martes, 25 de febrero de 2014

Entrada de la noche.

Dulces bostezos en mi hombro
recorro el infinito con tus dedos
me haces querer gritar lo perdida que a veces me siento.
De oro y tierra intrínseca,
en tu pelo duerme la noche.

Lámparas de cristal estallando sobre nuestros pasos
invítame a conocer el fin del mundo.
No tengo miedo cuando coges mis manos
y me invitas a conocer tu cuerpo.

Breve escrito.



La sonrisa de mi sombra es cien veces mayor que el Acantilado de Enniberg.

Permanezco a la espera de un enfoque más vital,

cohibida, pero no asustada.

Una sonrisa cambia el mundo,

los pies y el rostro,

Mueve el corazón. 

La sonrisa de mi sombra ha nacido cuando he despertado de mi sueño.




A Cristina, que hace que la sala de estudio sea un baile.Gracias por permitirme hacerte reír.

viernes, 14 de febrero de 2014

Catorce.



Ven, quédate conmigo, ya pensaremos qué hacer. También me siento sola. Mi cuerpo reclama la sombra de un hombre. Deseo ser acariciada, llevada al placer, sumergirme en la aventura de ser arrastrada hacía otras bocas, otras manos. He visto a hombres pasear por las calles con un ramo de rosas, y en sus labios el aliento de un número. Pienso, que el corazón de un hombre no pertenece a una sola mujer, sino a un ejército de todas ellas.

Ven, quédate aquí conmigo, para que no nos duela este día, haré girar el calendario. Pondré velas, escucharemos otro estilo de música, veremos otras historias. Mi corazón también se ha quedado solo. Preguntan qué significa este día para mí, yo respondo: Soledad. Festejarán este día, los amantes se llenarán la boca de besos y se comerán sus cuerpos hambrientos de deseo. Mientras tanto, me refugiaré en una habitación cálida repleta de libros y la cama a medio hacer. Haré una fiesta con mi sonrisa triste y me pondré a bailar desnuda para recordar mi cuerpo de mujer, recordarme que aún sigo viva. El catorce de febrero, es decir hoy, un niño rubio con alas de plata y un arco con flechas hechizadas, lanza sus dardos hacía aquellos que creen en la infinidad del amor.

sábado, 8 de febrero de 2014

CERO




Comencé con darte tan poco
Y terminé con los bolsillos inundados.




Exenta de culpa, de la libertad, de ese océano nuestro. Exenta de tu espalda, tu cartera
mojada. No somos dos, somos uno. Hace tiempo que fingimos ser tres: estabilidad, amor, pasión. Ahora solo somos el cero, el desorden, el último número.

jueves, 6 de febrero de 2014

JUEVEANDO: EN PRISIÓN.






En prisión por tu descaro, tu cobardía, tu hombría estúpida. En prisión por tus absurdas elocuencias. Nuestra cama con rosas muertas, donde estaba el cuerpo de ella, tendido y desnudo, con una pícara sonrisa. Fui yo el espejo que atravesó todos los cristales. Fui yo quién guardaba la navaja en el bolso. Si, fui yo quien derribó todos los muros que creamos, la que siempre dio todo y llenó todos los vasos de lágrimas. Me he convertido en la asesina de tus infidelidades. La buena noticia es que ya no habrá puntos cardinales a los que burlar en mi cuerpo. Ya no tendré que vestir anticuadas prendas para tapar las heridas que dejabas en mi piel.

sábado, 1 de febrero de 2014

Siempre.








Lo observa. Él está enfrente. Ambos concentrados en su libro. Ella junto a la ventana, prendada del cielo empapado de nubes grises. Lloverá y ha olvidado el paraguas. Coloca su mano en la mejilla mientras se obliga a concentrarse en su libro de estudios. Tiene el cabello cobrizo que le cae sobre el lado izquierdo de la cara. Su palidez se intensifica con la camisa blanca que lleva puesta. El chico tiene las piernas cruzadas y mueve el pie. La mira, cuando está distraída. Se escucha una ambulancia, por primera vez coinciden, se miran, las palabras quedan enjauladas en ese silencio, ese baile de pupilas, un vals alegre. Ella se lleva la mano a la frente, él hace lo mismo. La copia, la hace suya con sus gestos. Ella sonríe mientras lee.
Ella pierde la mirada en la ventana. Enfrente está él, se siente un poco más feliz. Se rozan, sonríen, secretos escondidos. Ella se inclina suavemente hacía él y susurra en su oído: ¿Me esperarás al finalizar el examen? Él desearía poder haberle dicho: Te esperaría incluso si tuvieses catorce exámenes diarios. Pero solo asiente con la cabeza. A la hora de irse, ambos se levantan. No dicen nada, caminan hacia el mismo lugar, dos adolescentes con un examen el mismo día. Imagina que la besa cuando empieza a llover, porque de esa manera saben mejor los besos.

Pasadas dos horas vuelven a encontrarse. Ella le dice que tiene que irse, él decide acompañarla. Le pregunta de qué era el examen, ella le contesta que era de historia. A él le encanta la historia pero ella no lo sabe.

-¿Puedo verte mañana?- Le propone él una vez que tienen que volver a separarse.

- Siempre.- Contesta ella.

Le da un beso en la mejilla. El primer paso. El primer amor. Pero ella no apareció.
El asiento lo ocupaba otra joven. Se preguntó qué había ocurrido. Pasaron dos semanas, no volvió a verla. Pasaron meses, no logró olvidarla. Pasaron años, decidió volver a buscarla. La encontró sentada y solitaria en un pub. No era la misma, había cambiado. Su pelo no tenía esa delicadeza, tampoco sus ojos ni sus manos. Estaba más pálida.

-¿Por qué te fuiste?- le preguntó.

Ella agachó la mirada. No contestó.

Ella había hecho aquel último examen para olvidar la responsabilidad, olvidarse a sí misma. Quizá se marchó para lograr encontrar otro sentido a la vida. ¿Vivir para estudiar? Había oído esa frase en sus compañeros de aula.

-Siempre.-  Dijo ella.

Él no lo lograba entender que intentaba decirle. Ella se subió la camiseta, él miró con deseo sus pechos escondidos en el sujetador rosa. Descubrió  una pequeña cicatriz en el pecho izquierdo. Aquel día, después del examen, me enamoré. Me fui porque no puedo amarte.

-No puedo lograr una vida decente a tu lado.  Sentenció ella.

Él tragó saliva. Acarició la cicatriz. Ella cerró los ojos. Él apretó levemente su mano allí y susurró: Para siempre.