lunes, 9 de junio de 2014










Esperábamos sentados en la mesa. Una bandeja de pollo y puré de patatas. Mi estómago rugió.

-¿Dónde demonios se habrá metido el talado de vuestro padre?- despotricó mamá.

Miré a mi hermano, éste se encogió de hombros. Nuestro padre apareció media hora después, vestido con un uniforme militar, botas de campo y una gorra de visera. Llevaba colgado del hombro una vieja radio. Recuerdo que sonaba Piccolissima Serenata. Mi padre bailaba a medida que entraba en el salón y se sentaba para servirse la comida. Mi madre boquiabierta, nosotros riéndonos por lo bajo.

-¿De qué demonios vas vestido?- gritó mamá dando golpecitos en la mesa con sus dedos ensortijados.

-¿Acaso no recuerdas, querida, que hoy es nuestro aniversario?- dijo nuestro padre, guiñándole el ojo. Después señalándonos a mi hermano y a mi con el tenedor dijo: ¿queréis saber como nos…?

¡Antonio ni se te ocurra contarles a los niños como nos conocimos!



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