lunes, 21 de octubre de 2013

Fundir el hielo




Suena una canción de Alannah Myles - Black Velvet, una de mis favoritas. Llevo un vestido muy corto comprado en rebajas y zapatos de tacón. Me he atrevido a invitar al chico que encontró mi monedero encima del asiento del autobús. Preparo la mesa, enciendo dos velas y coloco dos platos mientras acabo mi arroz risotto. Me miro al espejo por enésima vez, me retoco, vuelvo a pintarme lo labios. No llevo ropa interior, nunca se lo que puede ocurrir. Lleno dos copas de vino y meto en un cuenco de cristal, hielo. Cuando suena el timbre respiro hondo y reviso que todo está debidamente colocado y listo. Mi corazón enloquece cuando abro la puerta. Pelo moreno, engominado hacia atrás, mandíbula fuerte, ojos de lince, uno ochenta de estatura, vaqueros y camisa azul Lacoste. Hago un esfuerzo para no tambalearme hacia atrás, no me lo esperaba tan guapo. 

- ¿Eres Lidia?- Pregunta, encuentro en su voz océanos de fuego. 

Solo puedo afirmar con la cabeza. Le invito a pasar. Sonríe cuando ve la mesa preparada.

 - Pensé que solo querías que te trajese el monedero.- Susurra. 

- Eso mismo pensé yo.- Respondo. Al ver el cuenco de cristal con hielo, él me mira profundamente. Trago saliva con dificultad, es una suerte que no lleve ropa interior porque incluso creo que se me caería. No sé su nombre, ni me importa. 

- ¿No crees que ese hielo estaría mejor en otra superficie?- Dice mirándome de arriba abajo. 

- Sorpréndeme.- Le pido. Con pasos lentos y seguros, se acerca, sin dejar de mirarme. Lleva entre las manos el cuenco de cristal con el hielo dentro y me preparo para desnudarme. Me quito el vestido, se escurre por mi piel. A él parece derretirle la idea de ir sin ropa interior. 

- Túmbate en la mesa.- Ordena. 

- ¿En la mesa?- Contesto. Aún están los platos y las copas de vino. Dejo la mesa libre y me tumbo encima. Estoy totalmente desnuda frente a un desconocido atractivo que lleva entre las manos un cuenco con cubitos de hielo. Intuyo lo que hará, pero aguardo a que dé el paso. Coge un cubito, lo pasa por mis labios entreabiertos, bebo las gotitas frescas que empiezan a derretirse. Después lo pasa por mis pezones que duros ya de por sí se estremecen y encogen ante ese gélido pero excitante contacto. Recorre mi vientre con el cubito casi deshecho, tiembla mi piel. Abro mis piernas, dispuesta a recibirle, en el seno de mi intimidad. Él juega, deteniéndose en el ombligo. Mi mirada le suplica, él sonríe con placer. Con las últimas gotas de ese cubito ya deshecho recorre mi sexo, muy despacio, y me siento morir allí mismo. 

- A esto llamo fundir el hielo- Dice con orgullo. Después dice que tiene que irse, pero que este juego no ha terminado. 

- ¿Y me dejas así?- Le replico. 

A lo que él contesta con total seguridad: 

 - Es mejor que sufras un poquito para que desees con más fervor abrirme la puerta la próxima vez. 
Días después aparece una nota bajo mi puerta que dice que esa misma noche lo reciba desnuda. Miro de reojo el armario de madera que hay al lado de la mesa. Dentro guardo una colección de juegos sexuales que ni se imaginaria. Sonrío con malicia.

13 comentarios:

  1. Así cualquiera pierde un monedero.

    ResponderEliminar
  2. Esta tarde se ha fundido muuuuuucho hielo , jajaja, muy bueno Sara
    Un beso.

    ResponderEliminar
  3. Que digo yo que será cuestión de caminar mirando al suelo, a ver si hay suerte y me encuentro un monedero por ahí. Y yo pensando, iluso de mí, que el sitio más idóneo para los cubitos de hielo era un vaso de cubata.
    Has dibujado una alta tensión erótica en tu relato. Me gusta.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Muy bueno Sara, me ha gustado mucho. Esta tarde se rifaban monederos. Yo, sentado como sabes a tu lado, dejé caer el mio con disimulo, pero .... ni por esas. Beso grande.

    ResponderEliminar
  5. La verdad es que los hay capullos de toda capullez.

    ResponderEliminar
  6. Hasta donde me ha tocado, olvidarme el monedero, siempre ha sido una pérdida de lamentar. Luego de leerte, creo que podría pensármelo un poco, y a ver dónde me lo dejo! jaja! Con franqueza, tu relato es capaz de derretir cualquier cosa, sensualidad a tropeles!
    Besos y linda semana!
    Gaby*

    ResponderEliminar
  7. Me encanta Sara! Te animo a que nos deleites de nuevo con la segunda parte que ha quedado pendiente, jejeje...
    Un besazo!

    ResponderEliminar
  8. Literalmente, eso si es romper el hielo :)
    Esperamos la siguiente entrega, a ver que sucede en la próxima cita...

    Bss.

    ResponderEliminar
  9. Me temo que después de leer este relato voy a mirar si alguien se olvidado su monedero en el autobús, si se llama Sarah Writter mucho mejor.
    Jajajajaja.
    Besos.

    ResponderEliminar
  10. Confiesa, lo de "perder" el monedero fue truco. Y despúes dirán que el hielo no arde.
    Veamos los artilugios, pronto que se apaga el fuego.

    ResponderEliminar
  11. Gracias por relatos como éste, Sarah- Writter. ¡Tórrido!

    ResponderEliminar