lunes, 9 de enero de 2012

Inés.



Sandalias blancas con florecitas azules, vestido marrón con lunares naranjas, la señora Inés viene dispuesta a hacer temblar la ciudad. Destaca en ella su voluminosa cabeza, a pesar de que el tiempo ha dibujado su recorrido por las raíces, hay un predominante color violáceo burlándose sobre las puntas. Llegué a pensar que la reina malvada de los mares y enemiga de la sirenita, se había reencarnado en la pequeñita y ojerosa Inés. Tamborilea sus uñas pintadas de amarillo sobre el mostrador, dice que lleva días sin pegar ojo, no sabe lo que le pasa y que es duro saber que está llegando a ser una vieja gris.


- Así es tesoro, tengo todo lo que tengo que tener, menos un cuerpo de infarto y unas buenas tetas que mi difunto marido hubiese podido agarrar. -dice con tono jocoso.
Me muerdo la lengua para no soltar una risotada, cambia de tema y charla sobre la telenovela de la primera, esa que está ambientada en los años cachapum. Habla de Mauricio Salcedo, lo bien que le queda el traje de médico, de cuanto le gustaría ser su paciente personal.
- Ese es un hombre de los que ya no quedan, ¡si señor!, un hombre de los que hay que tener- comenta risueña.- ¿crees que algún día vendrá a mí un hombre como ese?
Le contesto un ¡claro que sí!, está más animada, cuenta algún que otro chiste, deja revelar el odio que siente hacia el programa de se llama copla los sábados por la noche, “borregos” los llama ella. Cuenta en cómo ha acabado la telenovela de canal sur, de los próximos que vendrán. Se rodea, me mira asombrada con sus ojos color sepia y se contempla en el espejo. Las arrugas rodean sus sienes y la comisura de la boca, le brilla tanto la frente que llego a pensar si se la ha frotado con abrillantador. Saca de su bolsito un pintalabios rojo.
- Acabo de ver a un hombre que ha pasado por ahí y no veas que guapo era, todo un señor, casi como Mauricio Salcedo, ¿crees que si me acerco a él...?.
La animo diciéndole que vaya a por todas. Me da un inesperado abrazo, sale afuera contoneando las caderas pareciendo una muchachita de diecisiete años, le dedico una sonrisa, el tintineo de la campanilla parece llorar cuando se va.

1 comentario:

  1. Así acabaremos algunas, a mí ya me queda menos. Pero a hasta el último momento una sueña, imagina, se ilusiona, se siente viva a pesar de de mirarse en los espejos y ver.... La vejez puede ser sólo algo físico. Pero te traiciona cuando en tu interior sientes que aún estás viva.
    Besos Colombe siempre das en el clavo.

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