lunes, 30 de septiembre de 2013



El adiós

Recogí esta brizna en la nieve
Recuerda aquel otoño
                                       En breve
No nos veremos más
                                       Yo muero
Olor del tiempo brizna leve
Recuerda siempre que te espero

( Guillaume Apollinaire)



Ella tuvo toda una vida para amarle, yo solo le ofrecía veranos para quererle. Ella se despertaba rodeada de hortensias, yo de cactus. Ella llevaba los vestidos más hermosos, yo vaqueros y trenzas. Deseábamos al mismo hombre. Le conocí cuando cumplí ocho años, ella a los diez. Él besó mis mejillas, a ella los labios. Conocí la luna en sus retinas, ella solo veía meteoritos en las suyas. ¿Cómo es posible que estando alejadas por las horas, los años, hayamos coincidido en el mismo corazón Le deseo, ella lo ata, le hace ganar y perder, le hace escribir desdichas en papeles de hojalata. Mi escritura es limpia, virgen, hago vivir ese amor por él a través de la pluma fecundada en tinta.

Ella no escribe, ensucia con sus dedos el papel timbrado. Sabe que tiene toda esa vida para amarle sin amarle. Sin embargo he de conformarme con observarlo, cogido de esa mano vestida de mentiras. Le amo sin poderlo amar. He decidido hacerme amante suya a través de la escritura. Le hago el amor en versos, pero él no adivina que se esconde a través de las palabras. Cada verano me permite amarlo, le sostengo entre mis brazos rotos, y con mis labios henchidos de esperanzas me atrevo a besarle muy despacito, sin asustarle, como ha de ser. Porque es así como he de amarle, con esta vulnerabilidad y amistad, con este silencio. Ella tiene toda la vida para amarle, yo solo tengo veranos para esperarle, para quererle.

martes, 24 de septiembre de 2013

El puerto y nosotros


Caminamos por el puerto. Acaricio tus dedos, me gusta sentir esa sensación de estar pegada a ti. Llevamos tres días durmiendo en una pequeña habitación de un hostal que hay cerca de la playa. Me colocas un mechón detrás de la oreja y confiesas que estoy preciosa en esta mañana. Quiero sentarme en un banco, cerca del muelle, contarte alguna historia. Pero sé que no compartes esa pasión. Ofreces tu amor de otra manera. Te desnudo el corazón, he descubierto en ti un poema que debería escribir. Pero aún es pronto, algún día cuando crea conocerte lo suficiente te haré protagonista de mis novelas.

Nos dejamos acariciar por el sonido del mar. Cierro los ojos, vuelo lejos. Acercas tu boca a mi oído y escucho tu respiración. Es lo que me trae de vuelta, este amor que has creado con el paso de los años. Las sombras de las personas que caminan a nuestro alrededor también guardan secretos. Los niños montan en bicicletas, hay parejas que caminan en silencio, hablándose con la mirada. Mis labios se entreabren, es una manera de pedirte que me beses, siempre deseo hacerlo, aunque se te olvide. Cuando me besas siento que es a ti a quién debo besar siempre, lo sentí desde el primer día.

Acodados en la barandilla de un puente que había cerca de una plaza me preguntaste por qué me gustaba tanto escribir. “Escribo para vivir y para morir” te respondí. Tu mirada delataba que no lograbas comprenderme. Acerqué mi cuerpo al tuyo, ese acercamiento íntimo, un abrazo que no lograba ser entero, delatándome frente a tus ojos, también escribía para ti.

