jueves, 24 de octubre de 2013

Este jueves relato: Dibujos animados.





Desde Heidi, Marco, Tom y Jerry, Oliver y Benji, los Picapiedra, Looney Tunes, Scooby Doo, hasta los simpson. Dibujos que marcaron toda una vida. Hace poco mi mejor amiga puso un recopilatorio de escenas de Dragón Ball. Admití que fue la única serie que no vi.

-  ¿¡Cómo es posible!?- exclamó ella llevándose las manos a la cabeza.

Me encogí de hombros. ¿Sería yo la única chica de este planeta que no había visto Dragón Ball?

-   He visto Heidi, también Marco, eso ya es un privilegio- me defendí.

Ella enarcó una ceja, y murmuró entre dientes:

- Es catastrófico que nunca hayas visto una serie tan magnífica como Dragón Ball.

Entre mi exquisita colección de dibujos animados, encontré una película que seguramente ella no había visto en su vida. Ella sostuvo sorprendida el video entre sus manos, y como sabía que haría, preguntó qué demonios era eso.

- Te presento a FernGully: Las Aventuras de Zak y Crysta - dije vanagloriadamente.

Mi amiga siguió en silencio. Paseé detrás suya inclinándome hacía ella y dando golpecitos en la carcasa del video.

-Apuesto a que esta no la has visto ¿verdad?- inquirí.

-N… no.

Disfruté al ver una gotita de sudor resbalando por su sien.

-¡Es catastrófico que no hayas visto esa película!- ahora me tocaba a mí devolverle su merecido.

Ella frunció el entrecejo y musitó por lo bajo:

-Sé mucho de series, probablemente nadie sabe tanto como yo de animación.- dijo con gesto jactancioso. 

- Y yo sé mucho de dibujos animados.

Nos sentamos en el sillón, sin hablarnos. Sin embargo, aunque intenté disimular mi triunfo, me alegré que en ese momento ella estaba a mí lado, viendo por primera vez “ Ferngully: Las Aventuras de Zak y Crysta”

Después me tocó a mí  ver el primer capitulo del aclamado Dragón Ball.


lunes, 21 de octubre de 2013

Fundir el hielo




Suena una canción de Alannah Myles - Black Velvet, una de mis favoritas. Llevo un vestido muy corto comprado en rebajas y zapatos de tacón. Me he atrevido a invitar al chico que encontró mi monedero encima del asiento del autobús. Preparo la mesa, enciendo dos velas y coloco dos platos mientras acabo mi arroz risotto. Me miro al espejo por enésima vez, me retoco, vuelvo a pintarme lo labios. No llevo ropa interior, nunca se lo que puede ocurrir. Lleno dos copas de vino y meto en un cuenco de cristal, hielo. Cuando suena el timbre respiro hondo y reviso que todo está debidamente colocado y listo. Mi corazón enloquece cuando abro la puerta. Pelo moreno, engominado hacia atrás, mandíbula fuerte, ojos de lince, uno ochenta de estatura, vaqueros y camisa azul Lacoste. Hago un esfuerzo para no tambalearme hacia atrás, no me lo esperaba tan guapo. 

- ¿Eres Lidia?- Pregunta, encuentro en su voz océanos de fuego. 

Solo puedo afirmar con la cabeza. Le invito a pasar. Sonríe cuando ve la mesa preparada.

 - Pensé que solo querías que te trajese el monedero.- Susurra. 

- Eso mismo pensé yo.- Respondo. Al ver el cuenco de cristal con hielo, él me mira profundamente. Trago saliva con dificultad, es una suerte que no lleve ropa interior porque incluso creo que se me caería. No sé su nombre, ni me importa. 

- ¿No crees que ese hielo estaría mejor en otra superficie?- Dice mirándome de arriba abajo. 

- Sorpréndeme.- Le pido. Con pasos lentos y seguros, se acerca, sin dejar de mirarme. Lleva entre las manos el cuenco de cristal con el hielo dentro y me preparo para desnudarme. Me quito el vestido, se escurre por mi piel. A él parece derretirle la idea de ir sin ropa interior. 

- Túmbate en la mesa.- Ordena. 

