martes, 5 de noviembre de 2013

A mi hermana, la personita que más quiero en esta vida.








Después de tanto tiempo hemos vuelto a encontrarnos. Las mismas expresiones, tu carita no cambia, la felicidad dibujada en nuestros labios. En esos rasgos perdura nuestra complicidad. Hemos reído por ese devenir de nuestros pasos, que silenciosos y traviesos, corrían por el campo empapado de violetas y jazmines. En nuestro pelo dormía el otoño.

Hoy, después de diez años, vuelvo a compartir contigo ese eterno recuerdo, tan nuestro. Tú, con tres años, vestida con ese conjunto de color melocotón, y tus labios mojados de brillo labial. Yo a tu lado, con mis nueve años, muy diferente a ti, siempre con la mirada perdida y curiosa. Nuestros padres que en aquel tiempo jugaban a besarse para olvidar que ya no se deseaban, la familia reunida y feliz, inmortalizados en ese momento. Tu mano apretada en la mía, dejándote guiar por mis pasos, apoyando tu cabeza en mi hombro. Nos hemos hecho mujeres, de secretos compartidos, de cálidas noches narrando aventuras, mientras el atardecer hervía en el cielo, pintándonos de rojo el pelo. Los años disparan al tiempo, el pasado se ha escapado por la puerta de nuestras experiencias, ahora tenemos el presente. Lo más importante es que tú sigues ahí, a mi lado, iluminándome con tu presencia.



viernes, 1 de noviembre de 2013

Halloween ( El terror llama a tu puerta)









Ha recibido una llamada, solo escuchaba un susurro que erizó el vello de sus brazos. Colgó asustada. De reojo mira el calendario: 1 de noviembre. Alguien llama a la puerta, cree que son los niños pidiendo caramelos, pero decide ignorar el insistente timbre de la puerta. La calabaza agujereada en forma de terror late rayos naranjas. Decide comer sola, la cena nunca ha de servirse fría. Una sensación vertiginosa lame sus extremidades e inunda su garganta. Vuelve a sonar el teléfono, duda en recibir esa voz que no dice nada, esa voz que cree que pertenece al temor. Tiembla su mano, descuelga.

-Esta noche a las doce, dejaré algo bajo tu puerta- dice la voz.

Ella cuelga asustada. Mira el reloj, quedan diez minutos para la hora señalada. Ya no puede acoger comida en su estómago. Se muerde las uñas de las manos, pasea de un lado a otro. La noche empieza a fundirse en sus pupilas. Alguien da tres golpes fuertes en la puerta. Ella se lleva una mano a la boca, de esa manera atrapa el grito. Camina muy despacio, arrastrando los pies, el pomo está muy frío. Si hubiese mirilla sabría quien sería. Se encoge al escuchar una risita traviesa. En ese momento se va la luz. ¡Maldita casualidad!

Otros tres golpes (esta vez más suaves) Pom… pom…. Pom…

¿Qué debería hacer?

Vuelve a escuchar la risita. Le es familiar. Al abrir la puerta con decisión y valentía encuentra dos figuras vestidas de fantasma. Esta vez no puede atrapar el grito. Cuando cree que en cualquier momento se desmayará, la figura más pequeña ladea la tela blanca y deja al descubierto su identidad. La otra figura no puede evitar romperse en carcajadas.

- Abuela, ¿has olvidado que hoy es halloween?