martes, 8 de febrero de 2011

La esperanza del mimo.



Se pintó de blanco para ocultar lo que verdaderamente ocultaba su alma, una poesía muerta que nació en los suburbios de Madrid. Dibujó dos afiladas lágrimas que caían por sus ojos, sus labios ilustraron en mitad, un corazón negro. Adornó su cabeza con un sombrero negro imitación a Charles Chaplin. Pasaba las horas muertas en los rincones de la gran ciudad, madrugadas para despertar esperanzas, dibujando sonrisas a los demás, creando fantasías con las manos, haciendo reír, pero como siempre, la noche se hacia larga, entre cartones y botellas, descansaba su sueño. Fué un día de lluvia cuando la vio, pintada por igual de blanco, con unas largas pestañas, haciendo armonía con el azul de sus pupilas, y un corazón negro reposando sobre sus labios de muñeca. Llevaba puesta una camisa de rayas, una falda que dejaba entrever unas huesudas rodillas, unos gordos calcetines subian por el tobillo, y unas converse blancas y negras hacian juego con la camisa. No hicieron falta palabras, se habian encontrado, una mitad, algo que les hacia falta. Entre alegrias, aplausos y divertimento, compartieron algo más que una distracción, comprendieron el significado de la compañia, el calor de una persona, charlas hasta la madrugada, secretos escondidos, escupidos cuando la garganta se oprimia. La chica no tardó en ensuciarse los calcetines, ni tampoco romperlos, y aquel rostro de porcelana adquirió un tono violáceo, el hambre la estaba matando. No alcanzaban lo suficiente para alimentarse, el sombrero empezaba a llenarse de hormigas, todo se volvió gris, austero. La luz llegó cuando el corazón se le moria, la voz de la esperanza, la lucha, la chica yacía exhausta, frágil entre sus brazos, era la hora de cambiar, de hacer algo, de ser alguien. Levantó cabeza y consiguió reunir la fuerza necesaria para que los bolsillos de su peto se llenasen, la gente empezó a hablar de él, no todo estaba perdido. La chica se recuperó y entre ellos la tácita promesa que ataron con las manos, el camino de la nueva vida les esperaba desde el otro lado de Madrid.

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