miércoles, 12 de octubre de 2011


Da lo mismo,
no pensé,
los impulsos se tornan de improvisto.
No pensé que mi voz crujiese entre tus dientes,
y que después vomitaran por tu garganta.

Ni tampoco temí perderte,
yo, que era la que asustada, miraba el mundo sin ti,
lo único que dijiste, era que el egoísmo había formado parte de tu instinto.

Convertí tu amor en un calcetín,
estaba en el mismo cajón,
y un día se descosió,
me quedé desnuda,
y así sucedieron las noches.

Las noches sin ti.

Un jadeo que me asustó,
era el dolor de una lágrima
que empezaba a arañar mi pupila,
jamás me había dolido tanto llorar.

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