jueves, 26 de diciembre de 2013

Reliquias de coleccionista ¡JA!







Como un granito de arroz. Ni siquiera era pintado a mano. Desmontable, ordinario, legendario. La vitrina con tres capas de polvo, un habitáculo desordenado, con olor a vino. La fachada pintada de negro con raras ventanas de plástico cristal. Una figurita tan pequeñita con la etiqueta naranja que decía: 8 E. ¿Cómo es posible que esto tan pequeño cueste tanto?

- Figuras de coleccionista, chata- bufa el vendedor con aspecto de pintor abandonado. El pelo grisáceo recogido en una coletita. Lleva un jersey de los ochenta, y vaqueros con bajos anchos. Este hombre no pertenece a nuestra generación ni esforzándose. Sin embargo, se vanagloria de su enorme y “generosa” vitrina de figuritas de ficción y cómic. No entra ni Dios allí, debe de ser porque saben que meten la nariz en un lugar dónde la crisis ha subido diez peldaños.

martes, 24 de diciembre de 2013

FELIZ NAVIDAD





FELIZ NAVIDAD A TODOS MIS AMIGOS JUEVEROS. FELIZ NAVIDAD A LA VIDA, A LOS MENDIGOS, A LOS ABANDONADOS, A LOS SIN NOMBRE. FELIZ NAVIDAD A LOS QUE SUEÑAN Y NO CESAN DE INTENTARLO. A LOS TRABAJADORES Y A LOS QUE VENDEN CUPONES DE LOTERIA. FELIZ NAVIDAD A AQUELLOS QUE SE LES MURIERON ALGUIEN Y SABEN QUE NINGUNA NAVIDAD SERÁ LA MISMA. FELIZ NAVIDAD A TODOS AQUELLOS QUE AMO Y ADORO.

QUE NUNCA PERDAIS LA SONRÍSA Y LA ILUSIÓN.

FELICES FIESTAS A TODOS.

martes, 17 de diciembre de 2013

 

 

 

CRAVE- SARAH KANE


Porque el amor por su propia naturaleza desea un futuro.
  
Y si ella no puede recordar tampoco puede olvidar
 
 Nunca sos más pòderoso que cuando creés que no lo sos
 
Y si esto no tiene sentido, entonces lo entendés perfectamente
 
Tiempo, después tiempo, y algunas excusas pelotudas.
 
Nunca te pasó eso de estar buscando en el lugar equivocado?
 
No te saques los guantes hasta que abandones la última ciudad
 
Soy de esa clase de mujeres que la gente se pregunta, quién fue esa mujer?

Sueños abstractos entre edificios por la noche 
  
Te ves demasiado feliz por alguien que no lo está
 
Dejalo que suceda
 
Yo soy una complicación innecesaria?

Tiempo. Mierda.
 
Quererte a la mañana pero dejarte dormir un rato más y besarte la espalda y estrujarte la piel y decirte cuánto amo tu pelo tus ojos tus labios y preocuparme cuando te retrasás y estar feliz cuando llegas temprano y pedirte perdon cuando estoy equivocado y estar feliz cuando me perdonas y y abrazarte cuando estás ansiosa y sostenerte cuando estas herida y y tener frío cuando sacás el acolchado y tener calor cuando lo ponés y derretirme cuando sonreís y disolverme cuando te reís y no entender cuando pensás que te peleo cuando no te peleo y sorprenderme de quien sos pero aceptarte de todas maneras y escribirte poemas y querer comprarte un gatito y ponerme celoso porque le prestás más atención a él que a mí y reternerte en la cama cuando te tenés que ir y sentir que  la ciudad entera está vacía  sin vos y sentir que me estoy perdiendo a mí mismo pero saber que estoy seguro con vos y tratar de estar muy cerca tuyo porque es hermoso aprender a conocerte.
 
Estoy intentando entender pero no lo logro
 
Du bist die liebe meines lebens (en alemán significa sos el amor de mi vida)
 
Dolor por asociación
 
La depresión es inadecuada. Que toda la escala emocional colapse es lo mínimo que se requiere para deprimirse
 
Pienso en vos
Sueño con vos
Hablo sobre vos
 
No podés salir de mi sistema

Me gustás sistema
 
Un amor puede salvarme y un amor me ha destruído
 
Anhelo el blanco sobre balnco, pero mis pensamientos rozan el tecnicolor, me despiertan, me sacan de mi calurosa colcha de la invisibilidad y dejan mi mente en nada.
 
Exprésalo,
Explicalo
Mantenelo
 
Nada de esto importa porque simplemente no estoy enamorado de vos.
 
Y estoy temblando, temblando cuando la recuerdo, cuando ella me amaba antes de que 
 
fuera su tortura, después de que no haya lugar en mí para ella, después de que no entiendéramos, de hecho el primer momento que la ví, sus ojos sonrieron llenos de sol, sentí alivio en este momento fue ahí cuando desapareció para siempre.
 
