jueves, 2 de agosto de 2012

Una sombra en la ciudad.






Hoy la ciudad susurra tu nombre y acribilla mi silencio sobre el asfalto. El sol es tan solo el bostezo de un Dios. Escondo las manos en los bolsillos, empiezan a tornarse maduras, no estoy preparada para crecer. Tal vez hoy pueda concederme ser ese pájaro que encontrarás en el alfeizar de tu ventana. Añoro el balanceo cansado y triste de tus brazos alzando mi cuerpo, y esa mirada, ¡vaya, si, esa mirada! Como olvidarla. Has decidido partir a otra ciudad porque tu nido se hizo pequeño, nada quedaba pendiente a tu alcance, ni siquiera la súplica de estas pupilas mías que brillan tristes bajo una bombilla sucia. El pomo que sintió tus dedos, me ha regalado por última vez esa huella tuya que apenas se ve pero que hago latir entre mi mano. Una vez que te fuiste, aprendí a que no me saliese amargo el adiós. He sentido las nubes muy cerca, han sido mi sombrero cuando caminaba incansablemente hacia aquel lugar donde te conocí. Sé de memoria los números que tiene el calendario que yace clavado en la pared de tu despacho, al igual que sé irónicamente la cantidad de gotas secas que tiene cada ventana que rodea tu calle. En las noches velo por tu sombra, a veces la imagino entrar sigilosa por la rendija de la puerta para acariciar mi piel febril y dolida. He visto tus labios blandirse en la incomprensión. Ya lo ves, soy una esencia más que deambula sin sol y sombra por las calles de esta pequeña y apagada ciudad.

1 comentario:

  1. Hola no se como llegue a este lugar pero tu blog me ha encantado, te sigo.

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