miércoles, 19 de septiembre de 2012

Cenicienta se quita los zapatos




A cenicienta empiezan a quedarle grandes los zapatos. Se mira en el espejo y no se reconoce, limpia el hogar dejándose el alma. A veces empaña lágrimas en el cristal, deja escapar un leve quejido.
Cenicienta se repite que una chica  tiene que ir guapa, ¿pero cómo puede estrujar sus virtudes si no tiene siquiera recursos?

Cenicienta está cansada de apellidarse López, desesperada de ir noche tras noche en busca de una farola para calentar esa frialdad que empieza a treparla por los pies.Quiere ser mujer, no esclava.Cenicienta está cansada de navegar entre detergentes, estropajos y sueños en un balde. Se enfurece cuando se le escurre la fregona entre las manos. Limpia su sudor, emerge en agua sucia el estereotipo de vida que desea encontrar. Cenicienta no encuentra lo que busca y teme no hacerlo nunca.

Ella hace de las calles laberintos y se sienta a esperar con las rodillas heridas.Otra vez la rescata el mismo rostro, pero no quiere ver ese, sino cientos de rostros más.Cenicienta se llena los bolsillos de céntimos e imagina que se convierten en besos de oro.Va de un lugar a otro y de vuelta la fatiga.

Imagina los amaneceres como pinceles, despierta a la ciudad con sus inquietudes. El colchón aguarda su cuerpo,una cama fría y triste que ansia ser llenada de sueños.Cenicienta apenas puede dormir, ve como florece en su piel una leyenda muerta.

Abre la ventana todas las noches porque le ha dado nombres a las estrellas. Es una crecida Wendy que ha olvidado como se hace mujer. Cenicienta pierde su voz en el tejado y no ha encontrado la carroza adecuada. Ha estado subiéndose en calabazas creyendo que tenían los mejores asientos.

Esta noche ha decidido enfundarse en una tela azul opaca para que los sapos busquen lagunas en su recóndito bosque.

Hoy va a dejar de llamarse cenicienta,
Va a encontrar su destino en mapas que cuelgan en las casas que la rodea.

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