Te amo hasta cuando ahora que te encontré no puedo dejar de buscarme a mí mismo
 
Quiero sentirme psíquicamente como me siento emocionalmente.

 No soy lo que soy, soy lo que hago
 
Cuando él está generoso, amable, lindo y feliz yo sé que está teniendo un amante
 
Odio estas palabras que me mantienen viva
 
Odio estas palabras que no me dejan morir

No es aceptable para mí ser yo
 
Vos llenás mi cabeza como alguien que está presente solo puede hacerlo
 
Nadie sobrevive a la vida
 
Nunca les ocurrió eso de estar en el lugar equivocado?
   
Tengo que estar en dónde debo estar
 
Necesito cambios
 
Te enamoraste de alguien que no existe
 
No sos una mala persona, sólo que pensás mucho
 
Eso soy yo. No pèrmanezco nunca lo uno o lo otro, siempre me muevo de un extremo hasta la punta más extrema del otro
 
Lo que a veces confundo como éxtasis de felicidad es simplemente la ausencia de angustia
 
La encontré
La amé
La perdí
 
Fin
 
Paz
 
Aún cuando los sueños no son privados
 
Todos: OLVIDAR
 
Feliz y libre

viernes, 13 de diciembre de 2013

Un poco de mí






Me siento frente a una pantalla en blanco y se paralizan mis pensamientos. Escribir, escribir, tengo tanto que escribir, ¿Por dónde empiezo? Soledad, necesito soledad, mucha soledad. Mis dedos quieren golpear palabras, y sin embargo no sé por dónde empezar. Debería leer, si, eso es, leer para evadirme de ese gran problema. Pero esa necesidad sigue urgiendo dentro. Quiero escribir libros, pero no sé cómo escribirlos. Cada día encuentro historias y las meto dentro de mi bolsillo. Contaré un momento vivido ayer, de un hombre con mirada vidriosa que tenía en su mano un cupón de lotería. Aseguraba que este año tocaría, que esta ciudad no volvería a ser la misma. Con la mirada inundada de esperanzas dijo que cada cupón tiene una historia detrás. Dicen que está loco, pero yo no les creo. Los locos son sabios, aquellos que afirman una verdad que nadie más ve. ¿Y los que escriben hasta vaciarse por dentro e inundarse los dedos de tinta? Los bohemios, pintores, artistas, escritores… ¿Se nos llama locos? Si es así, me enorgullezco entonces de serlo. ¡Qué viva el arte y los que lo hacen posible!

domingo, 1 de diciembre de 2013

El cielo en una habitación



 

La habitación temblaba con la melodía de nuestro corazón. La torre Eiffel a lo lejos, palpitando  en la noche.

-         Quédate conmigo. 

-         Hasta que el tiempo cicatrice nuestras heridas.

-         ¿Y si no funciona?

-         Nunca lo sabremos.

 

Suspiro en su hombro, desearía detener el tiempo. Nunca volveremos a tener esta tersa y hermosa piel. Nuestras retinas se empaparán del monótono colorido de los días. Quiero envejecer a su lado, hasta que olvide mi nombre.

 

-         Siempre he deseado bailar esta canción contigo.

 

Guío sus manos hacía mi cintura. Bailamos muy juntos, permitiéndonos rozar las comisuras y la punta de la nariz. Il cielo in una stanza. El cielo en una habitación.

 

-         No podemos amarnos en esta vida.

-         Tal vez en nuestra próxima…

-         ¡No habrá una próxima, solo seremos esqueletos huérfanos, después polvo, después la nada!

-         Sería hermoso arropar tus huesos con los míos.

 

  Nosotros nos quedamos aquí abandonados, como si no hubiera nada más en el mundo.

 

- Es precioso bailar contigo esta canción.

- la vida a tu lado es un baile.

- Tus besos son huellas de estrellas.

  

Y así  quedamos, muy pegados el uno del otro. Sentí su corazón, lloré en silencio. Era esta la mejor forma de decirnos adiós. Después se marchó y  me asomé al mirador. Vi como mi hombre desaparecía entre las calles de París. Nuestra canción aún susurraba en la gramola. 

 

http://www.youtube.com/watch?v=UArWVllS0Ro

 

 


 


Tributo a Marguerite.

http://www.youtube.com/watch?v=SzVDQ8k-KZ0

Adoro a Marguerite Duras. La capacidad que tiene de trasmitir lo inexplicable. Aquí os comparto una gran obra suya.

martes, 5 de noviembre de 2013

A mi hermana, la personita que más quiero en esta vida.








Después de tanto tiempo hemos vuelto a encontrarnos. Las mismas expresiones, tu carita no cambia, la felicidad dibujada en nuestros labios. En esos rasgos perdura nuestra complicidad. Hemos reído por ese devenir de nuestros pasos, que silenciosos y traviesos, corrían por el campo empapado de violetas y jazmines. En nuestro pelo dormía el otoño.

