domingo, 17 de agosto de 2014

El agujero




El agujero se encontraba dividido entre dos robustas ramas de un árbol. Penélope siempre había temido ese lugar. Su madre le contó la leyenda. Se decía que quien se metiese allí, traspasaría a otra dimensión. A Penélope, aquella historia le recordaba al cuento de Alicia en el país de las maravillas. De vez en cuando asomaba su cabeza allí, pero no veía nada salvo una oscuridad absorbente. Algunas personas se habían atrevido a desafiar la leyenda, adentrándose en lo más profundo del misterio. Hay quién dice que consiguieron regresar mediante un conjuro o rezo, otros no volvieron jamás. La hermana de Penélope- Juliet- tuvo valor y se adentró en el agujero. Era como un pozo. Su voz vibraba en el eco del vacío. Juliet le hablaba desde dentro.

-Aquí solo hay oscuridad. Tengo miedo- decía con desesperación.

Penélope la convenció para que caminase unos pasos. La voz de su hermana no volvió a oírse.

Desesperada, Penélope le confesó a su madre lo que Juliet había hecho.

-Maldita sea, maldita sea- farfullaba sin cesar.

Aquella noche hizo tormenta. Penélope y su madre estaban sentadas una frente a la otra al lado del agujero maldito. Llamaban a Juliet, pero no obtuvieron respuesta. Invocaron mediante rezos y plegarias al espíritu que se decía que era la salvación de las almas. Los relámpagos eran cada vez más seguidos. Los rezos disminuyeron. Comprendieron entonces que una vida debería ser arriesgada para salvar la otra. Penélope decidió ir en busca de su hermana. Con inseguridad y temor, asomó lentamente la cabeza por el agujero, de nuevo la oscuridad la abrazó. Impulsó su cuerpo hacía adelante y se dejó caer. La oscuridad era cada vez más densa. No se oía absolutamente nada. Era  un lugar sin vida. Cuando aterrizó en el suelo, se sorprendió que fuese esponjoso. Penélope se preguntó si acaso no estaría encima de las cabezas de los desaparecidos. A pesar de que no podía ver nada, caminó unos pasos, dejándose llevar por la intuición. Después de un largo rato caminando sin parar, vislumbró a lo lejos una explanada de tierra pedregosa. Una pequeña esfera pálida y brillante flotaba sobre una cortina de cielo. Era un bonito lugar, pero al mismo tiempo, parecía esconder algo insólito. Penélope llamó a pleno grito a su hermana. El eco de su voz le fue devuelto. Las piedras se clavaban en la suela de sus zapatos. Una ligera brisa que olía a azufre sacudía su cabello. Siguió llamando a su hermana.

Cuando la desesperanza la invadió, unos pasos rompieron el silencio. A su alrededor solo había tierra y vacío. Oyó decir: hermana, hermana. Sálvame.
Angustiada Penélope rezó con énfasis, invocó al espíritu, se arrodilló. Una fría y huesuda mano tocó su hombro.

-Despierta, despierta.- vio el rostro de su hermana sonriéndole.

Eufórica, Penélope miró a su alrededor, estaban en casa. ¿Cómo habían llegado hasta allí?

-Has tenido una pesadilla- dijo Juliet.


Ambas se abrazaron. Penélope nunca antes había sentido tanta felicidad. Días después, caminando por el bosque, las dos hermanas descubrieron que el camino a casa había desaparecido. Asustadas pero no vencidas, caminaron agotadas. Penélope reconocía el lugar, todo aquello lo había visto antes. Vio con terror que a unos metros se encontraba el agujero maldito dividido en dos robustas ramas de un árbol.

 

3 comentarios:

  1. ¡Vaya, qué distinto a lo que leo tuyo...!
    Me gusta, que haya variedad en lo que haces.
    Un abrazo.

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  2. UN RELATO DE AUTÉNTICA FICCIÓN. LE HAS PUESTO MUCHA IMAGINACIÓN Y TE HA SALIDO BIEN, COMO TANTOS OTROS. LAS NUEVAS LECTURAS ABREN EL HORIZONTE. UN ABRAZO.

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  3. Una pesadilla a punto de convertirse en realidad. Me encanta.
    Un beso

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