martes, 26 de abril de 2011

Anoche.






Anoche tiré todos los relojes,




cobraron vida, me asusté,




el constante recorrido de la aguja




enmarcaba mi locura por segundos.








Las prímulas que me regalaste un día,




siguen ahí, deslumbrando la habitación,




haciendo pedazos los sueños que tuve despierta,




frente a la ventana, el mar,




la brisa acaricia mi piel,




el mar hace de mi amante cuando tú no puedes hacerlo.








Enterré mis ilusiones en un gran vergel,




allí solo acaban los surrealistas,




libé mi propia alma,




quedé en huesos,




quizá me volví loca, no lo sé.








Anoche burlé al tiempo,




los recuerdos arañaban mis ojos,




esa tormenta fébril me hizo débil de nuevo,




solamente este gato orondo me hizo compañia,




sus ojos me recuerdan a los tuyos,




fíjate, hasta en él te busco.








Desplegué el sillón que hay en la salita,




he dejado la cama abandonada,




estoy cansada de que se burle de mí,




las sábanas empiezan a volverse amarillas,




pero no me importa,




intento hallar una pizca de ti ahí,




entre almohodones y colchas.








Me converti en una persona dogmática,




irrisoria, austera,




entretanto seguiré viviendo sin relojes,




quizá el tiempo consiga ser efímero.

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