- ¿En la mesa?- Contesto. Aún están los platos y las copas de vino. Dejo la mesa libre y me tumbo encima. Estoy totalmente desnuda frente a un desconocido atractivo que lleva entre las manos un cuenco con cubitos de hielo. Intuyo lo que hará, pero aguardo a que dé el paso. Coge un cubito, lo pasa por mis labios entreabiertos, bebo las gotitas frescas que empiezan a derretirse. Después lo pasa por mis pezones que duros ya de por sí se estremecen y encogen ante ese gélido pero excitante contacto. Recorre mi vientre con el cubito casi deshecho, tiembla mi piel. Abro mis piernas, dispuesta a recibirle, en el seno de mi intimidad. Él juega, deteniéndose en el ombligo. Mi mirada le suplica, él sonríe con placer. Con las últimas gotas de ese cubito ya deshecho recorre mi sexo, muy despacio, y me siento morir allí mismo. 

- A esto llamo fundir el hielo- Dice con orgullo. Después dice que tiene que irse, pero que este juego no ha terminado. 

- ¿Y me dejas así?- Le replico. 

A lo que él contesta con total seguridad: 

 - Es mejor que sufras un poquito para que desees con más fervor abrirme la puerta la próxima vez. 
Días después aparece una nota bajo mi puerta que dice que esa misma noche lo reciba desnuda. Miro de reojo el armario de madera que hay al lado de la mesa. Dentro guardo una colección de juegos sexuales que ni se imaginaria. Sonrío con malicia.

jueves, 17 de octubre de 2013

Este jueves un relato: CELOS



Los celos queman, enloquecen. A él no le gusta verme disfrazada de solitaria, porque ya sus besos son pegatinas. Cuando me abraza siente que me tenso, lo nota incluso cuando le observo. En las noches se acurruca a mi lado, intenta darme calor con su piel, porque sabe que yo soy fría incluso en verano. Coloca en el frigorífico notitas para que no se me olvide la compra y un posdata firmado con un te quiero. Pero no soy la misma, mis sueños son distintos, sueño en utopía. Él arruga el entrecejo y se muerde los labios. Nos quedamos en silencio. He encontrado abierto mi bolso, el pintalabios y el espejo en el suelo, el monedero gracias a Dios conserva el dinero que guardé. Pero la foto del hombre que siempre llevo conmigo está rota en dos. Sé quién ha sido. Entro en la habitación, él finge dormir. La  persiana azul hace juego con el edredón. Me siento en la cama, acarició su mejilla cálida y apoyo la cabeza en su corazón. Pum Pum Pum Pum latidos que se aceleran. La respiración se hace más intensa.

-    Te quiero, por encima de todo- le susurró a pesar de que él tiene los ojos cerrados. Y antes de marcharme su boquita hace nacer una sonrisa.

    - Y yo a ti mamá.

martes, 15 de octubre de 2013



¿ Qué os sugiere esta fotografía? ¿ Qué historia le daríais a esta imagen?

miércoles, 2 de octubre de 2013

Este jueves: El camino






Aparto la cortinita de la ventana, el sol se rompe en las montañas, los campos visten de otoño. Los árboles parecen papel.

En mi maleta solo llevo un camisón, un libro y mi perfume. Viajo en  tren. En este momento desearía que hubiese una bandeja con pocillos llenos de leche templada.

Un hombre está sentado a mi lado. Lleva un sombrero y polainas. Bigote, aspecto melancólico. Él también observa el paisaje. Siento el roce de sus rodillas cerca de las mías, pero ignoro la sensación. Acaricio mi rostro, he envejecido, lo suficiente para sentir tersa la piel, forzada a mantenerse apacible, ocultando el disgusto, la tristeza. Es curioso, los intensos años vividos, inundados de experiencias. Conocí muchos hombres, amantes, poder. He traicionado mi dignidad. ¿En qué me he convertido? ¿A quién busco?

El hombre que hay a mi lado susurra algo que no logro entender. De repente lo siento, siento su cálida y áspera mano, sus dedos arrugados acariciando mi cabeza. Cierro los ojos. Al principio temo. Después me dejo hacer. ¿Es posible sentir diversas sensaciones con un solo roce? Yo, que tanto había dado a los hombres, yo, que había dejado mi piel en sábanas ligeras y desconocidas. Ahora me dejo tocar por otras manos muy distintas. Unas manos que huelen a papel y tabaco.

Observo mi maleta, tan poco hay dentro, tan poco de mí. El hombre cuyo sombrero está ahora entre sus piernas, se echa el pelo hacía atrás, brillante, moteado de gris. Su aliento huele a anís. Es un hombre mayor, se sabía por ese sombrero, el bigote, la mirada perdida. A su lado soy tan solo una joven anciana que sostiene cerezas muertas entre los dedos. El hombre señala  un cartel rectangular. Veinte kilómetros para Galicia. No le miro, pero sonrío. Tiene mi respuesta.