre su cuerpo desnudo. Soltó la cortina sin correrla. Se acercó al cristal. Descubrió, para mí, la intimidad que tapaba su mano. Hizo gestos, quería verme y que me mostrara para ella. Aguantó junto a la ventana hasta el final. Toqué la hebilla de mi cinturón y dejé libre los pantalones. Me senté cerca. Escuché tu respiración entre las sábanas. Tentado entre dos mujeres. Durmiendo una, ofreciendo sus sentidos la otra. Ambas hermosas. ¿A cuál me debía? Abrí los visillos. Te revolviste luciendo inconscientemente tu busto. Te rocé bajo la sábana. Sentí. Dibujaste una pequeña sonrisa, sabías que estaba acechándote, esperando. Tus ojos cerrados, deseosos de ser compartidos. Las dos para mí. Bajé la cremallera. Nos retamos. Estaba a punto de reventar. Guié mi mano. Delicioso, palpar mojada la concavidad perfecta. Toqué, aun sintiéndote dormida, sabiendo que participabas. Miraba, a la vez, por la ventana. Ella también se hacía sentir, imaginando que los suyos eran mis dedos. Vi como lamía sus yemas y las deslizaba por su pecho encontrando el vértice, como si de una caracola se tratase dejando el rastro de humedad marcado en el mapa de su piel morena. Su mano apretó el cristal. Sus labios emitieron un sonido. Escapaba de su cuerpo. Tú arqueabas la cintura ofreciéndo más. Mis dedos empapados. Mordiste los labios y por fin, tu cuerpo se convulsionó. Seguías dormida. Desnudas las dos. Ella parecía saberlo y miraba tras de sí para comprobar que él no había despertado. Empujó su dedo y me lanzó un beso marcando el carmín sobre el vidrio. Atrevido, excitante. Nuestra sábana se dividió en dos. Dibujó un recorrido hundido de cuerpo femenino y formas tentadoras. Tomé mi albornoz y le indiqué que saliera al pasillo. Se había ido. La huella de su mano quedó marcada en el cristal. Verla al otro extremo del corredor me excitó. Actores de un duelo desenfrenado y deshicimos la distancia hacia el otro. La noche nos cubría y fundimos los cuerpos sin cambiar palabra, antes de regresar sudados hasta los respectivos baños de nuestras habitaciones. Bastaron diez minutos para volver a las ventanas. Las sonrisas y los halos del sofoco empaparon la transparencia. Clavamos dos números de teléfono. Descarada, anota el teléfono. Abre los pies delante de mi impasividad, dejando caer de su refugio unas lágrimas ajenas y propias. Bajan por su pierna hasta empapar la alfombra. Y mantiene los ojos clavados sobre mi silueta, sobre mi intención, sobre mi esperanza. Diez segundos para una promesa eterna. De intimidades abiertas y sueños inalcanzados, rotos. Al fin. Apenas un camino sin huellas en la arena. Adivinarse, verse, jugar. Mecer como olas un vestido blanco. Noches de hotel y vino en la garganta. Marcas de uñas en la piel y labios hinchados. Tu luna llena troceada sobre el suelo. La alfombra caliente tras los envites de pasión y carnes de venas ardiendo. Tu perfume entre mis dedos. En mi garganta su carmín. Vacío del todo y ausente de intención. Sin olas sin rumor, sin sabor salado. Todo lleno de nadas. Escupiste y cepillaste los restos para que el caudal limpiara todo. La luz de tu cielo era mi oscuridad. Llena para ti, nueva vacía para mí. Entre tu cariño y su atrevimiento, entre tu bondad y su determinación, entre tu juventud y su experiencia, entre tu armonía y su descaro, atrapado entre... Con una perfección capaz de crujir en tristes pedazos nuestras felicidades. Con un generador inagotable, dentro, que llevó mi vida sobre las láminas de Marte.