Hoy, después de diez años, vuelvo a compartir contigo ese eterno recuerdo, tan nuestro. Tú, con tres años, vestida con ese conjunto de color melocotón, y tus labios mojados de brillo labial. Yo a tu lado, con mis nueve años, muy diferente a ti, siempre con la mirada perdida y curiosa. Nuestros padres que en aquel tiempo jugaban a besarse para olvidar que ya no se deseaban, la familia reunida y feliz, inmortalizados en ese momento. Tu mano apretada en la mía, dejándote guiar por mis pasos, apoyando tu cabeza en mi hombro. Nos hemos hecho mujeres, de secretos compartidos, de cálidas noches narrando aventuras, mientras el atardecer hervía en el cielo, pintándonos de rojo el pelo. Los años disparan al tiempo, el pasado se ha escapado por la puerta de nuestras experiencias, ahora tenemos el presente. Lo más importante es que tú sigues ahí, a mi lado, iluminándome con tu presencia.



viernes, 1 de noviembre de 2013

Halloween ( El terror llama a tu puerta)









Ha recibido una llamada, solo escuchaba un susurro que erizó el vello de sus brazos. Colgó asustada. De reojo mira el calendario: 1 de noviembre. Alguien llama a la puerta, cree que son los niños pidiendo caramelos, pero decide ignorar el insistente timbre de la puerta. La calabaza agujereada en forma de terror late rayos naranjas. Decide comer sola, la cena nunca ha de servirse fría. Una sensación vertiginosa lame sus extremidades e inunda su garganta. Vuelve a sonar el teléfono, duda en recibir esa voz que no dice nada, esa voz que cree que pertenece al temor. Tiembla su mano, descuelga.

-Esta noche a las doce, dejaré algo bajo tu puerta- dice la voz.

Ella cuelga asustada. Mira el reloj, quedan diez minutos para la hora señalada. Ya no puede acoger comida en su estómago. Se muerde las uñas de las manos, pasea de un lado a otro. La noche empieza a fundirse en sus pupilas. Alguien da tres golpes fuertes en la puerta. Ella se lleva una mano a la boca, de esa manera atrapa el grito. Camina muy despacio, arrastrando los pies, el pomo está muy frío. Si hubiese mirilla sabría quien sería. Se encoge al escuchar una risita traviesa. En ese momento se va la luz. ¡Maldita casualidad!

Otros tres golpes (esta vez más suaves) Pom… pom…. Pom…

¿Qué debería hacer?

Vuelve a escuchar la risita. Le es familiar. Al abrir la puerta con decisión y valentía encuentra dos figuras vestidas de fantasma. Esta vez no puede atrapar el grito. Cuando cree que en cualquier momento se desmayará, la figura más pequeña ladea la tela blanca y deja al descubierto su identidad. La otra figura no puede evitar romperse en carcajadas.

- Abuela, ¿has olvidado que hoy es halloween?

jueves, 24 de octubre de 2013

Este jueves relato: Dibujos animados.





Desde Heidi, Marco, Tom y Jerry, Oliver y Benji, los Picapiedra, Looney Tunes, Scooby Doo, hasta los simpson. Dibujos que marcaron toda una vida. Hace poco mi mejor amiga puso un recopilatorio de escenas de Dragón Ball. Admití que fue la única serie que no vi.

-  ¿¡Cómo es posible!?- exclamó ella llevándose las manos a la cabeza.

Me encogí de hombros. ¿Sería yo la única chica de este planeta que no había visto Dragón Ball?

-   He visto Heidi, también Marco, eso ya es un privilegio- me defendí.

Ella enarcó una ceja, y murmuró entre dientes:

- Es catastrófico que nunca hayas visto una serie tan magnífica como Dragón Ball.

Entre mi exquisita colección de dibujos animados, encontré una película que seguramente ella no había visto en su vida. Ella sostuvo sorprendida el video entre sus manos, y como sabía que haría, preguntó qué demonios era eso.

- Te presento a FernGully: Las Aventuras de Zak y Crysta - dije vanagloriadamente.

Mi amiga siguió en silencio. Paseé detrás suya inclinándome hacía ella y dando golpecitos en la carcasa del video.

-Apuesto a que esta no la has visto ¿verdad?- inquirí.

-N… no.

Disfruté al ver una gotita de sudor resbalando por su sien.

-¡Es catastrófico que no hayas visto esa película!- ahora me tocaba a mí devolverle su merecido.

Ella frunció el entrecejo y musitó por lo bajo:

-Sé mucho de series, probablemente nadie sabe tanto como yo de animación.- dijo con gesto jactancioso. 

- Y yo sé mucho de dibujos animados.

