martes, 25 de septiembre de 2012

Hoy toca algo diferente, ea, porque si.





Si, eres bruja, te lo digo yo. ¿Ves ese hombre de ahí? Lleva en pie todo el día. No se ha sentado desde que vinimos anoche de fiesta. Tú y yo con vestidos de lentejuelas. ¿Y qué me dices de ese cartel que le falta caerse? Lleva escrito soy vuestra calle, pero ¡como se equivoca!, porque en esta calle circulan bohemios y castos y no son callejones estrechos donde alguien tema salir. ¿Por qué te digo que eres bruja? ¿Y lo preguntas, tú, que deberías saberlo mejor que nadie? Venga, déjame cogerte de la mano, es un bonito día. Vamos a llenar nuestra bolsa de sonrisas, y a dejar unas cuantas para quienes veamos con la cara agria. Venga no seas tímida, acompáñame.

¿Ves aquel violinista que toca como si tuviera el alma de una mujer? Como se entrega, que delicadeza. Espera, quiero quedarme un poco más, ¡Eh me está mirando!, es extraño, no suele mirar a nadie, solo a sus manos. Deja que esta columna de piedra que sujeta nuestra espalda sea cómplice de nuestro descanso. Si, ahora vamos, caminaremos el barrio de los bohemios. Qué pena que tengamos que alejarnos del chico y su violín,. ¡Ya estamos aquí, ¿contenta? Se te ve a kilómetros esa sonrisa que parece hecha de estrellas. Los ojos se te aclaran con el sol, parecen albinos. Bueno ya no empaparé tus oídos de halagos, has tenido bastantes con la cantidad de tíos que han piropeado tu culo, tus piernas y tu escote. ¡Que si!, hoy en día solo se fijan en eso. Es una pena, si. Pero hay un chico para ti, te lo digo yo. Déjate de promesas a la luna y de velas rojas encendidas los viernes porque creas que es el día del amor. Tienes que abrir el corazón, si eso mismo, y no las piernas, ¡por dios, las piernas déjalas cerradas!


Aquí a mitad de la calle está el saxofonista, dando vida a los muros medio derrumbados que hay enfrente. Hace temblar hasta los cristales del escaparate de la joyería. Acaba de guiñarte un ojo ¿qué se ha creído? lo que quiere es tu culo y hacerte una mujer. No, nada de eso, ni se te ocurra preguntarle, no me seas cría, aun queda mucho camino por recorrer. Te gusta el oso gigante que vigila la entrada de la tienda de productos naturales y relajación. Es curioso, porque un oso ahí…

Pero tiras de mi mano y me invitas a entrar. Menos mal que no hemos estado demasiado rato, empiezo a estar cansada, claro eres joven, a mí se me empiezan a notar los años. ¡Cuantas joyas se burlan de nuestros bolsillos! Algún día me gustaría tener colgado un diamante de Swarovski. No me mires así, es que últimamente empiezan a gustarme las joyas, vale sí, es raro, supongo que cuando una chica empieza a crecer se hace más coqueta.

¡Oh, la tienda de chucherías!, lo que nos faltaba. Ahora tocará inflarnos de chocolate, breas rosas, y variedad de golosinas. Aquí en esta calle, el mundo parece feliz. Los niños sujetan la bolsa de chucherias como si eso fuese su salvavidas. ¿Ves lo mucho que les brillan los ojos a todos? Este sitio es especial, te lo digo yo. Allí la tienda de fotografías, ¿bonitas, verdad? Cuantas caras sin conocer que nos sonríen en sus retratos. Algún día te compraré una cámara, así que deja de hacer pucheros.

Ven, sigamos. Allí está la heladería, vale si, disfrutaremos de nata con nueces y fresa. Ah ¿quieres sentarte? ¿No crees que sea mejor caminar un rato? Dicen que contraer las nalgas mientras caminas es un buen ejercicio que tiene como resultado un culo bien firme y bonito. ¡Ah! ¿No nos hace falta? Gracias por el piropo. ¡Te tengo que querer! ¡Vaya por dios!, ¡mira! el chico del que te hablé, si aquel mismo que descubrimos rascándose las pelotas, si, si, el que nos dio una papeleta como invitación a una porción de pizza por un euro. Que tranquilo se le ve, con el pelo chupado hacia atrás y esas ojeras que le hace parecer un muerto viviente. Qué tipo tiene, ¡si señor! Eso es tener un buen par de cojones bien escondidos. Deja de mirar el reloj, que la vida no está hecha para contar agujas.

Vamos a ayudar a esa mujer que apenas puede levantarse, la pobre está muy mayor, ¡qué lástima! Vivir para convertirnos en pasas. Nos da un beso en la mejilla como agradecimiento, ¡qué humildad existe aun! ¡Qué alegría! No te pongas sensible, aun hay gente buena. No quiero mirar a la izquierda, por favor no me preguntes. Nada, son cosas mías, ¿conoces la frase ojos que no ven, corazón que no siente? Pues eso mismo es, no quiero tener que ver para volver a sentir. El amor o lo que empieza a parecerse a él es como un vaso de whisky que una vez que lo pruebas no puedes parar. Vale si, supongo que hoy estoy algo melodramática. Vayamos a comprar un boleto en el quiosco, con un poco de suerte tal vez nos toque la lotería. ¡Que si, hay que soñar!, ¿no eres bruja? Pues elige tú el número. No me mires así, sabes que no me equivoco. ¡Vaya, el siete! Si ganamos te juro que lleno toda tu cara de besos y hasta me permitiré tener el descaro de presentarte a un tío que cuando lo veas se te va a caer la baba, ¡jurao!

El chico de la papeleta de una porción de pizza por un euro y el que se rasca las pelotas en plena calle, se acerca. ¡Joder que se acerca! Idea un plan, ¡venga! Encima la mujer que hay sentada a nuestro lado se ríe la muy...

A ti se te encienden las mejillas, bueno con cualquier cosa al decir verdad. ¡Eh hola! ¿Qué tal? si si aquí todo va bien, ¡vaya que calor! ¿Que si tengo móvil? Se lo tragó el váter… ¡oh destino!. Si, si como lo oyes. ¿Esta? Esta se llama Alicia, si, es soltera. ¿Qué si hoy puede quedar? Que va, tiene cosas mejores que hacer. Y deja de mirarle las tetas. Hablo como me dé la gana. Venga si, te deseo lo mismo, a la mierda también.

No me regañes Alicia, es que ese tío es un pringado. Tienes que conocer otro mejor, alguien que te bese aunque te huela el aliento a cebolla. No, no estoy loca, ya me lo dirás. Venga no te enfades, no te pega nada arrugar la frente, así estás más fea. Venga dame una sonrisa, así, mejor, mucho mejor. Tienes que sonreír siempre, recuérdalo. Vale, la próxima vez guardaré mis instintos protectores contigo. Tienes razón, ya eres una mujer hecha y derecha. Pero es que dieciocho años… ¡dios! Qué difícil es.

Que pronto se pasa una calle ¿verdad? No me importaría recorrerla diez veces más a tu lado. Debe ser porque estando contigo es más fácil. Venga regresemos a casa, mañana será otro día, de acuerdo, volveremos a pasar. Claro que sí, todo es mejor cuando se ve a las mismas personas que nos hacen reír. El mundo parece incluso más pequeño y acogedor ¿verdad? ¡Ea! pues ya has creado otra promesa, a partir de hoy, esta será nuestra calle favorita y la recorreremos hasta el día que dejemos de respirar.


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