PK&SGM

Él


Una mañana decidí ir a una cafetería cerca de casa. Aquella misma mañana un hombre alto, recio y andrajoso entró por la puerta de la cafetería. Quiso algo para comer, sobre todo algo dulce, como una ensaimada. Pero la camarera le ignoró. Le dijo en un tono suave que tenía que pagar. Él rebuscó en sus bolsillos, pero no encontró nada. Fue entonces cuando nuestras miradas se encontraron. Él quiso que le invitara, pero yo tenía lo justo para mi café. Al ver mi libreta abierta llena de palabras, me preguntó qué escribía. Historias, le respondí. Pero él se mostró interesado. Me preguntó qué tipo de historias y me encogí de hombros.

-Quédate con mi imagen- me pidió.

Observé su rostro. Ojos pequeños, bolsas hinchadas bajo los párpados debido al insomnio. Barba incipiente, pincelada de hebras blancas. Labios finos y morados. Sus manos grandes tenían un aspecto herido, con costras. Las uñas sin cortar, negras y llenas de suciedad. Pero yo miré principalmente sus ojos. Eran los ojos más desesperados que vi en mi vida. Emití con los míos seguridad, tranquilidad. No quería que pensase que le tenía miedo o asco. He de admitir que en un principio mi corazón latía asustado, pero mis latidos fueron tranquilizándose cuando nuestra conversación transcurrió sin peligro. Me habló de algunos libros que había leído.

-¿Sabes qué hora es mágica para escribir? De cinco a seis. Si señorita, hazme caso. – Puso su mano sobre mi silla- escribe si lo deseas sobre este momento. Pero no digas toda la verdad. Hazme nacer en tus palabras. Ponme limpio, pulcro y afeitado; bien peinado y ropa decente y planchada. Hazme olvidar un pasado turbio, libre de drogas, sin nadie a quien odiar o despreciar. Hazme volver a ver la cara de mis hijos cuando los tuve por primera vez en mis brazos. Hazme rico, con una enorme casa y placeres. Tráeme una mujer a la que amar sin tener miedo a que me engañe. Homenajéame solo por hoy.

Su aliento olía a tabaco. Por un instante temí que su saliva cayese en mi café. ¿Cómo podría beber sabiendo que bebería las penas de un hombre que una vez lo tuvo todo y ahora no tiene nada salvo un colchón lleno de chinches y la ayuda de una asistenta social?

-He de irme. Vuelvo al infierno- dijo señalando la calle- vuelvo a la oscuridad de mi vida. Recuerda esto: las mujeres son la locura del hombre.

No pude evitar sonreír.

La camarera me hizo señales para que ignorase a aquel hombre pero no estaba en mi naturaleza ser cruel o hacer como que no existía una persona que solo quería hablar, ser escuchado. Salió de la cafetería alzando su mano en modo de saludo y lo vi caminando calle abajo, haciendo eses.

Removí el café ya frío  y recé para que aquel hombre encontrase paz en sí mismo.     

miércoles, 29 de abril de 2015

Un despertar diferente





Una taza de cafè rayada de colores,
sillas negres de hierro,
una bóveda que guarda el olor a pan recién hecho.
El poso del cafè me revela una isla,
El continente de mis sueños.

jueves, 19 de marzo de 2015

Breve



Descubro tus besos bajo las sábanas,

esto es lo que me permites cuando el sol se rompe en las cortinas.

Es tu forma de huir. 


martes, 10 de marzo de 2015

La cama





La cama sigue en el mismo sitio,
susurrando a solas lo que desea de nosotros.
Porque hace mucho que no nos siente,
hace mucho que dejó de tener importancia.

Pasamos el rato deambulando de un lado a otro,
sin esmero, sin proponernos donde pasar los próximos días.
Nos convertirmos en dos fugitivos de la noche,
Acariciamos la luna con nuestros sueños.


A veces tu mano se deja caer en la mia,
tu sombra se me acerca,
me domina.
Abres mis piernas y te dejo hacer.
Cualquier lugar es bueno para sentirnos.


