martes, 2 de julio de 2013

El joven de la carretilla


Una vez vi a un chico apoyado en una farola, tenía la mirada más triste del mundo. Vestía con un peto azul, manchado de pintura. Más tarde vi como arrastraba una carretilla llena de ladrillos. Él no sabía que yo lo miraba. Se tocó el pecho con la mano izquierda y retrocedió dos pasos antes de entrar a un edificio. Había algo en él que incitaba a observarle con interés. Era joven, demasiado tal vez, para cargar con tantos ladrillos. Un día sin ser descubierta, dejé una nota en su carretilla, cuando él la dejó por un instante ahí. En el papel cité una frase: “No permitas que aten tus manos y pies. Sé libre, como el viento, como el mar, los elementos. Esa sustancia apenas visible que alimenta la palabra, la que nunca dices”.

Observé como arrugaba levemente el papel entre sus manos manchadas. Lo vi suspirar y llevarse el papel al pecho, para dejar clavadas esas palabras ahí, respirar con ellas. No volví a verlo nunca más.

3 comentarios:

  1. Supo ver y entender lo que el chico llevaba dentro. Hay que desear que él tambien entienda el mensaje que ella le deja.
    Un abrazo Sara.

    ResponderEliminar
  2. Prosa precisa y certera.
    Nos leemos.

    Besos ;-)

    ResponderEliminar