Permanecemos callados, tenemos que regresar. En esta noche, el pueblo lanza cohetes, festeja una fiesta que ignoramos. Te tumbas a mi lado. “La noche es la llave que guarda a otro día” susurras y hundo la cabeza en tu hombro, deseando que al día siguiente nos queramos más. Es en la noche donde te hago mío, acaricio tu sombra, como si naciese de la melodía de un piano. Tu sombra, que se destiñe cuando el crepúsculo hierve en el horizonte. Es maravilloso poder escribirte de esta manera, cuando duermen los dioses y mi ventana está abierta. 



http://www.youtube.com/watch?v=Q3M8s5NGeS4

lunes, 16 de septiembre de 2013

Adopté a Whitman




Encontré a Whitman en una tienda de libros de segunda mano, apilado junto a otros libros de diferentes volúmenes. El título revelaba: Canto para mí mismo” por lo que enseguida suscitó en mí la curiosidad innata de cogerlo entre mis manos. Al llegar la noche empecé a abrir el corazón de Whitman y encontré su canto a la verdad, a la libertad, el canto de la vida. Subrayé algunas frases que pondré bajo este texto, palabras que han llegado al alma, a la mía. En su epígrafe final cita lo siguiente: A ti, quienquiera que seas (bañando con mi aliento esta hoja para hacerla creer, oprimiéndola un instante entre mis manos vivas ¡toma! ¡Mira como me late el pulso en las muñecas! ¡Cómo dilata y contrae la sangre mi corazón!) Me ofrezco a ti, en todo y para todo, me ofrezco a mí mismo, prometiendo no dejarte jamás, de lo que doy fe firmando con mi nombre.


Me pregunté cómo era posible que le hubiesen abandonado allí. Un libro como aquel, con bellos y sinceros versos, con el canto de su voz escondida, su silencio herido. Entonces lo comprendí, él libro estaba destinado a mí, para adoptarlo y cuidarle. Para que a través de su prosa yo también cantase para mí misma, para mi verdad y libertad. Ahora entiendo eso que dicen: “No eres tú quien busca un libro, es él quien te busca a ti”

miércoles, 11 de septiembre de 2013

A ti, siempre para ti.

Anoche le dije adiós, nunca había dolido tanto decir adiós a alguien. Escribo siempre para él, para hacerlo vivir dentro de mí a través del tiempo, para encontrar la respuesta a ese dolor que siempre ha estado ahí. Un día confesó que había leído todas las poesías que escribí, dijo que eran tristes, que ahora lo entendía. Era mi manera de amarle, de golpearle, de abrirme ante él. ¿ Por qué no habría de escribir tal como me sentía?

Ahora me entiendo yo también. Empiezo a vivir, a respirar, a conocer la libertad. El miedo esta ahí, luchando dentro, la misma batalla, los mismos soldados, el mismo paísaje, la misma canción. A veces creo estar demasiado perdida, demasiado lejos y tan cerca, dulcemente atraída por el olor de la tierra que nace bajo mis pies, y sobre ellos crecen raíces, otros caminos.

Seguiré escribiendo sobre lo que veo, lo que siento, lo que sostengo y abandono. Es esta mi manera de brindarle a la vida, a la pena, a mi alma. Es esta mi forma de abrirme ante vosotros. ¿ Os sueno siempre triste? ¿ Me intuís abandonada, frágil o deshecha? somos un mundo, un parpadeo. Aquí os entrego trocitos de estrellas, pedacitos de mi alma, de mi cabeza, y sobre todo de mi corazón.

Y a ti, vida mía, tú que siempre serás mi caballero, mi suspiro, aquí te entrego mi verdad y mi adiós, serán a través de las letras dónde me encontrarás, y en esta canción que pongo para ti.

http://www.youtube.com/watch?v=r25vNKMPXjk

viernes, 6 de septiembre de 2013


-        Fíjate en ese hombre. La única compañía que tiene es un vaso de vino. Me gustaría preguntarle por qué bebe a estas horas de la noche.
-     Por pena. Para soñar con nubes sedadas, vacías de recuerdos. Para acariciar en su lengua el sabor de la soledad. Si, debe ser eso, por pena. La pena es lo que arrastra a las personas, la pena es la mayor enemiga de un borracho, de un mendigo.