sábado, 3 de diciembre de 2011

Azul.


Unos ojos azules se cruzaron una mañana con los míos en un centro comercial. Aturdida por el nuevo ejemplar que había sacado uno de los más célebres escritores de los últimos tiempos - o al menos para mí- tenia entre mis manos, la historia que había estado esperando durante un año. Ojos azules confesó que le había sorprendido ese fulgor que se escapaba de mis pupilas cuando leía. Estaba enamorada de los libros, lo supo cuanto me vio. Con énfasis, dijo que yo era preciosa.

Dos amigas pasaron por delante de nosotros, una de ellas miraba el ejemplar que sostenía entre mis manos. Una le dio un codazo a la otra, y dijo:
-          Mira, es el nuevo libro de Carlos Ruiz Zafón.
La otra bajó la cabeza abatida y murmuró por lo bajo:
-          Apenas tengo tiempo para leer. ¡que más quisiera yo poder hacerlo!

(Yo si tengo tiempo para leer, qué suerte la mía)

De nuevo solos, y reírnos sobre lo que provocan las historias nuevas, ojos azules tragó saliva y se envalentonó.
-         -  ¿tomamos un café?

Motorista, libertino, atractivo. Ojos azules tenía un prospecto interesante que me hubiese gustado conocer si no fuera porque en ese día me esperaban los típicos quehaceres: trabajo, trabajo y trabajo. Cuando ojos azules se conformó con apuntarme su número de teléfono y una lista de espera, se marchó dejándome con dos caminos. Podría haberlo dejado escapar (que es lo que hice) la otra opción: darle mi número. Hubiésemos deleitado un café en la primera planta, conociéndonos, mientras se nos adhiriese  la espuma de la leche en los labios, hablaríamos de lo que me gusta, detesto, y sueño en la vida.

 Él me hablaría de carreteras, motos y las dudas sobre a que dedicarse verdaderamente. Vería mi reflejo inseguro en sus pupilas, y yo terminaría preguntándome si estaría obrando bien. Después estaríamos sentados en un banco, devorándonos a besos crecientes y descendientes, palpando nuestra carne bajo el abrigo, y esas cosas que ocurren cuando la llama de la pasión se apodera de las partes más escondidas. Ojos azules desapareció entre los estantes de los perfumes y así creó una historia aquella mañana. La posibilidad de escoger, decidir ser bisoña o mujer.

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