Nos sentamos en el sillón, sin hablarnos. Sin embargo, aunque intenté disimular mi triunfo, me alegré que en ese momento ella estaba a mí lado, viendo por primera vez “ Ferngully: Las Aventuras de Zak y Crysta”

Después me tocó a mí  ver el primer capitulo del aclamado Dragón Ball.


lunes, 21 de octubre de 2013

Fundir el hielo




Suena una canción de Alannah Myles - Black Velvet, una de mis favoritas. Llevo un vestido muy corto comprado en rebajas y zapatos de tacón. Me he atrevido a invitar al chico que encontró mi monedero encima del asiento del autobús. Preparo la mesa, enciendo dos velas y coloco dos platos mientras acabo mi arroz risotto. Me miro al espejo por enésima vez, me retoco, vuelvo a pintarme lo labios. No llevo ropa interior, nunca se lo que puede ocurrir. Lleno dos copas de vino y meto en un cuenco de cristal, hielo. Cuando suena el timbre respiro hondo y reviso que todo está debidamente colocado y listo. Mi corazón enloquece cuando abro la puerta. Pelo moreno, engominado hacia atrás, mandíbula fuerte, ojos de lince, uno ochenta de estatura, vaqueros y camisa azul Lacoste. Hago un esfuerzo para no tambalearme hacia atrás, no me lo esperaba tan guapo. 

- ¿Eres Lidia?- Pregunta, encuentro en su voz océanos de fuego. 

Solo puedo afirmar con la cabeza. Le invito a pasar. Sonríe cuando ve la mesa preparada.

 - Pensé que solo querías que te trajese el monedero.- Susurra. 

- Eso mismo pensé yo.- Respondo. Al ver el cuenco de cristal con hielo, él me mira profundamente. Trago saliva con dificultad, es una suerte que no lleve ropa interior porque incluso creo que se me caería. No sé su nombre, ni me importa. 

- ¿No crees que ese hielo estaría mejor en otra superficie?- Dice mirándome de arriba abajo. 

- Sorpréndeme.- Le pido. Con pasos lentos y seguros, se acerca, sin dejar de mirarme. Lleva entre las manos el cuenco de cristal con el hielo dentro y me preparo para desnudarme. Me quito el vestido, se escurre por mi piel. A él parece derretirle la idea de ir sin ropa interior. 

- Túmbate en la mesa.- Ordena. 

- ¿En la mesa?- Contesto. Aún están los platos y las copas de vino. Dejo la mesa libre y me tumbo encima. Estoy totalmente desnuda frente a un desconocido atractivo que lleva entre las manos un cuenco con cubitos de hielo. Intuyo lo que hará, pero aguardo a que dé el paso. Coge un cubito, lo pasa por mis labios entreabiertos, bebo las gotitas frescas que empiezan a derretirse. Después lo pasa por mis pezones que duros ya de por sí se estremecen y encogen ante ese gélido pero excitante contacto. Recorre mi vientre con el cubito casi deshecho, tiembla mi piel. Abro mis piernas, dispuesta a recibirle, en el seno de mi intimidad. Él juega, deteniéndose en el ombligo. Mi mirada le suplica, él sonríe con placer. Con las últimas gotas de ese cubito ya deshecho recorre mi sexo, muy despacio, y me siento morir allí mismo. 

- A esto llamo fundir el hielo- Dice con orgullo. Después dice que tiene que irse, pero que este juego no ha terminado. 

- ¿Y me dejas así?- Le replico. 

A lo que él contesta con total seguridad: 

 - Es mejor que sufras un poquito para que desees con más fervor abrirme la puerta la próxima vez. 
Días después aparece una nota bajo mi puerta que dice que esa misma noche lo reciba desnuda. Miro de reojo el armario de madera que hay al lado de la mesa. Dentro guardo una colección de juegos sexuales que ni se imaginaria. Sonrío con malicia.

jueves, 17 de octubre de 2013

Este jueves un relato: CELOS



Los celos queman, enloquecen. A él no le gusta verme disfrazada de solitaria, porque ya sus besos son pegatinas. Cuando me abraza siente que me tenso, lo nota incluso cuando le observo. En las noches se acurruca a mi lado, intenta darme calor con su piel, porque sabe que yo soy fría incluso en verano. Coloca en el frigorífico notitas para que no se me olvide la compra y un posdata firmado con un te quiero. Pero no soy la misma, mis sueños son distintos, sueño en utopía. Él arruga el entrecejo y se muerde los labios. Nos quedamos en silencio. He encontrado abierto mi bolso, el pintalabios y el espejo en el suelo, el monedero gracias a Dios conserva el dinero que guardé. Pero la foto del hombre que siempre llevo conmigo está rota en dos. Sé quién ha sido. Entro en la habitación, él finge dormir. La  persiana azul hace juego con el edredón. Me siento en la cama, acarició su mejilla cálida y apoyo la cabeza en su corazón. Pum Pum Pum Pum latidos que se aceleran. La respiración se hace más intensa.

-    Te quiero, por encima de todo- le susurró a pesar de que él tiene los ojos cerrados. Y antes de marcharme su boquita hace nacer una sonrisa.

