miércoles, 29 de mayo de 2013

Tarde de primavera






Recuerdo que te dije muy despacio: “Quiero que estés a mi lado cuando decida inventarte a través de mi escritura” y respondiste sin mucho afán: “Hace tiempo que estoy aquí”. A veces no comprendías como podía amar yo tanto una hoja en blanco, o un libro. Observabas como mantenía en mi regazo un ejemplar de mi escritora favorita: Marguerite Duras. Una vez te dije que cuando leía sus novelas, sentía que algo me unía a ella, me hacia vivir a través de sus palabras. 

“Cuando sonríes, el arte nace” susurraste, mirándome de esa manera tuya que me hacia estremecer. Me acerqué a ti y te abracé. Esta vez no retrocediste, podías oler mi esencia de mujer. Deseé decirte: “Ámame solo esta vez, permíteme experimentarlo” pero sabía que no podías ofrecerme lo que yo ansiaba.
Algún día te diré adiós, creo incluso que te hará sentir bien oírmelo decir. En esta tarde de primavera, los últimos rayos de sol se derraman sobre la fachada de un viejo edificio que esconde una historia. Inunda por igual algunos balcones que tienen macetas de geranios. Me quedo a tu lado, en silencio. No es necesario hablar, la mirada lo dice todo. Me acercó más a ti, y nuestros dedos se rozan, cómo si llevaran años haciéndolo.

Dijiste que estaba pálida como una luna triste. Pálida como una canción que nadie escucha. Pálida como el camisón que guardo en el último cajón, esperando que alguien me ame con el puesto. Fue entonces cuando deposité en tus labios mi último beso. Volvimos a quedarnos silenciosos, sin tener nada que decir, observando la vida, las personas y el constante vaivén de los coches que circulaban.

“Qué inocente es la juventud” pensé. Algún día escribiré con el corazón roto, pues dicen que se escribe deliciosamente cuando estamos llenos de heridas.
Escribiré sobre ti, sobre mí, sobre estas tardes a tu lado. Escribiré hasta que se cierren mis parpados, hasta que las palabras escuezan y no me quede más remedio que descansar. Un descanso que se me antojará extraño, impasible. Me abandonaré en la soledad, el delirio. Pero sobre todo escribiré para hacerte vivir a través del tiempo. 




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