viernes, 9 de marzo de 2012

Y sin él te vas.


Nadie se muere por nadie” te lo habían repetido numerosas veces aquel mismo día mientras te arrebujabas en tu asiento, arañándote los brazos porque era la única manera de no pensar en ese dolor que taladraba tu cabeza y tu corazón. No me dejes Julian, por dios que me muero. Saca tus cosas de aquí, no quiero verte, ¿ y me echas así de tu vida? Julian que sin ti no seré nada.

Mientras el tren hace vibrar la vía y te dejas el aliento en las ventanas, piensas que la vida no acaba besando unos labios pero se muere cuando terminas olvidandolos. No piensas otra cosa que en su nombre Julian y de nuevo el ruego, no me dejes, por favor, que hace frío y estoy cansada de perder tantas veces.

Entonces vienen los recuerdos, su cálido aliento en tu cuello y pezones y en como sus manos acariciaban tu vientre y muslos. Erais piel y hielo fusionándose en una incomoda caricia que no comprendías pero que el tenia resguardada en una carta que tenia pensado entregarte cuando sintiese que ya estabas preparada para ser adulta. ¿Adulta para que? Dieciocho años y un prospecto de abandono e incomprensión.

Julian no responde a las llamadas y decides estampar el móvil en una de las ruedas del tren que termina atravesando el camino que se escabulle frente a ti, se parté en trozos y allí mueren al mismo tiempo los mensajes, fotos, promesas. Te frotas fuerte los labios y no te importa sentir el calor del dolor, quieres huir, gritar porqué PORQUÉ, PORQUÉ , tan alto que todo se hiciese pequeño y tu lo suficientemente grande y “madura” para decidir que hacer en este momento que te es otorgado. ¿Abandonar tu vida o dejar que ella te abandone? . Te muerdes la lengua tan fuerte que empiezas a saborear el fluido de la sangre, esa que se desparramó por tu vagina cuando Julian te penetró por primera vez, Julian y todo con él.

El mundo se hace gigante y tu eres una enana a la que repiten que la vida sigue, que se ama y se deja de amar, que nadie se muere por nadie, que tienes un largo camino por delante. Te abandonas en sonrisas y lágrimas y te quedas sentada, apretando fuerte las piernas, el coche respirando contigo, fusionada en un paisaje célebre y ambarino, el sol terminará yéndose y la noche se burlará de tu abandono, tu soledad. Las camas olerán a él y no te quedará otra que presenciar un día tras otro sin volver a rozar su pierna o jugar con su miembro entre tus manos. No te quedará nada y repetirás su nombre hasta que signifiqué indiferencia. No estás preparada, claro que no, nunca se está preparada para decir adiós.

¿ Ahora que? ¿ hacia que brazos te abandonarás?. Andarás por la calle y no sabrás porqué respiras, porqué caminas, no sabrás nada salvo que él te dejó, que nada será lo mismo y nadie te comprende. ¿ A quién amarás ahora? ¿ A qué deberás aferrarte?. Otro tren pasará dentro de unas cuantas horas, te debates entre salir o no salir, vivir o morir. Y mi frase viene a tu cabeza cuando sientes que el último soplo está por venir.

Recuerda que el sol no tardará en salir”.


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