jueves, 8 de diciembre de 2011

Ciudad






El esclavo llanto de un grillo,
Que, descarado, irrumpe en las rendijas de la puerta.
Estamos tumbados en la cama,
Duermes, hablas en sueños,
me pongo a hablar contigo.

El aire mece las consolidas del jardín,
Decido salir a la intemperie,
La jaula de mi silencio se evapora.

Una hilera de luces que parecen estrellas,
son hijas de la ciudad,
de fondo se oye unos neumáticos rompiendo la carretera,
imagino que nuestros seudónimos viven en aquella avenida, donde poníamos nombres a las  nubes.

Implantamos nuestro futuro en un pupitre,
Yo era la de la boca con sabor a fresa,
Tú olías a regaliz.
El tiempo ha desviado este cuerpo enjuto,
Designios que aun atesoro.
Hacerse mayor no es difícil,
Es el pensamiento, que se torna maduro.


Mientras dejo que el frío de la noche Anestesie mi soledad,
Encuentro una paradoja:
“las ciudades, también saben hablar”.


2 comentarios:

  1. Maravilloso, hermoso, tierno, homdo y una gozada par el lector.
    Besos. Y gracias tú sabes.

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  2. Claro, las ciudades nos hablan al oído.

    Saludos.

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