martes, 3 de mayo de 2011





Anoche me envolvieron brazos de cristal,
ese lobo que me condenaba a largas noches de vigilia,
mordió mi corazón,
lo convirtió en pedazos.

Apenas hubo sangre,
solo un agujero vacío,
un leve llanto apretó mi garganta sin compasión,
fui estrangulada por mi propio dolor.

El alba acarició mi piel,
no fue cuando desperté
cuando me di cuenta de que esos brazos,
eran los míos propios.

1 comentario:

  1. El alba desdibuja besos y abrazos que nunca han sido. O que han sido pero que ya sólo perviven en las líneas indescifrables de la memoria de una piel.

    La belleza duele.

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