sábado, 29 de marzo de 2014





Nos disolvemos entre las personas. Un gran evento de cerveza alemana y concierto dedicado al día de San Patricio. Llevo puesta mi chaqueta de cuero negra para identificar mi gusto por el rock. Mis amigos están felices, me hacen estarlo a su lado. Pedimos tinto, hablamos, inmortalizamos el momento con fotos. Observo a las personas. Mis amigos saben que es una faceta mía, un despiste, tal vez una virtud. Me gusta observar, podría quedarme horas haciéndolo. Cada persona lleva una identidad, una historia, una cicatriz. Son felices, al menos aparentan estarlo. El ambiente nos motiva. Hay jóvenes que se dedican a bailar encima de las mesas o ir de un lado a otro para ver a quién encuentra. En esta pequeña ciudad es fácil encontrarse con viejas amistades o conocidos. Es una de las cosas que más me gusta de este lugar, su singularidad. Pedimos otro tinto, ya van dos. Empiezo a notar como el placer de reír inunda mis venas. No se está permitido pensar ni entristecerse. Damos vueltas, revolviéndonos entre la multitud. Nos agarramos de la mano para no perdernos. Siento el aliento de alguien en mi nuca. Alcohol, tabaco, fiesta. Los servicios son cabinas estrechas que constan de un espejito interior en la puerta. El inodoro está manchado de gotas de orina.

Un grupo de chicos tocan canciones de los Rolling Stones, ACDC, Nirvana…
Bailamos, eso es lo que importa: vivir. Olvido tristezas.


15/03/2014

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