sábado, 21 de abril de 2012

Deslealtad.




Esperas en el coche, empiezan a dolerte las rodillas. Las manos sudadas en el volante. Una ciudad vive a través de tu parabrisas,  envuelto en soledad, observas. Hay quienes hablan solos, otros bajan la mirada cuando ven tu silueta. Una mujer le pega un azote a su hijo, otra al suyo le da besos en el pelo y en las mejillas. Algunos sacan el pañuelo y se suenan, otros deciden tragarse hasta sus propias lágrimas. La una de la tarde y el cielo anuncia lluvia. Ella tarda demasiado, es propensa a entablar conversaciones con cualquiera que dispone de tiempo justo para disfrutar de esa sonrisa que ella sabe deslumbrar. Un globo escapa de las manos de una niña,  mientras ella patalea porque su fiel amigo ha escapado, un perro acaricia su pierna, el llanto cesa.

Hasta ahora nunca habías observado a las personas. Vives demasiado deprisa. Recuerdas  aquel que te dijo que su pasatiempo favorito era mirarlas. Disfrutas de una vista panorámica secreta donde analizas cada gesto, palabra, actitud. Este mundo es grande y te sientes muy pequeño. Formulas preguntas pero nadie podrá responderlas. ¿Te sientes solo? preguntó ella cuando te conoció. ¿Quién no lo ha estado tantas veces en su vida? respondiste. Te besó y fue en ese preciso instante, en esos 18 minutos y 16 segundos que decidiste convertirla en la princesa de tu mundo. 

Faltan cinco minutos para que ella suba al coche y caliente el asiento con sus pantalones de lana. Ordenarte que arranques el coche para llevarla lejos, muy lejos, en un lugar llamado nada. Reprenderá tu descuido al dejarte la barba crecer. Cinco minutos que mirará a través del parabrisas y confundirá su identidad con las otras almas que caminan en su constante rutina. Cinco minutos para decidir qué hacer con el momento que se os concede. Los bolsillos de la chaqueta son estrechos para guardar en ellos las alhajas, pero ella guarda el anillo siempre en el lado izquierdo, debe ser porque está cerca del corazón. 

La miras y no sabes si lo que te mantiene fiel es la palabra prohibida o deseada, si es costumbre o necesidad. Miras esos labios que hacen de almohada cuando notas cansados los tuyos y las dudas desaparecen cuando su saliva se hace esclava de tu lengua. Aprietas su mano, los nudillos siempre han sido huesudos, es una hermosa característica de ella. <<Llevas el reloj muy ajustado, algún día se te clavará en el hueso>>,  ella se relame el labio y te mira traviesa. <<Es la herida que dejas cuando llegas tarde>> respondes acariciando su rodilla.

El cielo se ha vestido con una vieja manta gris, el aire es una caricia empalagosa que huele a cloaca. Ella mira a través de la ventanilla y se frota los ojos. Sabes que todo terminará algún día, el remordimiento muerde la conciencia. Piensas en los pechos pequeños que conociste hace unas semanas. Aquel ángel rubio esperaba ansiosa un encuentro provisto de acontecimientos. Sabias que no deberías mirar aquellas piernas, pero el simulado relieve que apreciaste cuando las abría para cruzarlas, acabó con tu lealtad.
-        
-¿  -¿ Donde me llevas?- pregunta.
-   -  A un lugar llamado siempre.

Ella sonríe y no se percata de que en tu bolsillo asoma un trozo de papel que contiene la prueba insensata de tu infidelidad.

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