lunes, 11 de junio de 2012

Ángel de la victoria




Anduve perdida un miércoles, los pájaros borraban mi sombra sobre el asfalto. ¿Qué pretendía encontrar?.

Me alertó el susurro que escuché la noche anterior a tu partida. Terminarías volviendo y así esperé tu aliento para despertar. Recorrí la ciudad buscando tu nombre en letreros, en los adoquines, en las esquinas donde los ancianos recrean día tras día las mismas historias. Los semáforos brillaban como unos pendientes polícromos. Subí al un autobús y tampoco encontré tu nombre en los asientos. Odiábamos los lunes y nos habíamos conocido en ellos. Se hizo tarde e intenté alcanzar mi sombra.

Te fuiste y no pude susurrarte que vi un ángel escondido entre la frondosidad de aquel parque que JUNTOS contemplamos, ahora apenas transitado. Olvidé decirte tantas cosas...
¿A qué sabían mis lágrimas? ¿Por qué era tan amargo aquel café?. Dos puertas heridas parecían las alas de aquella estatua de piedra que miraba hacia otro horizonte. Decidí esperarte mientras las nubes empezaban a cubrir con sombras a aquel ángel que soplaba mi nombre mientras yo limpiaba la humedad de mi cara.

Volviste y te dijeron que yo había desaparecido, pero no supieron que había fundido mi alma entre las piedras antiguas que ahora miran tu ventana.

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