miércoles, 13 de julio de 2011


A Jorge.


Han abierto el otro establecimiento, y se te echa en falta, no es fácil convivir con el peso del tiempo. Al fin y al cabo, elegiste la luna, ahora tus párpados no pueden abrirse. Me contaron que sigues atado a la almohada, que ese hospital hace de tu casa, no imagino verte respirar a través de un tubo. Tú, que eras el que decía que la vida estaba hecha para vivirla, que aun quedaban capítulos para el próximo viaje, y fíjate, no te dio tiempo a hacer la maleta, un billete de ida sin vuelta. La última vez que vi tu mesa vacía fue un martes, parecía mentira que tu ausencia se escapase por las paredes, y esa puerta que aun tenia la huella de tu pulgar yacía cerrada, escondiendo lo que significaste allí dentro. No te preocupes, no limpié tu huella, tampoco fregué el suelo, quería mantener intacto todo como lo dejaste. Desovillé ese nudo que me estrangulaba la garganta y las manos, limpié la habitación, solamente había una estantería vacía, un bolígrafo huérfano de su papel, un ordenador que dejó de funcionar, y que dentro, tenia tus cosas, tú música, aquella que acompañaba tu semana y que, a veces, me enseñabas con deleite. Y esa piedra extraña que encontraste en la calle y la convertiste en tu amuleto, la cogí y me sorprendió que estuviese tan fría, parece ser que también te echa de menos. Te hablé por última vez, sin importarme abrir el corazón a una simple habitación, te imaginé sentado, con las piernas cruzadas, sonriéndome cuando te contaba mis anécdotas del fin de semana y de la última canción que había sonado en mi mp4 y que quizá a ti te gustaría escuchar conmigo. También extrañé hablarte de libros, los dos éramos dos barcos de papel naufragando entre olas de romanticismo, cogias mis recomendaciones y prometías leerlo pronto, para enfrascarnos en una conversación distinta, sin importarnos que el sol se colase entre las persianas, ni esa hora intempestiva que el reloj solía advertirnos. La última vez que te vi yo tenia una cita con las prisas, nos miramos, una sonrisa, sin saber que fuese la última, bajé esas escaleras corriendo, como siempre. El eco de tu voz resonó en el rellano:

-Hasta mañana amiga.

Dibujé una afirmación y te contesté:

-Hasta luego amigo, mañana será otro día.

Es curioso como los acontecimientos urgieron de golpe, tu abrigo fue la soledad, y eso que creia que dentro de ti era verano. En las cuencas de tus ojos jamás atisbé algun resquicio de tristeza o pesadumbre, eso te hacia especial, siempre hacias bailar tus púpilas en cualquier momento del dia. Quisiera decirte lo que pasó después y también que hubieses vivido conmigo esa transformación que nos regala la vida junto a sus pequeños atajos. Pero te sigo hablando en ocasiones, el pasado siempre estará escondido en esa esquina, aunque la persiana de tu habitación se cerró hace mucho tiempo, aun sigo imaginando que estás allí dentro, escuchando Hold my hand de Michael jackson y comiendo una pizza, esperando a que yo viniese para ordenar todo y enfrascarnos de nuevo en temas de todo tipo. Desde aqui te mandaré un hasta siempre, pues es de lo que dependemos ahora.

3 comentarios:

  1. Me ha encantado guapa, hacía tiempo que no me pasaba por tu espacio. Un besito.

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  2. Una prosa muy poética, casi afectada, aunque fluida e interesante.
    Ya que te he leído te dejo el comentario.

    Encantado.

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