Fuimos desorden y tiempo,
dos sillas vacías,
una pantalla en blanco.
Pero supimos emerger de todo,
supimos darle nombre a las cosas.


Recorres mis senos con las yemas de tus dedos,
grito tu nombre,
sonries,
clavo las uñas en tu piel.
Te gusta sentirme asi,
tan deseada, tan risueña, tan tuya.
Te gusta verme rota,
para después volver a reconstruirme
con caricias y besos furtivos.


Pienso en la cama,
nuestra cama,
la que nos llama cuando no estamos en casa,
la que susurra a solas lo que desea de nosotros.
Porque hace mucho que no nos siente,
hace mucho que dejó de tener importancia.

sábado, 28 de febrero de 2015

Breve poema.

Un poema, un café.
Distintas voces.
Una aglomeración de vidas efímeras.
La ausencia de alguien en una silla vacía.
Miradas que camuflan verdades.

En la oscuridad se encuentra luz.
En las palabras se encuentra la libertad.
Démosle paso.
Aún no es tarde.

martes, 3 de febrero de 2015

Permíteles



Déjales que hablen. La noche es muy larga.
Me bastan tus brazos para existir.
Cenizas en la piel, en nuestros ojos, en nuestros susurros....
Cenizas en todas partes.
El mundo se descoloca y te veo enredarte entre mis labios.
Déjales que hablen.
No conocen el valor de la palabra.
En esta fría noche, procuro arroparme con los recuerdos.
No hay estrellas que pellizcar,
Ni tan siquiera la luna para hacer con ella una cara nueva.

Pero te tengo muy muy cerca,
Te mantengo viviendo en mi corazón.
A pesar de las historias inventadas,
Y de lo que han intentado siempre,
Eso de separarnos, de juzgarnos,
De no conocernos.
Hemos ganado la batalla.
Tú y yo. Como dos náufragos
Que han estado surcando el océano durante tanto tiempo.

viernes, 30 de enero de 2015

Un poco de mí

Tiene algo de delirio esto de escribir. A veces se desea matar los dedos de tinta y hacerlos doler de palabras. A veces, no dan de por sí. Se rebelan, se retuercen, no quieren ceder a nuestros deseos. Cuando quiero acudir a mi musa, ella juega a perderse y no acude a mi llamada. Hay tantos caminos llenos de historias y yo me pierdo entre todos ellos. Alguien me dijo una vez que escribir mentalmente también te hace ser escritora. Cuando no tenemos fórmulas o iniciativas o no sabemos cómo comenzar, podemos acudir a la fuerza del pensamiento. Es el único que no me ha fallado hasta el momento. No sé si tengo pudor ante la hoja en blanco. Veo pureza, una capa blanca que queda más hermosa con palabras impresas. A veces no logro terminarla, y la dejo medio manchada de ideas. En casa, no logro inspirarme. Es en los cafés o en la biblioteca donde lo consigo. Supongo que a muchos les ha pasado.
Estos días he leído a Marguerite Duras. Adoro a esa mujer. Tiene ese delirio de expulsar todos sus fantasmas y proyectarlos en sus libros. Después, se deshace de sus vómitos literarios arrojándolos a la chimenea. No quiere pertenecerse a sí misma en esas hojas. En este libro suyo: la vida material, se abre más al lector. Muestra sus miedos, sus locuras, sus reflexiones, el mundo que gira a su alrededor y que ella no logra darle el color correspondiente. Es una de las grandes escritoras y ella no se considera como tal. Me gusta su mirada que tanto dice y tanto calla, y esas frases tan suyas, tan de su estilo. Aún permanece en ella la niña que fue. La infancia en Saigón y sus amantes. A pesar de tantos años, no ha podido olvidar a ese amante chino. Fue un deseo tan joven, peligroso. Un deseo sobrepasado en límites. Pero gusta leerlo. Te hace formar parte de ello.
A veces me ocurre que quiero leer tanto que enloquezco. Termino un libro, empiezo otro y así sucesivamente. La vida no es larga, está hecha a medida. Supongo que de ahí viene mi prisa por vivir, por alcanzar metas y no equivocarme. Pero he aprendido que para aprender, para crecer, para hacerte más fuerte, has de caerte, de romperte, de volver a reconstruirte. He aprendido que el tiempo tiene tanto que decir y que demostrar. Se extraña la juventud, las salidas con los amigos hasta que la noche se espese. Se extraña las calles de siempre, los locales y gente de siempre. Se extraña los cafés y tertulias literarias junto a aquellos que son mi segunda familia.
Hoy quería escribir un poco sobre esto. Un poco de todo. Una pizca. Debe ser el tiempo este que hace que la sensibilidad crezca. El invierno siempre me ha resultado muy nostálgico. Tengo esta tendencia a sensibilizar las cosas.