    - Y yo a ti mamá.

martes, 15 de octubre de 2013



¿ Qué os sugiere esta fotografía? ¿ Qué historia le daríais a esta imagen?

miércoles, 2 de octubre de 2013

Este jueves: El camino






Aparto la cortinita de la ventana, el sol se rompe en las montañas, los campos visten de otoño. Los árboles parecen papel.

En mi maleta solo llevo un camisón, un libro y mi perfume. Viajo en  tren. En este momento desearía que hubiese una bandeja con pocillos llenos de leche templada.

Un hombre está sentado a mi lado. Lleva un sombrero y polainas. Bigote, aspecto melancólico. Él también observa el paisaje. Siento el roce de sus rodillas cerca de las mías, pero ignoro la sensación. Acaricio mi rostro, he envejecido, lo suficiente para sentir tersa la piel, forzada a mantenerse apacible, ocultando el disgusto, la tristeza. Es curioso, los intensos años vividos, inundados de experiencias. Conocí muchos hombres, amantes, poder. He traicionado mi dignidad. ¿En qué me he convertido? ¿A quién busco?

El hombre que hay a mi lado susurra algo que no logro entender. De repente lo siento, siento su cálida y áspera mano, sus dedos arrugados acariciando mi cabeza. Cierro los ojos. Al principio temo. Después me dejo hacer. ¿Es posible sentir diversas sensaciones con un solo roce? Yo, que tanto había dado a los hombres, yo, que había dejado mi piel en sábanas ligeras y desconocidas. Ahora me dejo tocar por otras manos muy distintas. Unas manos que huelen a papel y tabaco.

Observo mi maleta, tan poco hay dentro, tan poco de mí. El hombre cuyo sombrero está ahora entre sus piernas, se echa el pelo hacía atrás, brillante, moteado de gris. Su aliento huele a anís. Es un hombre mayor, se sabía por ese sombrero, el bigote, la mirada perdida. A su lado soy tan solo una joven anciana que sostiene cerezas muertas entre los dedos. El hombre señala  un cartel rectangular. Veinte kilómetros para Galicia. No le miro, pero sonrío. Tiene mi respuesta.

lunes, 30 de septiembre de 2013



El adiós

Recogí esta brizna en la nieve
Recuerda aquel otoño
                                       En breve
No nos veremos más
                                       Yo muero
Olor del tiempo brizna leve
Recuerda siempre que te espero

( Guillaume Apollinaire)



Ella tuvo toda una vida para amarle, yo solo le ofrecía veranos para quererle. Ella se despertaba rodeada de hortensias, yo de cactus. Ella llevaba los vestidos más hermosos, yo vaqueros y trenzas. Deseábamos al mismo hombre. Le conocí cuando cumplí ocho años, ella a los diez. Él besó mis mejillas, a ella los labios. Conocí la luna en sus retinas, ella solo veía meteoritos en las suyas. ¿Cómo es posible que estando alejadas por las horas, los años, hayamos coincidido en el mismo corazón Le deseo, ella lo ata, le hace ganar y perder, le hace escribir desdichas en papeles de hojalata. Mi escritura es limpia, virgen, hago vivir ese amor por él a través de la pluma fecundada en tinta.

Ella no escribe, ensucia con sus dedos el papel timbrado. Sabe que tiene toda esa vida para amarle sin amarle. Sin embargo he de conformarme con observarlo, cogido de esa mano vestida de mentiras. Le amo sin poderlo amar. He decidido hacerme amante suya a través de la escritura. Le hago el amor en versos, pero él no adivina que se esconde a través de las palabras. Cada verano me permite amarlo, le sostengo entre mis brazos rotos, y con mis labios henchidos de esperanzas me atrevo a besarle muy despacito, sin asustarle, como ha de ser. Porque es así como he de amarle, con esta vulnerabilidad y amistad, con este silencio. Ella tiene toda la vida para amarle, yo solo tengo veranos para esperarle, para quererle.

martes, 24 de septiembre de 2013

El puerto y nosotros


Caminamos por el puerto. Acaricio tus dedos, me gusta sentir esa sensación de estar pegada a ti. Llevamos tres días durmiendo en una pequeña habitación de un hostal que hay cerca de la playa. Me colocas un mechón detrás de la oreja y confiesas que estoy preciosa en esta mañana. Quiero sentarme en un banco, cerca del muelle, contarte alguna historia. Pero sé que no compartes esa pasión. Ofreces tu amor de otra manera. Te desnudo el corazón, he descubierto en ti un poema que debería escribir. Pero aún es pronto, algún día cuando crea conocerte lo suficiente te haré protagonista de mis novelas.

