domingo, 17 de febrero de 2013

Es la hora.



Me duele, pero no captas de dónde procede el dolor. Ya no nadan peces en la pecera de mis sueños.

Me he atrevido a profundizar en este bosque que encierra un secreto. Allá a lo lejos se percibe una grieta entre los árboles. Voy a cruzar al otro lado,  mire por donde mire, sin ti solo hay vacío.

Es cierto que siempre de un modo u otro he estado vagando por diferentes caminos. He inclinado mi cabeza  sin  importarme romperme contra el viento. He estado en guerra conmigo misma demasiado tiempo. No he encontrado aún mi brújula.

Dijiste: “Te quiero”, pero no logré oírte. Solo he descubierto en este calidoscopio absurdo de mi vida, dibujos que no son dibujos, ángulos deformes. Ya no siento tu mano descubriendo mi cuerpo de mujer. Ya no percibo la melodía de tus palabras, porque he olvidado como suenan.

Lo siento” es lo que dijiste aquella noche. Después solo hubo silencio. Podía oírse  el latido del viejo reloj de cuco. Me dormí con tus manos de esqueleto, frías y duras. Bajo la cuna de mi espalda solo trazaste un camino de espinas, cicatrices que aun cuando consigo vérmelas al contemplarme al espejo, tu amor estaba lleno de dolor.

Yo hundía la cabeza en la almohada. Me vistes romperme en lágrimas, pero solo creabas un vaso nuevo, para que no se nos inundase el hogar. Nuestro feliz hogar. A veces, cuando las llamas de la lumbre crepitaban, imaginaba tu cara arder, como papel de estraza. Cuando llegabas a casa ebrio y apestando a soledad, yo ofrecía la otra máscara de mi rostro y me comportaba como una dulce y sumisa mujercita. Al apretar tus labios contra los míos como si apretases el gatillo de la pistola a una cabeza, me dejaba vencer.

Jurabas que me querías por encima de todo, que solo era una mala época. Yo volvía a caer en tu sucia trampa. Un hombre que ha olvidado amar, ha olvidado vivir. Tus pies eran como teclas borrachas de un triste piano al acercarte y rodear mi cintura. Estábamos vacíos, sin esperanza, sin reconstrucciones de un futuro. Gritaste pero yo ya no estaba, eras ese fantasma que conseguí vencer.

Voy a ser una mujer libre, un colibrí que bebe el dulce néctar de la juventud olvidada. Voy a abrir caminos y dejar puertas entreabiertas. ¿Crees que estoy loca? Al menos sé lo que quiero. No voy a dejar que me atrapen tus sucias trampas y tus mentiras. Voy a darme el lujo de amarme a mí misma. Es la hora.

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