viernes, 22 de abril de 2011



Recuérdame después de haberme ido cuando, bajo la tierra silenciosa no me alcance tu mano temblorosa ni pueda desandar lo recorrido. Recuérdame sin más cuando perdido el sueño que soñaste, cual la rosa, se deshoje, pues ya ninguna cosa, promesa o ruego, llegará a mi oído. Mas si me olvidas por un tiempo, amado, al reparar en ello no te aflijas. Si la muerte y los vermes han dejado algún vestigio de mi pensamiento, prefiero que me olvides si contento estás a que me evoques y te aflijas.

Christina Rossetti.

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