jueves, 11 de agosto de 2011

Lo que dejaste.


La luna que aun seguía viva, clareada desde arriba, escupió la línea blanca que dejó un avión, el cerúleo del cielo pronosticó un suspiro, estabas en mi bolsillo y no era suficiente. El banco que dejaste vacío sigue burlándose de este lugar donde suscitabas tus oraciones, buscabas a Dios de alguna manera y fue él quien te encontró. Quiero mirarte de nuevo, encontrarte cuando te nombro, pero el silencio me asfixia, temo que tu recuerdo se distorsione. He apuñalado el calendario contando los días que vi tu rostro por última vez, 169 días es el resultado de lo que la vida me arrebató, porque algo en mi murió contigo. Te busco en las personas, en las estanterías, en mis zapatos, te busco en todas partes y no escucho tu voz. Solamente encuentro una cicatriz en la calle donde estaba tu balcón, parece mentira que la ausencia que deja alguien, es el eco de lo que fue. Contigo, se fueron muchas cosas, como aquellas rosas que cuidabas, o como esas margaritas que me gustaba descuartizar para ver si encontraba un te quiero, solo hay un vacío que taladra mi corazón.

No he encontrado las llaves de esta jaula que aprisiona mis rodillas, esperaba que la fuerza del dolor que me dejaste, ayudase para liberarme. He manchado la almohada montones de veces, he abierto la ventana por si las alas de mi deseo decidiesen arañar mi carne para dejarme ser ángel. Porque como bien sabias, siempre he soñado con ser gaviota, y ese puerto del cual me enamoré, está lejos. Ayer fui a visitarte, el nicho seguía resplandeciente, pero las flores que lo adornaban estaban secas, ahora sé que también ellas saben llorar. Una paloma vigilaba tu lugar, cuando alzó el vuelo, todo quedó en silencio, como si nunca hubieses existido. Entonces morí de nuevo, y creí que me atragantaría con mis propias lágrimas, porque siempre tendré bastantes para ti. La imagen de tus manos acariciando las mías me vino a la mente, supongo que la huella de tus dedos jamás se irá. Por un momento, quise romper el nicho para tocarte de nuevo, y un pequeño temor me invadió, porque creo que sigo sin estar preparada por lo que pueda ver, o darme cuenta de lo que será mi vida ahora que tu no estas en ella, nada ni nadie podrá llenar ese vacío que dejaste.

Hoy cuando la noche se apiade del cielo y de estas paredes que se tornan húmedas, me levantaré para llenar el vaso que dejé a tu lado, tal vez las esperanzas que murieron contigo aprendan a recobrar vida para que pueda beber de su dulce nostalgia.

A ti, siempre.

1 comentario:

  1. Dulce Sara, me pusiste el bello de punta. Y una no está preparada para cosas tan hondas cuando aún es tan recientes las vacaciones, el tiempo del estío y la frivolidad. Querida Sara, veo por tu perfil que eres muy joven pero ya escribes como tantos mayores largamente experimentados en sufrimientos. Haz el favor de recordar con nostalgia a los seres queridos, pero evita el dolor que, a la larga, hiere demasiado el alma.

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