Nos dejamos acariciar por el sonido del mar. Cierro los ojos, vuelo lejos. Acercas tu boca a mi oído y escucho tu respiración. Es lo que me trae de vuelta, este amor que has creado con el paso de los años. Las sombras de las personas que caminan a nuestro alrededor también guardan secretos. Los niños montan en bicicletas, hay parejas que caminan en silencio, hablándose con la mirada. Mis labios se entreabren, es una manera de pedirte que me beses, siempre deseo hacerlo, aunque se te olvide. Cuando me besas siento que es a ti a quién debo besar siempre, lo sentí desde el primer día.

Acodados en la barandilla de un puente que había cerca de una plaza me preguntaste por qué me gustaba tanto escribir. “Escribo para vivir y para morir” te respondí. Tu mirada delataba que no lograbas comprenderme. Acerqué mi cuerpo al tuyo, ese acercamiento íntimo, un abrazo que no lograba ser entero, delatándome frente a tus ojos, también escribía para ti.

Permanecemos callados, tenemos que regresar. En esta noche, el pueblo lanza cohetes, festeja una fiesta que ignoramos. Te tumbas a mi lado. “La noche es la llave que guarda a otro día” susurras y hundo la cabeza en tu hombro, deseando que al día siguiente nos queramos más. Es en la noche donde te hago mío, acaricio tu sombra, como si naciese de la melodía de un piano. Tu sombra, que se destiñe cuando el crepúsculo hierve en el horizonte. Es maravilloso poder escribirte de esta manera, cuando duermen los dioses y mi ventana está abierta. 



http://www.youtube.com/watch?v=Q3M8s5NGeS4

lunes, 16 de septiembre de 2013

Adopté a Whitman




Encontré a Whitman en una tienda de libros de segunda mano, apilado junto a otros libros de diferentes volúmenes. El título revelaba: Canto para mí mismo” por lo que enseguida suscitó en mí la curiosidad innata de cogerlo entre mis manos. Al llegar la noche empecé a abrir el corazón de Whitman y encontré su canto a la verdad, a la libertad, el canto de la vida. Subrayé algunas frases que pondré bajo este texto, palabras que han llegado al alma, a la mía. En su epígrafe final cita lo siguiente: A ti, quienquiera que seas (bañando con mi aliento esta hoja para hacerla creer, oprimiéndola un instante entre mis manos vivas ¡toma! ¡Mira como me late el pulso en las muñecas! ¡Cómo dilata y contrae la sangre mi corazón!) Me ofrezco a ti, en todo y para todo, me ofrezco a mí mismo, prometiendo no dejarte jamás, de lo que doy fe firmando con mi nombre.


Me pregunté cómo era posible que le hubiesen abandonado allí. Un libro como aquel, con bellos y sinceros versos, con el canto de su voz escondida, su silencio herido. Entonces lo comprendí, él libro estaba destinado a mí, para adoptarlo y cuidarle. Para que a través de su prosa yo también cantase para mí misma, para mi verdad y libertad. Ahora entiendo eso que dicen: “No eres tú quien busca un libro, es él quien te busca a ti”

miércoles, 11 de septiembre de 2013

A ti, siempre para ti.

Anoche le dije adiós, nunca había dolido tanto decir adiós a alguien. Escribo siempre para él, para hacerlo vivir dentro de mí a través del tiempo, para encontrar la respuesta a ese dolor que siempre ha estado ahí. Un día confesó que había leído todas las poesías que escribí, dijo que eran tristes, que ahora lo entendía. Era mi manera de amarle, de golpearle, de abrirme ante él. ¿ Por qué no habría de escribir tal como me sentía?

Ahora me entiendo yo también. Empiezo a vivir, a respirar, a conocer la libertad. El miedo esta ahí, luchando dentro, la misma batalla, los mismos soldados, el mismo paísaje, la misma canción. A veces creo estar demasiado perdida, demasiado lejos y tan cerca, dulcemente atraída por el olor de la tierra que nace bajo mis pies, y sobre ellos crecen raíces, otros caminos.

Seguiré escribiendo sobre lo que veo, lo que siento, lo que sostengo y abandono. Es esta mi manera de brindarle a la vida, a la pena, a mi alma. Es esta mi forma de abrirme ante vosotros. ¿ Os sueno siempre triste? ¿ Me intuís abandonada, frágil o deshecha? somos un mundo, un parpadeo. Aquí os entrego trocitos de estrellas, pedacitos de mi alma, de mi cabeza, y sobre todo de mi corazón.

