viernes, 9 de mayo de 2014

Una experiencia inolvidable









Era la primera vez que iba a un balneario. Al entrar, creí que me encontraría con la sofocante humedad de piscinas climatizadas y saunas. Pero cuando vi la estancia tenuemente iluminada de velas y música sensual, supe enseguida que aquello no era lo que esperaba. Cristian, mi acompañante y amigo, me susurró en el oído que era una sorpresa.
Aquello era hermoso. Todo estaba ambientado en el siglo XVIII. Un amplio y largo pasillo de puertas blancas y paredes de terciopelo rojo nos conducía a una experiencia inolvidable. Cristian me dio cinco minutos para cambiarme en el vestidor. Colgada de una percha había una bata rosa de seda. Un ligero aroma a vainilla y canela flotaba en la habitación. Me la puse con delicadeza, sintiendo con placer la fina tela sobre mi piel desnuda. Él me esperaba en una habitación semioscura donde colgaba una enorme lámpara de araña. Una chimenea artificial que hacía parpadear la habitación en llamas anaranjadas y amarillas. Él también se había puesto una bata, de color verdiazul. Deseé besarle hasta borrarle los labios, pero contuve mi gratitud hasta el final. Nos masajearon la espalda con chocolate. A nuestro lado, reposaba sobre una redonda y pequeña mesa de madera, un cuenco de metal que contenía fresas. La compartimos boca contra boca,
Fuimos conducidos a varias salas distintas, ambientadas en épocas diferentes. Pero fue la de imitación suite real la que me excitó sobremanera. En el centro de la estancia nos esperaba una preciosa tina llena de agua y pétalos de rosas. Dos pequeñas toallas blancas reposaban sobre el filo de la bañera. Cristian y yo nos miramos y enseguida supimos que era donde más tardaríamos en salir.


2 comentarios:

  1. Eso se llama experimentar con todos los sentidos a un mismo tiempo.

    ResponderEliminar
  2. Una experiencia para repeti..!Ummmmm!

    ResponderEliminar