viernes, 22 de marzo de 2013

C&L



Dormí con un libro de poesía. Mis sueños encontraron los dientes de las montañas y entre la resina tu viejo recuerdo. Tu imagen se pronunciaba mientras sonaban las doce de la noche, hora de brujas. Me acurruqué entre mis sábanas dolidas y confesé a la almohada mis noches sin sentido. Esta noche de luna llena, divago en el baúl de mi intimidad y encuentro caricias de juguetes usados.

El eterno invierno obligó a abrigarnos con nuestro aliento. Yo era tu muñeca favorita. Contigo vivía desnuda, ahora mi mundo es averno. Peinabas mi pelo rubio con tus dedos de aguja, besabas después el relieve de mi frente. Y dormíamos abrazados, imaginándonos inmortales, sin odiarnos. Nuestras camas siempre se inundaban de sueños rotos. El crepúsculo besaba nuestros labios. Dibujaste ocasos en mis pechos y trazaste rutas en mis nalgas. Me retorcía en tus brazos, hambrienta y deshecha, en nuestra maraña de secretos.
Prometiste marcharte con la noche y no supe gritarte: ¿No deseas poseerme?
Salías y el silencio se tragaba mi voz.

Escribí una nota para que la luna hiciera de mensajera. Citaba mi súplica: Si te rogase que volvieras, ¿lo harías?
¡ Jamás! Respondiste. Y me quedé con mi amor muerto entre las manos.

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