Y a ti, vida mía, tú que siempre serás mi caballero, mi suspiro, aquí te entrego mi verdad y mi adiós, serán a través de las letras dónde me encontrarás, y en esta canción que pongo para ti.

http://www.youtube.com/watch?v=r25vNKMPXjk

viernes, 6 de septiembre de 2013


-        Fíjate en ese hombre. La única compañía que tiene es un vaso de vino. Me gustaría preguntarle por qué bebe a estas horas de la noche.
-     Por pena. Para soñar con nubes sedadas, vacías de recuerdos. Para acariciar en su lengua el sabor de la soledad. Si, debe ser eso, por pena. La pena es lo que arrastra a las personas, la pena es la mayor enemiga de un borracho, de un mendigo.



martes, 13 de agosto de 2013

Este jueves: Una noche en el Daily planet



Una noche en el Daily Planet. Pactamos  vernos después de quince años. Una rosa y un beso en la mejilla, el primer amor de la adolescencia. A él le gustaba Superman, me regaló una capa roja de seda. Cada noche me tapaba con ella, los viernes, así lo concordamos. Quince años después viajo a Metrópolis, llevo la capa roja en mi bolso. Observo el gran globo que caracteriza al edificio: el Daily planet. El crepúsculo quema las ventanas de los edificios, muere el sol. Saco del bolso la capa roja, la alzo como si se tratase de una bandera extraordinaria, mítica. Lo espero, pronto aparecerá. Vuelvo a oír sus palabras: Una noche en el Daily planet. Después de esa noche volverán a pasar quince años.

Él aparece, el tiempo parece no haber pasado. Sonríe, esa sonrisa que me hace un poco más  feliz. Vuelve a ser como antes. Se acerca a mí, con una mano agarra la capa roja, nos envuelve con ella. Volvemos a tener quince años.  

sábado, 27 de julio de 2013

La voz


Escribí este relato con la idea del administrador de la página: http://www.unlibroparalahistoria.com/. Una web con una propuesta literaria muy interesante dónde participamos un conjunto de jóvenes para crear un libro entre todos.

LA VOZ.

Escuché tras la puerta. Era aquel sonido que tanto me había despertado en las noches. Un quejido, un aullido, acaso un gemido de dolor, de hambre, de furia. Temblé, siempre lo hacía cuando escuchaba aquella voz. Volví a mi habitación, saqué de debajo de la cama a “Tommy” mi oso de peluche. Cuando lo sostenía entre mis brazos, el mundo desaparecía, al igual que la voz, el miedo. Tras la ventana se apreciaban los campos de cultivo, maíz, trigo. Las cosechas de mi abuelo. Aquella mañana desperté con la certeza de que ocurriría. Un presentimiento, una afirmación. Hace una semana, en la portada del periódico ya se anunciaba, se anunciaba la guerra, la muerte, la pobreza. Observé esas palabras grandes, remarcadas en negro, firmemente alineadas, burlándose de nuestra tranquilidad. Los ojos de mi madre también lo decían, que pronto nos veríamos solos, desabrigados, con la piel arrancada, las tripas secas.

Mi abuelo descansó, la muerte vino a por él, antes de todo, antes de la guerra. Ahora en el rancho solo quedábamos nosotros tres: mi madre, la voz, yo. Ella entraba siempre en su habitación, enfrentándose a ese clamor insoportable, el desgarro de esa voz que tanto hería, que tanto me asustaba. Ella acarició mis mejillas, aseguraba que no pasaba nada, que aquella voz no era la de la guerra. Que esa voz venía de alguien que nos quería, pero que sin embargo no podía amarnos, no en esos  tiempos. Apreté a Tommy en mi pecho, miré el cielo. El sol brillaba como la luna, parecía mentira que fuese la última vez que vería el sol de esa manera, con esa alegría, con fe.


Aquella mañana empezó. Comenzó a oscurecerse, aviones cómo estrellas fugaces, una estrella en la ala. Lloré por primera vez, también la última. Mi madre salió de su habitación y a su lado, una persona meditabunda, famélica. Sus ojos eran iguales que los míos, recuerdo haberle visto una vez, en una foto que mi madre guardó en el cajón de su mesita. Esa voz, esa que tanto había temido era la de mi propio padre. 

jueves, 11 de julio de 2013

Este jueves: historia detrás de las pinceladas


He vuelto a pintarte. Porque de esa manera te mantengo viva, respirando conmigo. He escalado montañas para encontrarte en las nubes, para sentir a Dios susurrando tu nombre. Después de viajar por mares y tierras desconocidas, después de las derrotas, los triunfos, el sexo con seso, y labios de aceite sobre los míos, por fin puedo decir con orgullo que he sabido pintarte. No ha sido fácil. Tu recuerdo se ha desdibujado como lo ha hecho mi viejo pincel en ese vaso medio lleno de agua manchada de pintura. 
En los años remotos de mi juventud, tú estabas allí, con tu piel de cera, abriéndote ante mí, virgen e inexperta. Con ese deseo palpitando en tu cuerpo, pidiéndome que algún día te pintase. Amabas mis manos, decías, mi forma de dibujar el mundo, el dolor, las penurias, la felicidad. Amabas mi alma, la deseabas para ti. Antes de dejarte ir, te permití dormitar sobre mi pecho. Acaricié entonces tus párpados cansados, tu cabellera de rizado oleaje, tu cuello suave.

Detrás de las pinceladas vislumbro el secreto de tu partida.


