sábado, 18 de enero de 2014

El hombre que rezaba en silencio



Es domingo, hemos decidido ir a misa. A unos metros de distancia hay un hombre encorvado con camisa azul y unos pantalones que le están un poco cortos, tiene las manos juntas en forma de rezo. Yo acompaño a mi madre, está ensimismada en la imagen de Jesucristo. Yo me dedico a observar a los cristianos. Ese hombre que ha llamado mi atención se quita las gafas y se frota los ojos con un pañuelo. El sacerdote recita: “Por una vida apacible”
El hombre vuelve a ponerse las gafas y vuelve a juntar las manos. En su dedo anular lleva un anillo que de vez en cuando es acariciado por sus dedos. El sacerdote recita las penitencias. El hombre cruza incómodamente las piernas, se limpia el sudor de la frente y observa a su alrededor. El banco cruje cuando nos agachamos para rezar junto a los demás.

Tomad y bebed este cáliz que contiene mi sangre, la sangre de Cristo”

El hombre con los ojos cerrados debe estar pensando: Señor, toma mi corazón, sánalo, hazlo latir entre tu gloria.
Nos estrechamos las manos en señal de paz. Se sorprende ante mi contacto, veo en sus ojos orillas inundadas. ¿Por qué va a usted a misa? Me atrevo a preguntarle. Él me responde en silencio, sonríe con dulzura y después se marcha.

miércoles, 8 de enero de 2014

Mon adversaire favori.



Estar en una lavandería y conocerte. Hablar contigo hasta que nos den las una, las dos, las tres. Apoyar mi cabeza en tu hombro y fingir que todo está perfecto así como está. Observaremos como las lavadoras hacen su trabajo, no habrá nadie más aquí. Estaremos solos, sentados en sillas de plástico. Hablaremos sobre los grandes músicos, los colores que nos gustan y sobre nuestras afinidades. Sonreirás y me gustará ese hoyuelo en tu mejilla. Me pintaré un poco los labios para que así desees besarlos. Iremos a alguna cafetería y desayunaremos tostadas. Dibujaré un corazón con el azúcar. Me aprenderé tu primer apellido porque a veces los segundos se olvidan. Preguntarás cual es mi meta en la vida y te escribiré el poema más bonito del mundo.

Iremos a alguna gasolinera porque las tiendas están cerradas cuando ya la noche alcanza el mundo. Compraremos helado y nos sentaremos en algún banco. Se escapará mi mirada por tus dedos por si encuentro en ellos una  prueba de fidelidad. Al llegar el amanecer tendremos que decirnos adiós, volver a nuestra rutina, porque aunque no lo parezca, a veces se desea llevar la vida de siempre. Al llegar la noche, escaparemos como gatos y tendremos la certeza de que una noche para nosotros, es el principio de muchas noches más.

miércoles, 1 de enero de 2014

Fin de año




Después de las uvas en fin de año, las calles se inundan de fiesta. Había incluso coches con el parabrisas repleto de serpentinas de colores. Con los pies doloridos, mi amiga y yo nos sentamos en un banco. La discoteca se había llenado de gente. Respiramos aire puro, algunos jóvenes salían también, frotándose los brazos. Una mujer de  aproximadamente unos cuarenta años, se sentó a nuestro lado. Llevaba un abrigo de piel y su maquillaje aún estaba intacto. Tenía labios de muñeca y los ojos bien pintados de suaves sombras beige.

-         Nunca sé cómo llevar estos zapatos- dijo quitándose los zapatos de tacón.

Un hombre y una pareja se aproximaron hacia nosotras. Él hombre parecía ser su marido, porque se quedó a escasos centímetros de ella, preocupándose de su estado. La pareja la miraban con cansancio. El chico tenía los brazos cruzados y su novia tenia la cabeza inclinada en el hombro de él.

-         Mamá siempre te pasa lo mismo- replicó el joven.
-         No es mi culpa querer lucir de buen grado el fin de año- se defendió la mujer. Luego se giró hacía nosotras y dijo- ¿Podéis creer que mis pies no se acostumbran a ellos?

Yo contesté con total seguridad.

-         La comprendo perfectamente.

Mi respuesta  pareció aliviarla. 

-         Ahora entiendo porque te dicen “Mamá Mayoral” porque vayas donde vayas siempre haces amigos- dijo el joven entre risas.

La mujer frunció el ceño y alzó la cabeza bien alta, en señal de orgullo. Desde luego, tenía elegancia y un humor muy característico. Nosotras sopesamos la idea de volver a entrar en la disco- ya que teníamos el sello en nuestra mano- porque empezábamos a tener frío. Pero al ver la larga cola de gente que esperaban entrar, decidimos retornar a casa. La mujer volvió a ponerse los zapatos de tacón y se levantó con la ayuda de su marido.

-         Ha sido un honor haber hablado un ratito con vosotras- dijo con una sonrisa.

Nosotras contestamos lo mismo. Nos felicitamos el nuevo año y vimos como se alejaba con torpeza del brazo de su marido, y la pareja detrás de ellos. Caminamos debatiendo si ir a casa o seguir buscando lugares para bailar,  pero era ya muy tarde y el ambiente no se presentaba muy cautivador. No importaba, lo habíamos pasado bien, rodeadas de nuestros amigos, de vida, de esperanzas. Aquella noche era el comienzo de un nuevo año.