Ahora toca leer a Jacques Chauviré. Voy a ver qué historia tiene para susurrarme. 

viernes, 23 de enero de 2015










Hiciste la promesa de mantener vivo mi recuerdo. Busco tu nombre y me pierdo entre los escombros de tus miedos. Llueven cenizas y me he dejado el corazón en casa. Anoche me atreví a ponerme ese vestido que ya se cansaba de estar guardado. Miré hacía la ventana y me pareció verte en la sombra de la noche.
Escucho a Katie Melua y su voz me transporta a un mundo que desearía experimentar. Recuerdo cuando pasábamos por las calles y te parabas para observar el escaparate de los discos. Había un viejo tocadiscos que llamó tu atención.  Dijiste que un día bailaríamos cuando lo compraras. En tu rincón había toda una discografía música francesa, entre ella a Jaques Briel. Me gustaba tu mirada cuando tarareabas je ne me quitte pas.
Hablábamos con las pausas precisas. Me esperabas al despuntar el sol. Yo te entregaba palabras infladas de sueños. Éramos amantes de un tiempo atrapado por nuestras inquietudes. Anhelabas arrancar pasiones por carreteras, volviendo a olvidarte de mí sin preocuparte. Ahora, necesito estrecharme entre tus brazos hasta romperme. 

 https://www.youtube.com/watch?v=BlVn1IZIK4Y&index=19&list=RDHCVnSIp07XZzw

jueves, 8 de enero de 2015

Relato juevero: Se fue la luz



Se fue la luz en la habitación,
En nuestra piel,
En las sábanas,
En los te quieros,
En las despedidas.


En las aulas y recreos,
En los pasillos,
En tu boca, en mi boca,
En tu sexo y en el mío.
En tus ganas,
En tus manias.


Se fue la luz en tus ojos,
En mis esperanzas,
En las ventanas,
En el mundo entero.


Y todo porque olvidé como encender la chispa de la vida.

miércoles, 7 de enero de 2015

Algo tan pequeño




Se equivocó. Se equivocó al saber su nombre. También yo me equivoqué al saberlo. El nombre empezaba por A y terminaba por R. Lo enterramos en el bote de azúcar. Pensábamos que así se endulzaría al pronunciarlo, pero que tan equivocados estábamos.  Leí unos poemas perdidos de Dorothy Parker y vi en ellos el amor que padecí. Él ya había cogido el último vuelo a Santa Mónica. Me dejó una noche de invierno. Lo recuerdo perfectamente. Sonó el teléfono, lo cogí con dedos temblorosos. Era él. ¿Quién podía ser sino? Me gustó oírle. Volví a imaginar un baile. El que me prometió. Pero lo único que dijo fue que se marchaba. Desde la ventana pude ver como moría el atardecer. Yo también morí ese instante. De pronto se agolparon en mi mente canciones desesperadas. Sobre la mesa reposaba los poemas perdidos de Dorothy Parker y elegí una página que decía:  " Has olvidado mis besos y yo he olvidado tu nombre".