He vuelto pero tú te has enterrado. En el eco de esta casa que se hace más grande grito tu nombre y entonces es tu retrato pintado el que me responde. 

Heredarás




Rotos tus besos sobre mi piel dorada.
¿ Qué heredarás de mí?
Bajo tu almohada he dejado el frasco de mi perfume. El cual adorabas oler en mi piel.

Heredarás las sonrisas que hiciste nacer en mis
labios y estos ojos que aprendieron a conocer tu alma. Estos mismos que te han hablado tantas veces aún sin haberlos observado con atención. Estas pupilas mías encierran el reflejo del lago dónde te bañas.

Heredarás el cielo de estas manos, que te acariciaban con torpeza y delicadeza, mis brazos cuando buscaban apoyo en los tuyos. Te regalo, si lo deseas, cada mechón de mi pelo.

Heredarás mi eterno recuerdo. Los momentos que hemos hecho nacer y naufragar, instantes donde sentados, aprendimos a rozarnos los dedos y curar las caricias heridas o soñadas.

Heredarás mi absurda visión del mundo y esos poemas que escribí pensando en ti, soñándote.

¿Aún es poco?

martes, 2 de julio de 2013

El joven de la carretilla


Una vez vi a un chico apoyado en una farola, tenía la mirada más triste del mundo. Vestía con un peto azul, manchado de pintura. Más tarde vi como arrastraba una carretilla llena de ladrillos. Él no sabía que yo lo miraba. Se tocó el pecho con la mano izquierda y retrocedió dos pasos antes de entrar a un edificio. Había algo en él que incitaba a observarle con interés. Era joven, demasiado tal vez, para cargar con tantos ladrillos. Un día sin ser descubierta, dejé una nota en su carretilla, cuando él la dejó por un instante ahí. En el papel cité una frase: “No permitas que aten tus manos y pies. Sé libre, como el viento, como el mar, los elementos. Esa sustancia apenas visible que alimenta la palabra, la que nunca dices”.

Observé como arrugaba levemente el papel entre sus manos manchadas. Lo vi suspirar y llevarse el papel al pecho, para dejar clavadas esas palabras ahí, respirar con ellas. No volví a verlo nunca más.

martes, 25 de junio de 2013

El día que te marchaste.


La mesa redonda de madera estaba vacía. Las dos sillas de mimbre también. Nos extrañan. He caminado por esa calle esta mañana, delante de la cafetería dónde nos sentamos. He recordado las dos tazas de café y tu mano encima de la mía, transfiriéndole tu sudor. Dijiste que empezabas a acostumbrarte a mis manías, así te lo pedí. Cómo por ejemplo: empapar la servilleta encima de la tostada para quitarle el aceite ( cuanta menos grasa mejor) y el café con leche desnatada. Las migas de pan que casi siempre acaban pegadas en los labios. Estabas aprendiendo de mí. Hablamos de siluetas, las delgadas, gruesas, las que han de cuidarse. Nada de espejos ¡los quitaremos todos! Exclamaste. Aquella mañana hacia demasiada calor, el verano había llegado. Observé las gotas de sudor que bañaban tu frente. No me cansaba de mirarte, ¿Qué ironía, verdad? Que a pesar de tantos años no me canso de ti. En mí empezó a florecer una felicidad inexplicable que se confundía con la tristeza de tu partida. Cuando te vas me quedo vacía. Sin embargo, ese mismo dolor que dejas es lo que me salva. Para sobrevivir escribiendo sobre la tristeza de mis ojos, lo que hiere. Aprendo cada día a quererte un poco más y un poco menos. ¿Hasta cuándo seguirás esperando? Preguntan y es mi corazón quienes le responden: “El día que ya no podré soportarlo

Así es cómo te quiero. Latiéndote entre hojas en blanco, el tiempo, el aire, el recuerdo. Egoístamente tal vez. Porque deseo que seas la energía, el interruptor, la magia de mi vida. He empapado tu camisa muchas veces con mis lágrimas, te has encargado de limpiarlas, para acariciarme después  y decirme que me quieres, que deseas una vida conmigo. Es entonces cuando el tiempo ya deja de existir, nada se mueve. Solo estamos nosotros en el mundo, sentados en esa mesa de madera, con las dos tazas de café, sujetándonos la mano. Susurro que te quiero, sonríes. Esa sonrisa es lo que me trajo a ti. Olvido las horas que quedan para decirte adiós.

 “No puedo perderte, no quiero perderte” te digo muy bajito mordiéndote muy despacio el lóbulo de la oreja. Y susurras en mis labios “Nunca me perderás”.

Abrigo mis brazos mientras observo como subes al autobús porque ha llegado la hora de marcharte. Obligo a mis ojos a no llorarte. Pones tus manos en el cristal como si de esa manera acariciases mi rostro. Observo como poco a poco te alejas, siento un nudo en la garganta. Ya no te veía, y fue entonces cuando lloré, dejándome la tristeza por las calles, camino a la rutina.