jueves, 13 de octubre de 2011

Y...




Y gritarte...

¡si! Gritarte....

que te quiero,
que no te vayas,
no me dejes en este lugar sombrío donde tu cuerpo será tan solo una montaña de piedra.


Y...

y ya no podré tocarte,
besarte, lamer la piel que cubre tus huesos,
porque son ellos mismos los que palpé una vez,
y los hice míos.
Los desterré de aquella pútrida tierra
que se olvidó de nuestra sombra,
nuestros nombres.

Y no entienden...
que tus labios se cosieron en los míos,
que este corazón ya lleva tus pasos,
que todo me es indiferente.

Que estas escrito en las paredes de mi estómago,
que haría cualquier cosa,
¡si! Cualquier cosa por recuperarte,
porque es demasiado tarde para volver a nacer sin ti.

Y tengo miedo,
demasiado,
no me deja respirar,
tal vez amarte fue mi muerte,
el delirio de cada latido que bombea en cada arteria.

Y probablemente termine rajandome el cráneo para no pensarte,
porque eres un veneno que aniquila mi lengua,
y sin embargo me gusta beberte,
porque así se prolonga la certeza de que moriré amándote
estúpidamente.

Y...

me quedaré sin palabras,
sin sonrisas,
y dejaré que la luna golpeé mi cuerpo
para acabar poseyéndote.

Y me dejaré morir,
mientras tu aliento es niebla que entra por la ventana,
aterrizando entre las baldosas,
para acabar fundiéndose entre los pliegues de mis sesos.



2 comentarios:

  1. Tus poemas tienen mucha fuerza y pasión, son impetuosos y están vivos y llenos de luz.

    Sara no sé bien por qué, pero olvidé tu blog y me resulta imperdonable pues me gusta como escribes. Eres tan joven y dices cosas tan hondas que es maravilloso.
    Besos.

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  2. Gracias Querida, me agrada en serio que te gusten.

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